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CNA Convivencia Nacional de Adolescentes
1 al 6 de agosto de 2006 TESTIMONIOS
JAVI P. La primera semana de agosto fui a un campamento para adolescentes, como la mayoría éramos conocidos y amigos creí que iba a ser lo de siempre, es decir, que íbamos a ser “los dueños de la situación”. Y al llegar allí, no sé, fue como que nos comieron porque eran ellos los que estaban más alegres, los que hacían las bromas… y todos nosotros como que nos asustamos. Pero bueno, se superó pronto puesto que los monitores y todos los demás eran muy simpáticos y nos ofrecían confianza, yo pensé, por eso, que los acampados eran chicos normales y que hacían las mismas cosas que nosotros. A los dos días -el 3 de Agosto- tuvimos una asamblea de oración, yo, la verdad, no sabía qué era eso, comenzamos la asamblea y yo sentía una fuerza muy grande, porque veías a todos cantándole, alabándole… pero lo que más me impresionó fue, que los propios acampados, los que creí que eran como nosotros, se pusieron a orar por nosotros, a nuestro lado, nos ponían las manos en la cabeza, y hablaban con el Señor de mí, ¡usando mi nombre!, eso para mí era algo que, no sé, ni si quiera se me había pasado por la cabeza, que alguien le estuviera hablando de mí a Él, y que le estuviera pidiendo que entrara en mi vida, el que siempre había estado presente en la vida de nuestros padres y abuelos, o eso decían, y aquél al que veía únicamente los domingos en misa en el sagrario, y ese mismo fue el que, un 3 de Agosto se presentó en mi vida, y haciéndose un hueco en mi corazón, está conmigo y me cuida. Y me di cuenta de que la alegría y las bromas del principio que hacían ellos, no eran suyas, sino Suyas, que Él era la causa de su alegría. DAVID C. A mí el campamento me gustó mucho. Hubo de todo: juegos, concierto, enseñanzas, testimonios, asambleas de oración… Un jueves por la tarde tuvimos una asamblea de oración; cuando empezó tuvimos un rato de alabanza, todos estaban cantando y bailando, pero yo no. Yo estaba tirado en una pared esperando a que acabase, pero llegó un momento de oración por los demás e Ireneo (un monitor) nos dijo una cosa que a mí me chocó un poco; dijo que, cuando el Señor nos estuviese hablando, dijésemos: “Habla, Señor, que tu siervo escucha”. En ese momento yo me senté y pronuncié esa frase. Tuve una visión: en ella aparecía un hombre que me decía que me acercase; yo me acerqué y me dio un abrazo, y me dijo que me quería mucho. Yo comencé a llorar y a darle gracias, después vino gente a rezar por mí y Sara (otra monitora), me dio un pasaje de la Biblia que me llegó mucho. Al día siguiente fuimos al concierto. Oso (un monitor) nos contó su testimonio y a mí me sentí especialmente identificado, porque era muy parecido a lo que me había pasado a mí este año, pero en diferentes cosas. Cuando estábamos yendo hacía el concierto, Claire me dijo que le contase a Oso lo que me había pasado ese año, porque me podría ayudar. Así que en el bus se lo conté y me sentí mejor; me dijo que me quitase todas mis máscaras y mi timidez y que fuese yo mismo y que me divirtiese... y lo hice. ¡Fue lo mejor que me pudo pasar. DANI R. En general, en el campamento me lo pasé muy bien y las oraciones no se me hacían pesadas; totalmente al contrario. También con mis amigos lo pasé muy bien, y estaba mucho más cerca de ellos, apoyándoles, dándoles ánimos y muchas cosas más. Además, mis amigos se portaron muy bien conmigo; cosa que me gustó mucho. Luego estaban los monitores, gente muy maja y muy abierta a nosotros, con los que se compartían muchas cosas y aprendí mucho de ellos. Es decir, el campamento estuvo fenomenal. El tercer día, cuando ya había conocido mejor a todos, los monitores nos dijeron que íbamos a hacer una asamblea de oración. Cuando lo dijeron pensé que iba a ser un poco rollo, pero cuando un monitor me habló de todas las asambleas a las que él había ido me fui interesando mucho más. Aquel día fue muy especial para mí, además de que era mi cumpleaños, porque me acerqué mucho más a Dios, y era la primera vez que me pasaba. LAURA C. Cuando empezó el verano, ya sabía que en Agosto iba a ir a un campamento cristiano; pensaba que iba a ser igual que el retiro de familias, pero sin los padres. Al empezar el campamento todo iba bien: los monitores eran jóvenes y nos llevábamos genial con ellos, hacíamos juegos de todo tipo, las enseñanzas me gustaban... Pero, un día, en el que estaba dando testimonio María, sentí que lo que estaba pasando en mi vida era muy parecido a lo que le había pasado a ella y, sin saber por qué, me entraron muchas ganas de llorar. De todos modos, aguanté hasta que terminó de contar su testimonio. Al terminarlo, salí de la habitación llorando y, evitando que alguien me viese, me fui al baño y allí estuve hasta que cesaron las lágrimas. Sabía que había empezado la asamblea de oración, pero aún así fui hacia el cuarto, porque no quería que nadie me encontrase así. Al salir al pasillo, Claire (que era otra de las monitoras), me vio y me preguntó qué me pasaba. Yo, que seguía medio llorando, le conté todo lo que me pasaba en esos momentos y todos mis problemas. Ella me estuvo ayudando, y cuando terminamos de hablar me propuso que orásemos, primero ella por mí y después las dos juntas. Al terminar nos fuimos a la asamblea de oración y nada más entrar vi a la mitad de la gente sentados en el suelo, llorando; y a los demás de pie, orando. Al ver esto me vino a la cabeza una de las peticiones que había hecho hace un momento orando con Claire: que el Señor tocase los corazones de las personas que estábamos en el campamento, igual que lo había hecho conmigo. Sentí que el Señor había cumplido esa petición. Después de entrar me dijeron que fuese a coger un papelito y que orarían por mí. Cuando estuve allí, alguien que estaba rezando por mí me dijo que el Señor le decía estas palabras: que podía dar un paso hacia el vacío, hacia delante; que Él me sostendría... Yo sentí que Dios me decía eso porque yo llevaba mucho tiempo queriendo rezar en alto y levantar las manos, pero nunca me atrevía. Después de eso, al volver a mi sitio, vi el papelito que me habían dado y todavía me sentí mucho más querida por el Señor, porque el papel decía: “La sangre de Cristo cura toda herida del pasado”. Supe que se estaba refiriendo a varias cosas que me habían pasado hace tiempo, que aún me seguían doliendo; y sentí que todo eso se podía curar. Después me fui atrás a orar. Cuando vinieron dos monitoras a rezar por mí y me dieron una Palabra para leer, fue cuando ya supe que no me podía sentir más querida... ¡¡¡El Señor me quería a pesar de todo y me perdonaba sin condiciones!!! Me daba gente con la que compartir mi Fe y, sobre todo, lo más importante, ¡siempre estaba conmigo! A partir de ese momento podía vivir las oraciones y las enseñanzas me llegaban más porque el Señor había actuado en mí. ALBA Era el tercer día de campamento; en los días anteriores lo había pasado muy bien, había conocido a gente nueva de mi edad y los monitores eran muy simpáticos y divertidos. Sin embargo, ese día fue especial para mí, aparte de que era el día del cumpleaños de mi hermano, fue le día en el que de verdad sentí a Dios y me transformé. Esa tarde no íbamos a hacer juegos como en las anteriores; Dios había planeado para nosotros una asamblea de oración. Era la primera vez que iba a una y al principio no me apetecía mucho. Empezamos con unos cantos que me llegaron muy adentro y empecé a llorar, porque sentía a Dios; después nos explicaron que teníamos que ir a coger un papelito con la forma de una gota de sangre de Cristo, mientras una persona rezaría por nosotros. Al ir a recoger el papel, la persona que estaba rezando por mí me dijo que yo me tenía que abrir más a Dios, porque Él estaba deseando ofrecerme su amor y me dijo que Él siempre estaba conmigo y que confiase en Él. Luego volví a mi sitio, y como no me sentía capaz de leer lo que ponía en el papel por la emoción, continué rezando. Cuando ya terminó todo, lo leí: " La sangre de Cristo te limpia de toda tristeza", y sentí que ese papel estaba escrito para mí. Me di cuenta de que los monitores me habían ayudado mucho a acercarme a Dios; gracias a las dos asambleas de oración que hicimos; gracias a las canciones y las oraciones, que ahora las siento mucho más; gracias a los juegos, que a la vez que nos divertían nos inculcaban valores cristianos; gracias a sus propios testimonios, con los que además de ver otras realidades aprendí muchas cosas para la vida; y, por último, gracias a todas las enseñanzas, que me ayudaron mucho. La enseñanza sobre la amistad fue la que más me llegó; porque yo, en los ratos de oración, le pedía a Dios que me ayudase a abrirme más a Él y también a las personas; y sé que me escuchó, porque me sentía mucho más unida a todos y más querida, y me empecé a llevar mejor con personas que ya conocía pero con las que, antes de la convivencia, no había tenido tanta relación. |