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EL DISFRAZ DEL PRIMER DISPARATE
“Más veces descubrimos nuestra sabiduría con nuestros disparates que con nuestra ilustración.” Oscar Wilde. EL DISPARATE FRUSTRADO DE NUESTRO SER “Tuve miedo –dice el texto bíblico- porque estaba desnudo, y me escondí...” Y en el escondite de la vida, por el miedo, como en los niños, se hace el hombre máscara de sí mismo. Entonces, llega, por tan extremada pasión viva, a querer enmascararse, esconderse de sí mismo en el disfraz trágico de la muerte, y hallándose desnudo, en lugar de vestirse, quiere, disparatadamente, desnudarse más todavía, y se descansa, se suicida, afanoso de verificarse en la inmortalidad viva, disparatada, de la muerte. “Si bien nos se puede decir –escribe Ramón Gómez de la Serna- sin ser un insensato, que el mundo es un disparate, el pensamiento del hombre y el alma humana son unos puros disparates”. Lo profundo, en nosotros, es el disparate. Cuando ahondamos en nosotros mismos, encontramos siempre ese disparate frustrado de nuestro ser: el que debió haber sido nuestra vida o lo que debió haber sido nuestra vida y, por una razón o por otra, por razones tontas, por tonterías, hemos ido enterrando invisiblemente, de los errores que cometemos, algo así como el remordimiento de los disparates que parece el despojo de un disparate muerto. Toda la conducta de la vida se nos figura, entonces, ese resto mortal, esa huella disparatada de nuestro paso, como la de la camisa de la serpiente. De la serpiente infeliz que cambia de opinión como nosotros: cambando de camisa. Y es que como dijo disparatadamente San Agustín, en cada uno de nosotros vive un Adán, una Eva y una serpiente. Todos tenemos que vivir cumpliendo disparatadamente la pérdida del Paraíso. Todos tenemos que tragamos el disparate original de la discordante manzana. Porque el disparate es el hombre mismo. Somos un disparate divino. Y el que lo seamos para perdernos o no, es el misterio de nuestra predestinación: el de la divina puntería. Entre tanto, vivimos disparatadamente, aunque no queramos o no lo creamos. Por eso nos dijo en estupendo disparate Calderón que: “el delito mayor / del hombre es haber nacido”. Haber nacido disparado, disparatado, dejado de la mano de Dios: lanzado por ella. Lanzado, echado del Paraíso. Desde que nacemos, nace y vive con nosotros, nos acompaña siempre, como el fantasma fraternal de Musset, ese otro y disparatado que de cuando en cuando se nos aparece, pareciéndome como un hermano. El disparate humano que somos en nuestro gemelo del alma; si no es, o se nos hace, a veces nuestra misma alma. Que así, en las postrimerías mortales del carnavalesco disparadero de nuestra vida, todos llevamos en la frente una cruz de ceniza, un memento homo, que nos dice: recuerda hombre que eres disparate y en disparate te has de convertir. Y como dijo el poeta: “Y nadie busque mi disparate / perdido en un cementerio, / porque mi disparate estará / muy lejos, en otra parte”. Francisco Arias Solis e-mail: aarias@arrakis.es URL: http://www.arrakis.es/~aarias La paz pide una oportunidad. Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL: http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm Gracias. |