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LA VASCONIA DE LAS CUATRO CASTAS

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Viejo 26/Feb/05, 17:05
patxi_arroeta
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Fecha de ingreso: 19/Sep/05
Mensajes: 191
Predeterminado LA VASCONIA DE LAS CUATRO CASTAS

La India tradicional –que en parte todavía subsiste a pesar del galopante desarrollo económico y cultural- estaba dividida en cuatro castas principales o “varnas”, cuyo significado de “color” ya nos indica que la separación de la sociedad en cuatro grupos estancos tiene su origen en la diversa procedencia étnica de los habitantes de tan inmenso país.

En efecto, la teoría más aceptada es que la segregación de la sociedad india en cuatro castas tuvo lugar a lo largo del proceso de consolidación de diversos grupos étnicos sobre el solar indio, que comenzó, básicamente y simplificando, con la conquista por los invasores arios de piel blanca a principios del segundo milenio A. C. de un territorio habitado por los drávidas de piel oscura. Sobre una gran masa de aborígenes morenos se instaló una oligarquía blanca. Y así a lo largo del tiempo, los avatares de procesos de mestizaje o de apartheid racista –lo que ahora denominan los seudoprogres posmodernos sin saberlo como multiculturalismo- conformaron las cuatro castas principales.

La superior, la de piel inmaculadamente blanca era la de los “brahmines” o conjunto de sacerdotes y sabios en general. Ellos interpretaban a Dios y por lo tanto detentaban el poder real en la cúspide de la pirámide social. Le seguía inmediatamente la casta también pura de los “ksatriyas” o guerreros, que constituían el estamento de la nobleza y poder político en general. Ambas castas dominantes procedían de la “raza pura” aria, y a pesar de su minoritaria dimensión, detentaban el poder gracias a su hegemonía sobre los demás sectores sociales por medio del dominio de las mentes (rol de los sacerdotes) y de los cuerpos (papel de los guerreros).

A continuación en el escalafón social venía la casta de los “vaisyas”, conjunto de mercaderes y artesanos, cuya piel algo más oscura denotaba su origen mestizo en diverso grado. Y por último tenemos la casta de los “sudras”, los peones, braceros y siervos, la plebe de piel de color oscuro y de origen mayoritariamente no ario, pero que se había integrado en la jerarquía social instituida por los conquistadores arios. Fuera de la sociedad quedaron los “intocables”, gentes indígenas en estado prácticamente salvaje.

Pues bien, esta estratificación social, mezcla en diversas proporciones de etnias y clases sociales, sin duda tuvo alguna relación con la conocida en Europa durante la milenaria Edad Media, donde los estamentos del clero, la nobleza y el pueblo dibujaron la pirámide social. Pero todo aquello acabó con la Ilustración y las revoluciones inglesa, americana y francesa. La Modernidad fundó el Estado como “nación política” o conjunto de ciudadanos libres e iguales, auténticos átomos libres del cuerpo social, sin órganos o tejidos intermedios que clasificaran dichos átomos en castas o clases o tribus.

Los nacionalismos étnicos pretenden volver al Antiguo Régimen, donde el concepto de nación étnica y su “volksgeist” o espíritu nacional prevalecen sobre los derechos de los individuos, y así vio la luz el nacionalismo vasco fundado por Sabino Arana, de origen racista e integrista católico, el nazismo de Hitler y sus teóricos de la raza aria y neopaganismo, y tantos otros que han ido surgiendo después, aunque bien cuidándose de sustituir el fundamento de exclusión biológico de la raza por el más presentable del cultural o lingüístico, pero siempre en definitiva étnico.

Y henos aquí, en Vasconia, donde todavía resuenan los combates de los tradicionalistas anti-democráticos y pre-modernos en forma de carlistas durante todo el siglo XIX, y de nacionalistas en el pasado siglo XX y comienzos de éste. De alguna forma –tan sólo metafórica- podemos ver la sociedad vasca dividida en cuatro castas virtuales, donde ya no predomina la pertenencia racial o cultural, sino simplemente ideológica.

En primer lugar tenemos a los vascos-vascos, a los vascos puros, a los “brahmines” de una religión política como es el nacionalismo del PNV de corte conservador y nacional-católico, que tuvo su nacimiento en el integrismo religioso de una Iglesia vasca que se había defendido contra la Modernidad individualista y libre, primeramente a través del carlismo, y que luego encontró en el nacionalismo el vehículo ideal para dominar las mentes de los ciudadanos.

Pero en seguida apareció de forma indefectible una segunda casta, también de vascos-vascos, de vascos puros, los “ksatriyas” o guerreros que defendían incluso con violencia los privilegios social-étnicos. Siempre hubo dentro del PNV sectores violentos, y siempre surgieron diversas escisiones de nacionalistas que trataban de dominar los cuerpos de los ciudadanos, haciendo tenaza con el dominio de las mentes por los “brahmines”. La existencia de ETA ha llevado hasta nuestros días la evidencia de esta segunda casta de “ksatriyas” vascos.

Existe una tercera casta de “ideología mestiza”, los “vaisyas” vascos, que, aunque sometidos al poder de las dos castas superiores, prefieren apostar por su subordinación a ellas y sobrevivir de rodillas, ante la posibilidad de morir de pie. Son gentes que se manifiestan como apolíticas, pero que últimamente han tomado el poder en un partido a la deriva. La opción política de estos “vaisyas” vascos sería el PSE de López, Eguiguren y compañía.

Y por último tenemos la casta inferior, la de los vascos-no-vascos, la de los perseguidos, extorsionados y asesinables, la de los “sudras” vascos. La casta cuya ideología moderna y democrática aparece oscura a los ojos de los vascos puros de la Euskal Herria paleolítica. Son los ciudadanos que se rebelan contra el etnicismo vasco, y que optan por el PP y por los socialistas que fueron echados de la dirección del PSE por orden de Zapatero con la defenestración de Nicolás Redondo. María San Gil y Maite Pagazaurtundua, dos mujeres intrépidas a las que les ha salpicado la sangre muy de cerca, entre otros muchos valientes, serían sus iconos paradigmáticos.

En la India actual se han disminuido mucho las diferencias entre las castas, teóricamente prohibidas por la constitución, gracias al progreso de influencia occidental, pero sin duda todavía quedan rescoldos importantes de apartheid. También para nuestra Vasconia sólo el avance del desarrollo civilizatorio, ilustrado, educativo y cultural nos permite tener alguna esperanza, aunque sea a largo plazo.

Pero bueno será recordar conocidas historias como la lucha por el predominio entre los “brahmines” y los “ksatriyas”, lo que dio lugar al curioso forcejeo religioso entre un hinduismo nacido de los primeros y un budismo originado entre los segundos. O el patético asalto al poder de los mestizos “vaisyas” con Gandhi a la cabeza en los tiempos contemporáneos, que consiguió la independencia del imperio británico al precio de dividir de forma irreparable India en dos Estados separados y enemistados por su religión, la India hinduista a un lado, el Pakistán musulmán al otro; su nacionalismo basado en el hinduismo no le evitó ser asesinado por un “brahmín” fanático.

Saludos de Patxi Arroeta.
Lee mis artículos de opinión de “La Vasconia de las Luces” en:
http://arroeta.pitas.com
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