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Viejo 15/Apr/06, 01:01
eurico
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Fecha de ingreso: 21/Mar/06
Localización: Madrid
Mensajes: 83
Predeterminado ¿Que conclusiones podemos sacar de todo esto?

Primero, que contrario a lo que los socialistas han propagado durante décadas después de la conclusión de la Guerra Civil, y siguen propagando, la derecha parlamentaria de la República, principalmente la CEDA, acató siempre escrupulosamente la constitución, por mucho que hubieran votado en contra de la misma.

Segundo, que la Guerra Civil fue tan culpa del ala más radical y revolucionario del PSOE que del estamento militar.

Se hubiera podido evitar mucha manipulación popular y mucha lucha dialéctica innecesaria, si en el año 75 el PSOE se hubiera declarado heredero no de Largo Caballero, sino de Prieto y Besteiro y hasta de la izquierda no-marxista, o sea, de Azaña.

Pero no, el PSOE hizo justamente lo contrario; aprovechándose del desconocimiento general sobre la Guerra Civil por parte de las generaciones más jóvenes, elevó a Largo Caballero a los altares (sic) especialmente a partir del 82.

Mientras que retiraban de una parte las estatuas de Franco (con toda razón) cometieron, por otra parte, el despropósito de inaugurar monumentos a la memoria de Largo Caballero; o sea, quitaban monumentos a un dictador para poner otros a un aspirante a dictador (el "Lenin" español) fracasado. (Los mismos rusos que le pusieron originalmente la etiqueta - sarcásticamente sin duda - conspiraron para que en mayo del 37 fuese sustituido como Presidente del Gobierno por el más doblegable Negrín)

Todo esto, como siempre, tenía su explicación; solamente convirtiendo los líderes socialistas de la República en santos varones, pudieron culpar a la derecha de todos los males de España. (Estas actitudes son muy frecuentes en la historia, una de las más divertidas es la tan habitual entre los hispanoamericanos- no las indígenas sino los criollos- de culpar a "los españoles" de todos los problemas del continente- ¡ya llevan 2 siglos de independencia!- olvidándose olímpicamente que los tan criticados conquistadores y los otros españoles que colonizaron el continente son sus propios antepasados y no los de los españoles actuales).

Los, más o menos, 80 jóvenes socialistas del interior que se presentaron en octubre del 74 en Suresnes para participar en el Congreso del PSOE, "supuestamente" en representación de los escasamente 2000 militantes en España ("supuestamente", porque nadie les había elegido para tal cometido), fueron todos universitarios (no hubo ningún obrero, excepto Redondo) con bastantes antecedentes franquistas y conversos recientes al socialismo. Felipe González había sido en los años 60 centurión de las juventudes falangistas; Alfonso Guerra, profesor de una Universidad Laboral, puesto para el cual se exigiría casi "limpieza de sangre" y "ser cristiano viejo"; Carmen Romero, que en los últimos años ha vituperado a tanta gente por antecedentes franquistas, es, ella misma, hija de un médico militar conocido por su adulación hacia Franco.

( No hay nada en contra de una rebelión generacional y de rechazar la ideología paterna, pero lo que no es de recibo es negar, por un lado, la posibilidad de que otros hayan podido recorrer el mismo camino y, por otro lado, tirar la piedra y esconder la mano).

Cuando Felipe González fue, sorprendentemente, elegido primer secretario (después secretario-general) al inhibirse Nicolás Redondo - probablemente por considerar que el PSOE iba a ser un mero apéndice de UGT - el PSOE cayó en manos de un grupo de jóvenes ambiciosos, más oportunistas que socialistas, y ávidos de poder.

El guión que siguieron a partir de aquel momento era- al mismo tiempo de ser bastante inmoral, dudosamente democrático e indudablemente oportunista- muy eficaz en términos generales.

Consistía básicamente en no dar agua al enemigo (y, como muchos verdaderos socialistas se han enterado a través de los años, muchas veces ni al "amigo") ni siquiera estando íntimamente de acuerdo con sus postulados.

Todo lo que no hubiera sido propuesto por el PSOE en primer lugar, era automáticamente anatema.

Vamos a recordar solamente algunas de las actitudes más típicas. Inmediatamente después de haber sido legalizado el PSOE se alineo con la ultraderecha y los militares más franquistas, oponiéndose fehacientemente a la legalización del PCE; o sea, la izquierda más apática contra el franquismo tratando de censurar a la más combativa, para asegurarse una ventaja desleal ante su principal contrincante en la izquierda.

Durante toda la transición González y Guerra (¡también Glez. por parte de madre!) no solamente se ensañaron a gusto con Adolfo Suárez, pero complicaron todo el periodo constitucional hasta tal punto que no solamente la constitución se pudiera haber terminado en un plazo inferior de tiempo, sino que se pudiera haber evitado muchas ambigüedades e imprecisiones en su redacción. (Pudiera ser el tema de una apasionante tesis doctoral comparar minuciosamente los cambios ambiguos forzados por el PSOE, y el aprovechamiento posterior de todas estas ambigüedades por el mismo cuando llegó al poder).

La manipulación no se aplicaba solamente al "enemigo" sino también al propio PSOE, porque no se puede llamar de otra forma a la dimisión de Felipe González como secretario general- por no haber logrado eliminar en el XXIX Congreso (mayo 1979) la etiqueta de "marxista" que había sido aprobado, en plena euforia felipista, en el XXVIII Congreso (1976)- y su sospechoso "auto-exilio".

Todos sabemos como se terminó el asunto: el partido se rindió frente a su líder "carismático" en un Congreso extraordinario.

En este Congreso no solamente se quitó el término "marxista" sino además González logró modificar los estatutos del partido y - quitando cualquier cauce a las minorías - abarcar todo el poder y rodearse exclusivamente con incondicionales acólitos (Francisco Bustelo: "La Izquierda imperfecta").

El resultado más divertido de todo este proceso fue la paradoja que, eliminando el marxismo, el partido terminó por adoptar el culto a la personalidad, una de las más características señas de identidad del leninismo/marxismo.

Otro ejemplo del oportunismo y la manipulación tan típico del PSOE y de su líder en esta época fue la entrada en la OTAN.

Cuando el gobierno de Calvo Sotelo negoció el asunto - parcialmente para impedir una futura repetición del 23F- pensó, ingenuamente, que contaría con el apoyo del PSOE. Craso error; González, Guerra y Javier Solana se daban cuenta que oponiéndose virulentamente pudieron - como así fue - aumentar su caudal de votos en las próximas elecciones con, más o menos, 2 millones de pacifistas

Que todo esto era otro ejemplo del engaño con que manipularon al electorado quedó demostrado cuando se convirtieron en abiertos defensores de la OTAN en el surrealista referéndum del año 86 y el todavía más surrealista - si cabe- nombramiento de Javier Solana como secretario general de la OTAN en 1995.

El autoritarismo tan propio del carácter de Felipe González mezclado con el culto a su personalidad por una parte y su consabida falta de interés para los asuntos de despacho por la otra, explica en gran parte las arbitrariedades, la corrupción galopante y el desprecio para el estado de derecho tan típico de sus gobiernos.

Cuándo finalmente los trapos sucios salieron a la luz, la reacción automática y visceral del personaje y sus secuaces (algunos en el fondo bastante más nefastos que él, los aduladores oportunistas siempre lo son) fue culpar primeramente a los mensajeros (¡ el sindicato del crimen!), y después a la oposición (desde Dobberman a ineptos y franquistas).

Tomaron muy mal la primera derrota electoral- para no hablar de la segunda cuando el PSOE bajo a los mismos niveles de 1979- como si considerasen la victoria electoral como su derecho natural.


La unidad del PSOE fue durante dos décadas - bajo el férreo control, más de Alfonso Guerra que de Felipe González - más aparente que real.

Una vez eliminado Guerra en el Congreso del 93 y las perdidas electorales posteriores, las divisiones inherentes se están manifestando cada vez más abiertamente.

En este momento hay 4 corrientes importantes que a la larga van a ser incompatibles.

1. Los liberales / libertarios (Zapatero y los suyos en Ferraz)

2. Los felipistas/oportunistas/autoritarios (González, Chaves, Almunia etc.
en Gobelas, un centro propagandístico con reminiscencias a "Goebbels")

3. Los guerristas (Guerra y los suyos en la Fundación Pablo Iglesias)

4. Los catalanistas del PSC (Maragall en Barcelona)

Estos cuatro grupos están en desacuerdo en casi todo menos en su oposición (todos), su resentimiento (muchos) y su odio (bastantes) hacia el Partido Popular. Si estos sentimientos negativos son bastante para aglutinarles esta por ver.
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