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Por los años de 1366 concertábase el matrimonio del infante D. Luis de Evreux, conde Beaumont-le-Roger, hermano del rey de Navarra Carlos el Malo y lugarteniente suyo en el reino en sus ausencias, con Doña Juana de Sicilia, duquesa de Durazzo, hija de Carlos de Sicilia, de la rama de Anjou-Tarento, segundo duque de aquel estado, que también se llamaba reino de ALBANIA.
Mantúvose la dinastía angevina en aquel lejano territorio hasta 1368, en el que el albanés Carlos Topia se apoderó de Durazzo, cuando precisamente el casamiento de Luis de Evreux con la princesa Juana, ponía fin al débil gobierno de una mujer, empuñando sus riendas mano más vigorosa. Este príncipe, además, podía contar con el apoyo de su hermano el rey de Navarra, y hasta con el del Rey de Francia, que le había facilitado poco antes de su casamiento 50.000 ducados destinados a la guerra contra los Albaneses. Al tener noticia de la caída de la capital de su estado el infante de Navarra pensó seriamente en su conquista, y ya en 1372 se entendió con un cierto capitán e mercenarios, llamado Ingeram de Coincy, el cual se comprometió a alistar en la Gascuña, un escogido cuerpo de quinientas lanzas y quinientos arqueros de a caballo, para dirigirse a la conquista del Regnun Albanie contra Carlos Topia y Jorge Balsic. A este reclutamiento que podemos considerar como el más numeroso, pero no principal núcleo de la futura Compañía navarra, siguieron otros en años sucesivos, hechos principalmente en su misma tierra de origen. Desde 1374 hasta muy entrada la primavera de 1376, no cesan los preparativos de dineros pedidos por el rey a los recibidores, bailes y merinos de las montañas de la Ribera, de Olite, Sangüesa, Ultrapuerto, Tudela y Berbizana. El rey de Navarra quiso contribuir asimismo por su parte a esta empresa, con 100 hombres de armas. No insistimos en este punto, ni daremos aquí cuenta de los nombres de todos los caballeros navarros y gascones que tomaron parte en el alistamiento -algunos de los cuales se hicieron más tarde famosos en en los anales de la Grecia medioeval-, ni de los contingentes, con que se alistaron, por haber tratado ya de ello ampliamente, en nuestro primer ensayo histórico, antes mencionado . Las gentes reclutadas en Navarra se embarcaron en Tortosa entre el mes de febrero de 1375 y el de junio de 1376. Es de suponer que estos refuerzos llegarían tarde a la Albania, cuando el infante D. Luis se encontraba empeñado en la guerra -sino es que ya nohabía sucumbido en ella- para la reconquista de su Principado. Nada sabemos de esta lucha, sino que en ella perdió la vida aquel heroico caudillo, hecho que debió de acaecer a mediados de 1376, como quiera que ya en este mismo año había llegado la noticia de su muerte a conocimiento del rey de Navarra, el cual se tomó por cierto más interés en la expedición de sus naturales a Oriente, que nuestro Jaime II de Aragón por la de la famosa Compañía Catalana. En lo que no cabe duda alguna es en que la Compañía navarra, a las órdenes de D. Luis de Evreux, logró arrancar a Durazzo del poder de los Albaneses. Los Navarros en Durazzo Cerca de tres años permanecieron los Navarros en la entonces empobrecida pero estratégica capital de la Albania, a la cual además hacían malsana los numerosos pantanos que la rodeaban. La situación en que quedaron, y la insegura suerte a que les condenaba su alejamiento de la metrópoli, no podían ser de su agrado, sobre todo desde que la duquesa viuda de Durazzo, su soberana, poco después de la muerte de su primer esposo, D. Luis Evreux, contrajera nuevas nupcias con Roberto, duque de Artois. Con la muerte de su caudillo el infante D. Luis, y con el nuevo enlace de su antigua señora Doña Juana de Durazzo, es natural que los Navarros se consideraran desligados de todo compromiso de fidelidad para con ella, y que comenzasen a pensar seriamente en su difícil y embarazosa situación, en un todo semejante a la que se había hallado a principios de aquel siglo la Compañía Catalana, en Casandria, cuando la muerte y desaparición de todos sus jefes. Los Navarros ofrecen sus servicios a Pedro IV. Desamparados en tan lejanas tierras y sin recursos para regresar a la propia, pensaron entonces en ofrecer sus servicios al rey Pedro IV de Aragón, que tan benévolo fué con ellos cuando emprendieron su atrevida odisea. Este proyecto les permitía acariciar la idea de un más pronto regreso a sus hogares. Tuvo lugar este hecho en el mes de Junio de 1377. El monarca catalán contestó a los jefes de la Compañía, que estaba dispuesto a trasladarles a sus estados, y aceptar sus servicios, una vez obtenida la natural licencia de su soberano legítimo el rey de Navarra, al cual pedía al mismo tiempo que les enviara dos buenos buques. Mas para ello, añadía en su contestación a los caudillos navarros, era necesario también que llevasen consigo sus caballos y sus navíos propios, de los cuales habían buen cumplimiento. Tomó una parte muy activa en estas negociaciones, además del enviado de los Navarros Martín de Xalets, el conde de Ampurias, primo del rey aragonés. Los caudillos de la Compañía navarra. Estas negociacionies se gestionaron en nombre de cuatro caudillos de la Compañía, que, al quedar acéfala, es probable fueran designados para gobernarla, viniendo a constituirse en una especie de República militar autónoma, como en caso parecido, después de la prisión de su último caudillo, Bernardo de Rocafort, lo hizo la Compañía catalana. Estos cuatro caudillos eran por el orden en que en el documento aparecen designados, Mossen Pedro de la Saga, Mahiot de Coquerel, camarlengos del rey de Navarra, Juan de Urtubia y Guarro. Estos dos últimos ostentan el título de escudeors, o de bailets de cambra como se les llama también en los documentos del Archivo de Pamplona. En los registros de alistamiento, Mosen P. de la Saga, o Pierres de Lassaga, o de Laxaga, como se le denomina en otros testimonios diplomáticos posteriores, lleva el título de caballero, y también el de camarlengo, y fué el designado por el infante D. Luis para ir expresamente a Navarra, con objeto de reclutar gentes de armas de socorro para su campaña de la Albania. Los nombres de estos cuatro caudillos nos afirman en la idea de que las huestes que pasaron directamente desde Navarra en 1376, fueron las que constituyeron el núcleo principal o nacional, por decirlo así, de la Compañía, y las que, prevalecieron largo tiempo sobre los elementos heterogéneos de distinta procedencia, ya gascona, ya francesa o italiana, que más tarde aparecen preponderantes en el reparto de los feudos de la Morea. En esta ocasión hacen su primera aparición histórica en el escenario del Oriente, como jefes de la Compañía navarra, los que han de ser en él sus principales caudillos a saber; Juan de Urtubia y Mahiot de Coquerel. LOS NAVARROS EN LA MOREA Fracaso de las negociaciones con Don Pedro IV. Los Navarros son invitados a pasar a la Morea. La historia enmudece en el momento mismo de iniciarse las anteriores negociaciones de los mencionado jefes de las bandas navarras con el rey Ceremonioso. Que no alcanzaron el resultado apetecido, bien claro lo muestran los confusos e inesperados hechos posteriores que nos las presentan, no ya en su primer campo de combate de Durazzo, sino bien lejos de él; en la Morea o GRECIA peninsular, sin que podamos explicarnos el motivo de tan repentino cambio de dirección. No fué éste como pudiera juzgarse a primera vista, el que aquellas huestes, poco antes vencedoras, fueran expulsadas por los Albaneses de la reconquistada ciudad de Durazzo; ya que el segundo esposo de la duquesa Juana de Durazzo -viudad del infante de Navarra-, el duque Roberto de Artois, todavía estaba en posesión de la ciudad en el año 1379, en el que los Navarros habían hecho ya su aparición en la Morea y en la Boecia. Cabalmente en esta época figuran un capitán y castellano, en calidad de vicario o lugarteniente general del duque Roberto, que a tales cargos parecen referirse, los designados con los nombres griegos de Prokathemenos y Kastrophylax. Fracasado su primer intento de servir al rey de Aragón, no era de esperar que aquellos aguerridos soldados quedaran ociosos; que aquel formidable instrumento de combate dejara de ser utilizado por algunos de los señores que se disputaban el predominio del Peloponeso, y que más o menos ponían también sus miradas codiciosas sobre el desquiciado dominio de los Catalanes en Grecia, próximo a su ruina. Así vemos solicitados, para que se trasladen a la Morea, a los principales caudillos del antiguo ejército de Luis de Evreux, en poco espacio de tiempo, desde 1378 a 1380, por tres distintos personajes; Nerio Acciajuoli, señor de Corinto; el gan maestre de la Orden del Hospital, Juan Fernández de Heredia, y Jaime de Baux, príncipe titular de la Acaya, y último aspirante latino a la corona imperial de Bizancio. Úlima edición por tellagorri fecha: 14/Jan/06 a las 22:10. Razón: Corrección estética |
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La primera cuestión a tratar, debe ser el averiguar cuándo se introdujo en Guipúzcoa el habla Gascona.
Si hemos de creer al Doctor Camino, la entrada o difusión del idioma gascón en nuestra Provincia, hay que fijarla el año 1204 en que se hallaba el Rey Don Alfonso VIII de Castilla en San Sebastián con toda su Corte, a la que seguían muchos ricos hombres y Obispos, así de Castilla como de la Gascuña, sujeta entonces a dicho Monarca por dote de su mujer la Reina D.ª Leonor, Infanta de Inglaterra, que también estaba aquí. En esta unión de Gascuña a los Reyes de Castilla, dice Camino, que debe ponerse la introducción del lenguaje gascón en San Sebastián y pueblos cercanos, en algunos de los cuales fué muy corriente y se usó en públicos instrumentos. De ahí también el establecimiento de muchas familias ilustres de la Gascuña en Guipúzcoa, familias cuyos apellidos se conservaban todavía cuando el Doctor Camino escribía su artículo del Diccionario en 1802. Advierte que en este tiempo solo se hablaba el gascón en Pasajes. En la segunda de las obras citadas, añade que en el libro Becerro de la ciudad, que tenía más de 300 años de antigüedad, y se quemó en el incendio de 1813, se hallaba en idioma gascón una Ordenanza sobre vinos y sidras del año 1309, así como otros instrumentos del siglo XV, entre ellos una sentencia arbitral y amigable, pronunciada por los jueces nombrados por San Sebastián, Fuenterrabía, Rentería y la ciudad de Bayona, sobre resarcimiento de represalias. El Presbítero Don Juan Ignacio de Gamón, no está conforme con esta opinión del Doctor Camino, y expone que Don Sancho VII de Navarra, titulado el Sabio, con motivo de los continuos encuentros que tenía con los Reyes de Castilla y de Aragón, casó a su hija D.ª Berenguela con Ricardo, Conde de Poitiers y Duque de Aquitania, heredero de Don Enrique II, Rey de Inglaterra; que otra hija, llamada D.ª Blanca, casó en Francia con Teobaldo, hijo de Heurico, Conde de Champaña y Bria, de cuyo matrimonio nació un hijo; llamado también Teobaldo, que llegó a ser Rey de Navarra; que Don Sancho el Fuerte o el Encerrado, hijo de Don Sancho el Sabio y hermano de D.ª Berenguela y D.ª Blanca, solía estar también en tierra de gascones con sus hermanas, y en esta ocasión en que tantos lazos de unión tenía Don Sancho el Sabio con la Gascuña, trajo a los habitantes de la frontera francesa para poblar a San Sebastián en tiempos que Guipúzcoa se hallaba unida a Navarra. Opina Gamón que no fueron los vecinos de Artiga e Ibaeta del San Sebastián antiguo, de la parte de Ondarreta, los que vinieron a poblar en San Sebastián el nuevo, al pie del Monte Urgull, sino que fueron los gascones de las inmediaciones de Bayona los primeros que tomaron asiento en este lugar, llamados por Don Sancho el Sabio. Para ello pone serios reparos a la autenticidad de la donación que Don Sancho el IV de Navarra, titulado el Mayor, hizo al Monasterio de Leire el año 1014, según la cual existía de antes San Sebastián el nuevo con sus dos parroquias de Santa María y de San Vicente, y analiza varios capítulos del fuero dado por el citado Rey Don Sancho el Sabio, que parece concedido a gente extraña al país y no a los habitantes de Guipúzcoa. Es decir, que a juicio del Doctor Camino, vinieron muchas familias gasconas en 1204 a aumentar la población ya existente de tiempos anteriores al pie del monte Urgull con las dos parroquias citadas, mientras que Gamón, si bien reconoce la existencia anterior de San Sebastián el antiguo, llamado San Sebastián de Hernani, no cree que San Sebastián el nuevo se levantara antes de que Don Sancho el Sabio concediese el fuero de población, y entonces se pobló de gascones. El fuero original dado por el Monarca navarro, se perdió y se dió validez a una copia que existía en el Archivo municipal de San Sebastián, pero como esta transcripción no tenía fecha, de ahí que no se pueda puntualizar el año en que se libró y tengamos que atenernos a creer que se dió entre los años de 1150 y 1194 en que reinó Don Sancho el Sabio de Navarra. Los argumentos aducidos por Gamón se podrían reforzar considerablemnete en apoyo de sus puntos de vista, si el temor a darle exagerdas proporciones a este trabajo no contuviera nuestra pluma. Acaso algún día afrontemos de lleno el estudio de esta interesante controversia y demos a conocer nuestro modesto juicio, apoyados en los diversos datos que conservamos en cartera. Mientras tanto no sería aventurado el suponer que la venida de los Gascones a Guipúzcoa, pudo ocurrir a consecuencia de los acontecimientos posteriores al año 1152 en que la Guiena dejó de formar parte del señorío del Rey de Francia para pasar a la pertenencia de la casa real de Inglaterra por casamiento de D.ª Leonor con el Duque de Normandía, heredero presunto del trono de Inglaterra y que después le ocupó con el nombre de Enrique II de la dinastína de los Plantagenets. Los Gascones alborotados con el cambio de Señor y estimulados por los partidarios de la casa Real Francesa, se levantaron en armas más de una vez contra su nuevo dueño, y en alguna de esas revueltas se produjo, sin duda, la corriente emigratoria que llevó a los Gascones a desalojar en grandes masas las tierras en que tenían su asiento. Entonces, Sancho el Sabio de Navarra, Rey de Guipúzcoa a la sazón, les concedió terrenos en donde aposentarse al pie del Monte Urgull de San Sebastián y en la costa situada entre la desembocadura del río Vidasoa y la del río Oria, y les dió el famoso fuero de población. Esto es más verosímil y no que unos caballeros particulares y varias familas que vinieron con Don Alfonso VIII en 1204 a San Sebastián a tomar asiento en una población habitada ya por el crecido número de vecinos que supone la existencia de dos parroquias, si hemos de dar fe al documento citado de 1014, desterraran la lengua nativa de las gentes euskaras que ocupaban aquel lugar, y se dieran impulso bastante al idioma Gascón para convertirlo en el habla común de la población y extenderlo a los nombres de las casas y lugares, hasta llegar a erigirlo en lenguaje oficial y hacerlo de uso general en Pasajes y Fuenterrabía. Mejor se puede creer que el lenguaje de los gascones se propagó aquí porque era el habla de los primeros pobladores que tomaron asiento al pie dle monte Urgull, que también lleva nombre gascón, como se verá despés, sin que esto quiera decir que con Don Alfonso VIII no vinieran nuevas familias a engrosar la colonia anterior, instalada ya en esta orilla del Cantábrico. Después de todo, sabido es que San Sebastián el antiguo se hallaba poblado de vascos, mucho antes de que vinieran a tomar asiento los hijos de Gascuña al pie del monte Urgull. Para que se vea el arraigo que los gascones tenían en San Sebastián, anotaremos varios documentos oficiales algunas citas, en los cuales predominan completamente los apellidos extranjeros, sin intervención apenas de los euskaros, prueba evidente de la supremacía de aquellos elementos que no parece posible la adquirisen en una población constituída de antes con gentes que no fueran las suyas. "Gonzalo de la Parada, franco de San Sebastián", aparece en 1261. En la carta-partida del Obispo Legaría, del año 1302, figuran en primer término el teniente de Preboste Pero Carniel y vienen luego Don Pero Arnalt de Huhua y Don Lorenzo de Surubiz, alcades. Don Perez de Nordincho, Don Johan Gallart, Don Johan de Mea, Nicolau Caldelez, Don Johan de Arreizti, Don Semeno de Zarauz, Martín de Segura, Jurados. En el tratado de paz, firmado en 1328 por los marinos de Bayona y Biarritz con los de San Sebastián, figuran como representantes de la actual capital de Guipúzcoa Johan de Buerepaire y Johan de Paeget, y el documento en que el Preboste y Consejeros de San Sebastián otorgan el poder, está escrito en gascón (7). En un documento de la primera mitad del siglo XIV, hemos visto que eran alcaldes de San Sebastián Ordincho de Surubis y Nicolao de la Mayson. En otro del año 1352 aparecen constituyendo Ayuntamiento don Johan Garses et Johan Gomis, alcaldes, et Johan de la Perada, Martín Guillem de Pasquier, Pere Andres Dalzaga, Martín Bonaza, Pero Miguel de Zazayo et Remon deu mastro, Jurados del Consejo de la villa de San Sebastián. Testigos Don Domingo de la Mayson, oficial; Martín Gomiz de Letti, Ienego Martiniz de Durnizo, Pero Guillem de Lanuces Cordalon, vecinos de la villa. Joan deua martsa, notario. Con estos Ayuntamientos compuestos por gascones, se comprende perfectamente que las Ordenanzas de vinos y sidras y otros documentos que el Doctor Camino vió en el libro Becerro, se escribieran en gascón y se deja ver que eran gascones los electores que los nombraban, así como los administrados para quienes se dictaban las disposiciones municipales. En la concordia ajustada entre vascongados e ingleses en Fuenterrabía el 29 de Octubre de 1353, firmaron como procuradores de San Sebastián Juan Gomez y Martin Guillelmo Perquie, siendo uno de los testigos más calificados el Oficial mayor y Juez eclesiástico foráneo del mismo San Sebastián Don Domingo de la Mesón. Úlima edición por tellagorri fecha: 14/Jan/06 a las 22:10. Razón: Corrección estética |
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Su cólera trasluce una angustia genuina por la erosión del viejo mundo rural y marinero en que él había crecido, inmerso, por así decir, en el paisaje, en apariencia autosuficiente en el círculo de sus costumbres y creencias tradicionales, con su estrecha y conmovedora interrelación humana, aunque también su pobreza, sus enfermedades, supersticiones e ignorancia, su control social asfixiante para los espíritus independientes.
No por casualidad titularía Baserritarra (El aldeano, o El casero) su segunda publicación periódica. Las maldiciones a los trabajadores recién llegados causan asombro. Las duras condiciones en que éstos debían vivir y trabajar, hacinados en barriadas improvisadas y pisos húmedos e incómodos, sometidos a jornadas agotadoras y a la arbitrariedad de las empresas, no despiertan rastro de simpatía o compasión en Arana, el cual los trata en bloque de malvados, blasfemos y navajeros, empeorados por el contagio liberal: “gentes incultas, brutales y afeminadas”, “vagos por naturaleza”, que arrastraban a huelgas a los laboriosos vizcaínos. “La plaga suprema que ha caído sobre nosotros ha sido la inmigración (…) Chinos como los auténticos de la coleta y tan dañosos aquí como sus congéneres lo fueron en Norteamérica, forman, por regla general, en lo que aquí se llama socialismo”. “Son nuestros moros”. Etc. Aunque, admite, “no hay pueblo, por abominable que sea, indotado de toda buena cualidad”, sólo consigue destacar “los muchos y abyectos vicios de que los hijos de la pedantesca y tenebrosa Maketania adolecen”, y de los que infectaban Vizcaya. Llegados en procura de empleo y mujer, corroían la acrisolada virtud de las vascas. Las fiestas éuskaras degeneraban, y en ellas bailaban abrazados hombres y mujeres: “Conocidas son las horribles consecuencias de estos pagánicos días: quien no las conozca, no tiene más que examinar el registro de nacimientos semestre y medio después”. Tiene por “osadía inaudita” que en tales fiestas populares se toquen piezas como “La marcha de Cádiz (…) o la gallegada (…). Repertorio digno de una banda gallega”. O destaca sucesos como “Un maketo llamado Martínez asesinó bárbaramente, en Castrejana, a un bizkaíno llamado Arteche”. Y así incesantemente. En suma, “El maketo: ¡he ahí al enemigo!”, “Nuestro dominador y nuestro parásito nacional”. La siembra del odio se extiende en Arana a toda la vida social. Así denuncia indignado el socorro de los vascos a los miles de afectados por inundaciones en Consuegra, o en otra catástrofe en Santander, o en pro de la guerra de Melilla, y contrasta esa generosidad con la, a su juicio escasa, mostrada con las familias de 16 marineros muertos en un naufragio en Elanchove: “Los elantxobeses son hermanos nuestros, mientras que los naturales de Consuegra y Santander son hijos de una raza que nos odia”. Aunque señala a los inmigrantes, siempre en bloque, como dados al LIBERALISMO, el socialismo o la masonería, la misma actividad religiosa de ellos le inspira comentarios acerbos. De una peregrinación obrera a Roma, comenta: “O es maketa o es euskeriana (…) Si es una peregrinación maketo-euskeriana o mestiza (…) ¿por qué no se extiende más aún el compás y se forma una peregrinación franco-hispano-anglo-ruso-germano-rumano- lusitano-euskeriana? En ese caso, además, (…) ¿en qué lengua se le hablará a Su Santidad, en Euskera o en maketo?”. O elogia como proezas las reyertas provocadas por “unos cuantos jóvenes del país”, seguidores suyos que en el Círculo Bilbaíno exigieron la expulsión de los maketos. El Euskeldun Batzokija, centro político fundado por él en julio de 1894, estatuye: “Queda absolutamente prohibida la entrada en el local de la Sociedad a extranjeros que profesen otra religión o que procedan de nación enemiga de Vizcaya”. La aversión al maketo contaba para Sabino como una virtud imprescindible: “Ese camino del odio al maketismo es mucho más directo y seguro que el que llevan los que se dicen amantes de los Fueros, pero no sienten rencor hacia el invasor”. “No hay odio que sea proporcionado a la enorme injusticia que con nosotros ha consumado el HIJO DEL ROMANO. No hay odio con que puedan pagarse los innumerables daños que nos causan los largos años de dominación”. Con cierta hipocresía, justificaba ese odio en el que, a su vez, profesarían los maketos a los vascos: “ellos son los que nos esclavizan; y no contentos con esto, pues nos aborrecen a muerte, no han de parar hasta extinguir nuestra raza”. “Todos son enemigos de nuestra Patria (…) siempre encarnizados”. “Nos están carcomiendo el cuerpo y aniquilando el espíritu, y aspiran a nuestra muerte”. Como todos los políticos que hacen del odio un instrumento crucial, Sabino lo justificaba alegando un odio recíproco y previo de los enemigos elegidos… aunque sabía muy bien lo unilateral de su incitación. No existen testimonios del afán de exterminio de los vascos que él atribuye a los maketos, y dentro de las habituales rencillas y burlas regionales, la imagen de los vascos solía ser más bien positiva en toda España, como gente honrada y animosa, activa y fiable. Además, durante siglos los vascos habían emigrado al resto de España (se ha calculado que un 12 por ciento de la población tienen algún apellido vasco), y a Hispanoamérica, aprovechando la ventaja del idioma y siendo admitidos como iguales, incluso con privilegios, sin haber recibido jamás un trato semejante al preconizado por Sabino para la emigración inversa. Pero el fundador del PNV encontraba esa desigualdad de trato plenamente justificada, pues ¿qué recibían los vascos de “Castilla y sus hermanas”? Sólo vicios y perjuicios. En cambio, los emigrantes vascos había beneficiado muchísimo a los maketos, a quienes “ayudaron a conquistar sus tierras contra los moros, a explorar el océano, a someter las Indias, a pelear contra turcos y europeos (…) Donde quiera que en España se inicien empresas de desarrollo, de vida y de progreso, allí se ve al vasco (…) Buenos Aires fue por nuestro Garay fundada; a aquella América de promisión la dio un Bolívar su libertad”. Omite que todo eso lo habían hecho en calidad de españoles. Desigualdad de trato, por tanto, muy natural. Después de todo, la raza vasca, “tan distinta de la española, como lo es de la china o de la zulú”, forma “la nación más noble y más libre del mundo entero”, “raza singular por sus bellas cualidades, pero más singular aún por no tener ningún punto de contacto o fraternidad ni con la raza española, ni con la francesa, que son sus vecinas, ni con raza alguna del mundo”, formando un tipo humano que “en todas partes se encuentra como el pez en el agua (…) Diríase que en la raza vasca se han perpetuado los caracteres propios de la familia generadora de todos los pueblos”. Etc. No extrañarán los bien conocidos y ofensivos contrastes que hace el fundador del PNV entre la “raza vasca” y la maketa, tanto en los aspectos mental y moral como en el físico… aunque el mismo Sabino tenía un tipo de español corriente, y su hermano Luis, de figura poco afortunada, distaba largo trecho del ideal establecido por él mismo . Una raza tan sobresaliente desde cualquier punto de vista, perdía necesariamente en su contacto y mezcla con cualquier otra, por lo cual “la salvación de la sociedad vasca (…) se cifra en el aislamiento más absoluto, en la abstracción de todo elemento extraño (…) desechando inexorablemente todo lo exótico”. Pero la dura realidad era justamente la más lamentable que cupiera concebir: “Este pueblo, noble viril, temido y admirado, había de decaer y degenerar en tanto grado que viniese en este siglo a ofrecerse de esclavo al pueblo español…¡al pueblo español!... menospreciado en esta época por todos los pueblos y objeto de befa para toda nación civilizada”. No reflejan estos textos un espíritu muy cristiano, pese a la constante invocación de Arana a la religión. No obstante denuncia a veces, hablando del mundo en general: “Es la actual la era del odio”; o clama contra las ideologías dominantes en Europa: “La bandera de bestias tremolada por la sociedad del siglo XIX”. O manifiesta piedad con motivo de la guerra de los boers, en Suráfrica: “Sabida es la inhumana crueldad con que los blancos han tratado siempre y dondequiera a las razas de color”; “Los campesinos holandeses (…) consideran a los cafres y demás vecinos negros más bien como animales”. Pero cuando abandona tan lejanas latitudes, estatuye que “gran número” de maketos “más que hombres semejan simios poco menos bestias que el gorila; no busquéis en sus rostros la expresión de la inteligencia humana ni de virtud alguna; su mirada sólo revela idiotismo y brutalidad”. En otros momentos afirma, no sin notoria doblez: “No insultamos al pueblo español, no intentamos ofender a nadie”. Este concepto ofrece una clave esencial para comprender el considerable éxito posterior del nacionalismo vasco. La idea de ser parte de una raza especial, una especie de “pueblo elegido”, superior a cualquier otro, y muy especialmente al “maketo”, el más abyecto de todos, seduce y exalta a muchos individuos, al proyectar sobre el exterior las culpas por las insuficiencias de la vida propia. De ahí la dificultad de combatirla con argumentos. Ese atractivo apenas depende del nivel educativo de los individuos, como comprobamos en el ascendiente del nazismo sobre Alemania en los años 30 y 40 del siglo XX, con ideas muy semejantes a las propagadas por Arana, y pese a ser el alemán uno de los pueblos más cultos del mundo. |
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Del estudio realizado por el Profesor Lainz.
Los nacionalismos han potenciado la idea de que el franquista fue un régimen impuesto por la España castellana, o España simplemente, pues para ellos es la misma cosa— a estas dos regiones, como si la Guerra Civil hubiese sido un conflicto entre regiones en vez de entre ideologías. Esta interpretación de nuestra historia reciente ha calado en el electorado nacionalista y hasta en los socios que los nacionalistas tuvieron a lo largo de las décadas de exilio, sosteniéndola aún hoy, por ejemplo, numerosos democristianos europeos que tuvieron al PNV de socio durante aquellos años. Mostraremos sólo un ejemplo de esta visión. Se trata de Ramírez Olano en su Los vascos no son españoles:“ la guerra es conducida por el centro de la península, Castilla, bajo la orientación política y la dirección técnica castellanas, contra la periferia del Estado." ¿Cómo se explica, entonces, que representantes de esa España castellana, identificada con el franquismo, fuesen figuras tan prominentes del bando republicano como Azaña, Alcalá Zamora, Negrín, Largo Caballero, Durruti, el Campesino, Lerroux, Martínez Barrio o Sánchez Albornoz, cómo se explica que los más importantes apoyos eclesiásticos a la causa franquista proviniesen de catalanes, y que dos de sus principales financieros fuesen el mallorquín Juan March y el catalán Cambó? ¿Y tres de los más insignes generales sublevados fueran los gallegos Alonso Vega, Millán Astray y Franco? ¿Y la cantidad de militares navarros, vascos y catalanes del bando franquista? ¿Y las decenas de miles de soldados catalanes y vascos que empuñaron voluntariamente el fusil contra la República? ¿Y los cientos de ideólogos y políticos vascos y catalanes que poblaron la administración franquista, presididos todos ellos por un gallego? ¿Acaso los exiliados fueron todos catalanes y vascos? O, por el contrario ¿no procedieron de todas y cada una de las provincias de España? Esta obsesión por acusar a Castilla no sólo del franquismo sino de todos los males de España, es una antigua tradición de los nacionalismos vasco y catalán, que al fin y al cabo personificaron en la España castellana el mal a batir. Otro tópico de los nacionalismos vasco y catalán ha sido presentar sus respectivas regiones como una excepción moderna y progresista frente a una España anclada en el pasado y reacia a la modernización. El que los procesos de industrialización que han llevado la riqueza esas dos regiones sean en gran medida fruto de la política del propio Estado, y el que Cataluña y País Vasco fuesen en el siglo XIX bastiones del integrismo religioso, el absolutismo político, el carlismo y el antiliberalismo, parece no ser tenido en cuenta. Y junto a los mitos del centralismo y del reaccionarismo, se acusa desde hace un siglo a Castilla del castellanismo o castellanocentrisrno o pancastellanismo, llámese como se quiera a esa tendencia de las últimas décadas del siglo XIX y primeras del XX, que informó en buena medida la política española de aquel tiempo. Pero dicho castellanocentrismo ni fue obra del franquismo —bastante posterior— ni de los castellanos. La Generación del 98 es el más ilustre ejemplo de ello, conocido por cualquier estudiante de bachillerato. La exaltación de Castilla y lo castellano vino fundamentalmente de la mano del andaluz Machado, el valenciano Azorín y los vascos Unamuno, Maeztu y Baroja. De este último, por ejemplo, son las siguientes palabras: “Tengo dos pequeñas patrias regionales: Vasconia y Castilla, considerando Castilla, Castilla la Vieja (...) Todas mis inspiraciones literarias proceden de Vasconia o de Castilla. Yo no podría escribir una novela gallega o catalana. Entre vascos y castellanos es donde me gustaría tener mis lectores. Los demás españoles me interesan menos; los españoles de América y los americanos no me interesan nadan,”. Otro autor vasco de aquella generación, José María Salaverría, escribió lo siguiente en su libro Vieja España. Impresión de Castilla:”Cuán grave y expresiva era aquella planicie castellana, vieja patria del Cid, cuna del españolismo!. Iba yo a conocer el secreto de una tierra de dominadores; iba a sentir el aliento de un país antiguo que imprimió en el mundo tan honda y duradera huella”. En una carta a Unamuno, el mismo Salaverría opinaba sobre el papel vasco y castellano en el futuro de España: “Lo que no se puede tolerar es que nuestro pueblo quede capado: con Castilla yerma y Vasconia capada, con Andalucía influyendo, con Valencia triunfando, y con los catalanes convertidos en redentores, entonces sí que España será irredenta. La redención no puede venir por el Mediterráneo; debe salir de las partes primitivas y legítimas, de las partes positivas y esenciales: el Cantábrico y la meseta.” Aunque la expresión más clara de esta idea la podemos leer en el insigne vasco de aquellos días, el pintor Ignacio Zuloaga: “Aunque yo haya nacido en Eibar y sienta el espíritu vasco acepto el sacrificio de mi arte universal en aras de ningún regionalismo. Fue Castilla quien hizo a España, y cada uno de nosotros, seamos vascos, gallegos o andaluces, debemos salir del recinto de nuestras regiones y recrearnos castellanos, porque Castilla fue engendró el mundo español.” Sólo a causa de la ignorancia se puede acusar de creadores del castellanocentrismo al régimen franquista y a los castellanos. Es verdadera obsesión la castellanofobia que ha impregnado sus orígenes a los nacionalismos vasco y catalán. Siempre han dado a Castilla las más amargas invectivas, culpándola de opresión y prepotencia. Cuando la realidad es que Castilla ha estado siempre entre las más desfavorecidas regiones españolas. Mientras que otras regiones conservaban sus instituciones y libertades locales, Castilla los perdió con los albores del Imperio, bajo Carlos I. Castilla fue asimismo el que soportó casi todos los gastos del Imperio mientras otras regiones colaboraban fiscalmente en mucha menor medida, cuando no estaban casi exentas de contribución, como las provincias vascongadas que gozaron de todos los privilegios de los castellanos sin soportar ninguna de sus cargas. Castilla se despobló con las guerras de Europa, y la colonización de América, fue la más afectada por la decadencia del Imperio y llegó a la Edad Contemporánea en una situación demográfica y económica desoladora, mientras que otras regiones periféricas, sobre todo Cataluña y el País Vasco, despegaban económicamente. Precisamente fueron los industriales catalanes, más imperialistas que los generales y almirantes, más patriotas y belicistas que los españoles de otras regiones, los que, con su avidez e intransigencia para con las reclamaciones de los cubanos, forzaron la crisis que acabaría desastrosamente en 1898. Y, acto seguido, cuando el gobierno y los soldados españoles no pudieron conservar aquellos mercados tan lucrativos, gran parte de la burguesía catalana dio la espalda a una España que ya no les servía. Otra acusación habitual de los nacionalismos es que Castilla ha sido la potencia imperialista y militarista por excelencia, reprochando a su carácter guerrero y conquistador el origen de los males políticos y económicos que a partir del siglo XVII impidieron a España seguir el ritmo de otros países europeos. Pero lo que olvidan quienes pintan a Castilla con oscuros colores de militarismo prusiano frente a los más amables perfiles de una Cataluña pacífica, comerciante e industriosa, es que la intervención política y militar en Europa en los siglos XV a XVII se debió a la asunción por parte de la España unificada de la política CATALONOARAGONESA, secularmente enemiga de Francia, mientras que hasta la unificación Castilla había sido la más constante aliada de dicho reino. Recuérdese simplemente la estrecha alianza francocastellana durante la Guerra de los Cien Años. Además, si la dinastía Habsburgo reinó en España fue porque Fernando el Católico procuró emparentar con los enemigos de su enemiga Francia. Si con dicho rey comenzaron las guerras europeas que desangraron España durante dos siglos, tanto por su enfrentamiento con Francia como por su alianza con el imperio católico habsbúrgico, es fundamentalmente a la herencia catalanoaragonesa a la que se debe responsabilizar, no a la castellana. Por ejemplo, la expedición de 1481 contra los turcos en Sicilia, compuesta por setenta naves de Vizcaya, Guipúzcoa, Galicia y Andalucía, castellanos todos, que acudían a defender un territorio de la corona de Aragón. ¿Y quienes fueron los que vencieron batalla tras batalla a los franceses en las guerras por el reino de Nápoles, a las órdenes del andaluz Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán? Fundamentalmente soldados castellanos. ............................ Volviendo a la Guerra Civil, los nacionalistas catalanes y vascos en el exilio aderezaron su propaganda durante cuatro décadas con continuas acusaciones a España, personificada por ellos en el régimen franquista, por haber atacado y conquistado sus respectivas naciones. Madariaga, que estuvo cuarenta años en el exilio, criticaba a los nacionalistas y a AGUIRRE así: "Habrá pues que examinar algunos de los asertos que este separatista vasco hace en ‘El Nacional’. Primero. Que los españoles son los opresores y los vascos los oprimidos. "Todo el mundo sabe que el régimen actual franquista que padece España es más vasco que castellano. Comenzó con una entrevista con Mussolini que cuenta el señor Lizarza Iribarren, entrevista preparada por don Rafael Olazábal y de que formaba parte don Antonio Goicoechea." "Vascos son los más de sus figurones como Bilbao, Areilza, Aznar, Iturmendi, todos los Unquijos, Lojendios y demás ministros, embajadores, banqueros que pululan en la plana mayor del régimen. Todo el mundo sabe que la banca vasca, que se enriquece a costa del pueblo español, todo él, incluso desde luego el vasco, apoya y sirve al régimen. De modo que pintar el régimen actual como una opresión del país vasco por los españoles es burlarse de la gente." Y junto a los nacionalistas vascos, sus socios catalanes acudieron a las mismas mentiras. En una carta que Madariaga escribió como contestación a Juan Cuatrecasas, delegado general de la Generalitat en Argentina, le reprochó, entre otras cosas: “La tendencia a presentar el régimen de Franco como opresor de Cataluña y de Euzkadi, como si Andalucía y Castilla, Extremadura y Aragón, no sufrieran tanta opresión como Euzkadi y Cataluña (...) La tendencia a olvidar que el régimen está apoyado y servido por gallegos, vascos y catalanes en cantidad más que proporcional, tanto que el querer representarlo como una opresión de la periferia por Castilla podría fácilmente invertirse, representándolo como una opresión de Castilla por la periferia.” ........................................... Efectivamente, hubo infinidad de vascos y catalanes en las esferas del franquismo. En cuanto a los vascos, se podría mencionar a Antonio Iturmendi, ministro de Justicia de 1951 a 1965, presidente de las Cortes y del Consejo del Reino; José Luis Arrese, principal ideólogo del régimen, secretario general del Movimiento, ministro y miembro del Consejo del Reino; Rafael Sánchez Mazas, ministro y uno de principales dirigentes de la Falange; Tomás Domínguez Arévalo, ministro de Justicia en el primer gobierno franquista; José Félix Lequerica Erquiza, embajador, ministro de Asuntos Exteriores, vicepresidente de las Cortes, embajador permanente ante las Naciones Unidas; Antonio Sangróniz, jefe del Gabinete Diplomático y de Protocolo de Franco durante la guerra; Esteban Bilbao y Eguia, ministro de Justicia y presidente de las Cortes de 1943 a 1965, entre otros muchos altos cargos; el general Orgaz, que preparara el alzamiento con Franco, capitan general de Cataluña en la inmediata posguerra y jefe del Alto Estado Mayor del Ejército; Felipe Abárzuza, de evidente estirpe vascongada, jefe del Estado Mayor de la Armada franquista durante la guerra, comandante general de la flota y ministro de Marina; José María Areilza, conde de Motrico, embajador, director general y ministro, Fernando María Castiella, ministro de Asuntos Exteriores; el embajador que protagonizó el famoso suceso interrumpiendo a Fidel Castro directo en la televisión cubana a causa de sus ataques al gobierno español, fue el donostiarra Juan Pablo Lojendio. Significativamente ministro de Asuntos Exteriores bajo cuya autoridad se encontraba el vasco Lojendio era el vasco Fernando María Castiella, y su jefe Gabinete, el vasco Marcelino Oreja Aguirre; la dinastía de los Churruca, embajadores en varios países y jefes de protocolo de las Naciones Unidas; Antonio Ibáñez Freire, director general de la Guardia Civil y ministro del Interior; Antonio María de Oriol y Urquijo, ministro y presidente del Consejo de Estado, etc. Para poner fin a esta relación, exhaustiva, el abad de un lugar tan emblemático para el régimen franquista como el Valle de los Caídos fue el donostiarra Luis María Lojendio. Y ya que hablamos de símbolos, el autor de la música Cara al Sol y del himno de la División Azul fue el falangista guipuzcoano Juan Tellería. Esto, por lo que se refiere a los vascos. De los navarros no nos ocuparemos por la doble razón de no ser vascos y de que acabaríamos antes haciendo la lista de los navarros que no fueron franquistas: es imposible recoger las decenas de miles de carlistas navarros que lucharon con Franco, causa de la Cruz Laureada de San Fernando que figuró en la enseña navarra hasta la instauración del actual régimen. Y aparte del carlismo, tan solo señalaremos a cinco navarros esenciales en el bando sublevado: el primero, nada menos que el general que murió en accidente de aviación cuando se dirigía desde Portugal a España para ponerse al frente del alzamiento: SANJURJO. El segundo, uno de los principales artífices de la conquista de las provincias vascas y de la victoria final franquista: el general SOLCHAGA. El tercero, uno de los fundadores de la Falange y copresidente de ella junto a Ledesma y Primo de Rivera: Julio RUIZ DE ALDA. El cuarto, el artífice del Frente de Juventudes: José Antonio ELOLA. Y el quinto, Manuel AZNAR, activo militante peneuvista en su juventud y posteriormente destacado periodista y embajador franquista en Argentina, Estados Unidos y la ONU, y, curiosamente, abuelo de José María Aznar. Nos hemos limitado a los políticos, pues en las jerarquías industriales y financieras de la España franquista los vascos fueron incontables, como lo habían venido siendo desde siempre, y no es el objeto de este trabajo hacer una lista con cientos de esos nombres. ................................. En cuanto a los CATALANES, mencionaremos a Joaquín Bau y Nolla, presidente de la Comisión de Industria, Comercio y Abastos de la Junta Técnica del Estado (el primer gobierno establecido en la zona franquista en octubre de 1936), presidente del Consejo de Estado y vicepresidente del Consejo del Reino; Francisco Serrat y Bonastre, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores en dicha Junta Técnica del Estado; Eduardo Aunós, embajador y ministro de Justicia; Demetrio Carceller Segura, ministro de Industria y Comercio y uno de los creadores del INI; Joaquín Planell y Riera, presidente de la Empresa Nacional Calvo Sotelo, vicepresidente del INI y ministro de Industria de 1951 a 1962; Pedro Gual Villalbí, ministro sin cartera; Laureano López Rodó, embajador, comisario general del Plan de Desarrollo y ministro de Asuntos Exteriores; Gonzalo Fernández de la Mora y Man, ministro de Obras Públicas; Enric García-Ramal, ministro delegado de Sindicatos; Cruz Martínez Esteruelas, ministro de Planificación y de Educación y Ciencia, etc. |
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La represión lingüistica en el Franquismo
En un texto ministerial de 1943, dirigido a la educación de los niños en el ardor religioso y patrio, se podía leer: "Escuchad bien esto y para siempre, niños españoles: ¡El que de vosotros olvide su lengua española a la cambie por otra dejará de ser español y cristiano! ¡Por traición contra España y pecado contra Dios! ¡Y tendrá que escapar de España! ¡Y cuando muera, su alma traidora irá al infierno!." ¿Excepcional y sin paralelo, esta descomunal idiotez? Lejos de ello, es una fiel IMAGEN de las soflamas que el nacionalismo vasco lleva medio siglo esparciendo sobre su lengua nacional. Son Sabino y sus continuadores tan españoles que hasta personifican con ejemplar perfección las viejas taras de iluminación y fanatismo religioso con las que, lamentablemente, fueron acusados los españoles en siglos anteriores. ¡Qué buen ministro de Cultura franquista habría podido ser Sabino! ...................... Estas medidas fueron agriamente protestadas por importantes figuras del bando franquista ya desde antes del fin de la guerra. Muy conocido fue el caso de Dionisio Ridruejo, Jefe Nacional de Propaganda, quien se encontró con la prohibición de difundir los manifiestos y folletos en catalán que había preparado —junto al futuro eminente historiador y académico Martín de Riquer— para la entrada en Barcelona a principios de 1939. Y nada menos que el Jefe Nacional de Falange a la muerte de José Antonio, Manuel Hedilla, condenó en un discurso pronunciado en diciembre de 1936 la actitud de sectores de su bando sobre Cataluña y el País Vasco: “Hay personas en nuestra retaguardia que no encuentran trabajo mejor que hacer por la patria si no es sembrar odio contra Cataluña y las provincias vascongadas. Y, cada vez que revolviendo sucios fondos y viejas cuentas han logrado su propósito, quedan satisfechos como si hubieran logrado una gran acción”. Como se ve hasta los más "fundamentalistas" del Régimen eran reacios a ir contra el catalán y el eusquera, aunque hubo mucho intento de prohibirlos por parte de algunos. .......................... El franquismo se dedicó, fundamentalmente en los primeros y exaltados años del régimen, a llevar a efecto una política de represión lingüística que en unos casos provoca la indignación y en otros la burla. Pero no toda esta política fue dirigida contra el vascuence o el catalán, sino que en muchos casos las principales destinatarias fueror lenguas extranjeras. De este modo los rótulos y carteles comerciales tuvieron que sustituir los términos extranjeros (Royal, Restaurant) por términos castellanos, y otras medidas que entran de lleno en la ridiculez. Y ya más tardíamente, es muy conocido el caso de la prohibición de que Joan Manuel Serrat participase en el Festival de Eurovisión de 1968 cantando en catalán, ante lo que fue sustituido por Massiel. ....................................... Una vez alcanzada una relativa normalidad, si bien se siguió utilizando el castellano camo lengua administrativa general, como es de sentido común y acaece en cualquier otro país plurilingüe, la utilización de las lenguas no castellanas alcanzó un grado que los eternos victimistas del nacionalismo NUNCA QUERRÁN RECONOCER. Empezando por Cataluña, desde las primeras años 40 se reanudó la edición de libros en catalán, en un principio fomentada por las instituciones eclesiásticas y pronto extendida a cientas de títulos. Por ejemplo, las abras completas de todas y cada uno de los literatos de la Renaixença (Verdaguer, Costa i Llobera, Rusiñal, Maragall, Oller, Vilanova, Guimerá, etc.) se editaran repetidamente desde 1943, así camo las de numerosas autores coetáneos (Sagarra, López Picó, Guerau de Liost, Riber, etc.). De esos mismos años data la recuperación de la representación de obras de teatro en catalán. En 1959 se comenzó a editar en Montserrat la revista en catalán Serra d’Or. La Enciclopedia Catalana comenzó a publicarse en 1970. La edición de revistas de todo tipo en catalán fue generalizada, así como la institución de premias literarios en dicha lengua, reanudados en 1947, coma el Joanot Martoreli. Se pueden calcular en unos tres mil los libros en catalán editados entre 1940 y 1965, disparándase progresivamente la cantidad en años posteriores: Albert Balcells anota 200 nuevos títulos en 1952, más de 400 en 1966 y 548 en 1967 . Quien quiso aprender catalán —o cualquier otra lengua regional— pudo acudir a las academias que a ello se dedicaban, como el Centro de Información Católica Femenina desde 1953. Y, evidentemente, el uso generalizado de la lengua catalana por los catalanes no pudo provocar otro resultado que una espontánea y progresiva normalización. A pesar de ello, pervivió la fobia hacia la lengua catalana en algunos altos cargos del régimen. Muy conocido fue el caso de Luis Martínez de GALINSOGA, director de La Vanguardia, principal diario de Cataluña. El domingo 21 de junio de 1959 protestó airadamente en la sacristía de la parroquia de Sant Ildefons de Barcelona porque el sermón se estaba haciendo en catalán. Aunque le explicaron que el resto de las misas se celebraban en castellano, estando completamente autorizado hacerlo también en catalán, Galinsoga salió de la iglesia enfurecido, y dijo: "catalanes de mierda." Como consecuencia de este hecho se organizó una campaña ciudadana de protesta contra Galinsoga —en la que se distinguió Jordi Pujol, futuro presidente de la Generalitat— dándose muchos barceloneses de baja de La Vanguardia, rechazando ejemplares en los quioscos y retirando la publicidad. Al cabo de seis meses Galinsoga fue cesada por el Gobierno coma director del diario. .................................... En cuanto al vascuence, la situación fue igual. Las ediciones de literatura en vascuence se cuentan por miles, y desde fechas tan tempranas como 1941. Por ejemplo, en 1952 se fundó la editorial Kuliska Itzaropena, dedicada a libros en vascuence. En 1961 se fundó la editorial Auspoa, dedicada asimismo a revitalizar la lengua. En vascuence publicaron durante el régimen franquista multitud de cancioneros y recopilaciones de leyendas, cuentos y novelas. Desde 1961 existió un curso de vascuence por correspondencia, en discos, de la CCC. Desde los añas 60 se celebró la Feria del Libro y Disco Vascos. También en pleno franquismo (1948) editaba la Diputación guipuzcoana la revista literaria en vascuence Egan, que sería utilizada por numerosos escritores nacionalistas. Y la editorial Lur dedicada a promover la literatura moderna en vascuence, empezó a funcionar a finales de los 60. ESTORNÉS LASA fundó la Editorial Auñamendi a su regreso a España en 1958. En 1968 publicó el primer volumen de su monumental Enciclopedia General Ilustrada del País Vasco, que lleva ya publicados más de 60 volúmenes. La editorial Auñamendi está dedicada a la publicación y difusión de obras de tema vasco, escritas en castellano, eusquera o en ambas lenguas. En 1968 nació en Vizcaya "Euskeraz" grupo en el que participaban personas de ideología varia en vascuence. Se cuentan por cientos los estudios de lingüística, ortografía y sintaxis del vascuence, de historia de la literatura vascuence, de orígenes y geografía histórica del vascuence, de diccionarios, etc. Las ikastolas estaban subvencionadas por el Ministerio de Educación Nacional desde finales de los 60. De fuentes del profesor LAINZ. Úlima edición por tellagorri fecha: 14/Jan/06 a las 22:10. Razón: Corrección estética |
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#6
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En el último cuarto de siglo se ha ido creando en Vasconia un CACICATO NACIONALISTA, casi un régimen, cuyos puntos de apoyo son:
A. Un entramado de intereses económicos con una buena dosis de corrupción y amiguismo. B Un clero que en buena medida antepone el mensaje nacionalista al mensaje cristiano, y es capaz de presentar a asesinos profesionales como bienaventurados “perseguidos por causa de la justicia”, o de encontrarles todo tipo de justificaciones. C La prevalencia de una propaganda de odio, abierto en unos casos, soterrado en otros, pero persistente y muy intenso, contra España y lo español. D El empleo del asesinato y la intimidación: un sector nacionalista utiliza el terror para tratar de imponer directamente sus postulados, y otro sector lo explota de modo indirecto, como chantaje y forma de presión para avanzar en su ideal secesionista. Como resultado de todo ello, la población vasca disfruta de unos grados de libertad y seguridad muy inferiores a la media española. En realidad puede decirse que la democracia allí, sobre todo en los pueblos menores, apenas existe. La situación ha llegado a hacerse sumamente grave, con amenaza de ruptura social y perspectivas balcanizantes a medio plazo. Ello exige prestar la máxima atención al problema, antes de que se vuelva incontrolable. Pío Moa (Historiador) |