Un plan, dos planes y al corro de las patatas
Los nacionalistas están encantados con el PSOE oficial al que, en alguna medida, tiene como aliado desde el momento que NO LO ESTÁ con el PP.en el tema de frenar a los nazis. Mal asunto.
Veremos cómo es ese invento del «plan alternativo» del PSOE vasco en el que, con el margen que hay, hasta una hormiga tendría dificultades para hacer funambulismo.
> Concalma ha escrito:
> El pasado mes de julio un juzgado de Tolosa condenó a uno de los sujetos que habían intervenido en la agresión sufrida por Joseba Pagazaurtundua unos meses antes de que fuera asesinado.
> Más allá de la pena impuesta, lo relevante de esta sentencia es que en ella se establece que los agresores habían actuado movidos «por el ODIO» que, por razones ideológicas, sentían hacia los socialistas.
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> Probablemente sea ésta una de las pocas sentencias, si no la única, en la que se da por acreditado el ODIO como móvil de la violencia que practica un sector de la población vasca.
> Se trata de un odio homicida que lleva al asesinato del adversario, un odio que anida en no pocos de nuestros convecinos. A él alude también el reciente informe de la Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia, en el que esta institución expresa su preocupación por el «nacionalismo agresivo» que se registra en el País Vasco y por «la dimensión xenófoba y étnica» de los atentados de ETA.
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> Los bienpensantes se pueden consolar creyendo que ese odio se limita al sector social que apoya a ETA y que el resto de la ciudadanía está a salvo.
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> Podemos hacer como que no vimos aquel programa con cámara oculta en el que uno de los involuntarios participantes mostraba su odio no hacia los dirigentes políticos de fuera sino hacia personas como Mario Onaindía o Carlos Iturgaiz, vascos considerados traidores.
> Sin embargo, en los últimos años hemos vivido ya demasiados episodios que han puesto de relieve que nadie está a salvo del contagio del odio o, como mínimo, de un desafecto agresivo.
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> La manifestación tras el asesinato de Fernando Buesa, en Vitoria, los funerales por el ertzaina Iñaki Totorika, en Portugalete, o los de los últimos dos policías navarros asesinados, en Pamplona, evidencian que en colectivos importantes de buenos ciudadanos se han roto ya demasiadas cosas.
> Y encima, diferentes responsables políticos no han sabido estar a la altura de las circunstancias en estos casos.
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> Los actores de la vida pública hablan de estructuras y marcos, de cambios, reformas y rupturas, con la ligereza de quien se plantea montar y desmontar castillos de Lego.
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> El dogmatismo imperante hace execrables a quienes sostienen opiniones políticas diferentes. Al adversario no se le discuten los argumentos, se le fulmina con anatemas. Cada vez hay menos razonamientos y más sentencias ex cátedra en la tribuna política.
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> Estas actitudes calan en sectores de la ciudadanía ajenos al terrorismo y la convivencia se hace más difícil en lo personal.
> Las tensiones en las familias y en las cuadrillas no son invento de sociólogos. Mientras en el día a día se produce este deterioro de la convivencia, hay quien sólo se preocupa de organizar grandes superestructuras políticas para ordenar no se sabe qué convivencias, sin apreciar el deterioro acelerado que se está produciendo en las relaciones cotidianas de muchos habitantes de este país.
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> Florencio Domínguez, EL CORREO, 11/8/2003
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