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Qué era la Hidalguía medieval

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  #1  
Viejo 16/Jan/04, 22:10
larrarte
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Predeterminado Qué era la Hidalguía medieval

Como la hidalguía también es un concepto que puede inducir a equívocos, no estará por demás que nos asomemos a su mundo.

Una de las características del hidalgo era el orgullo de casta: un orgullo feroz, que les vedaba trabajar con las manos.
Con esa mentalidad tenían pocas salidas, sobre todo aquellos que no disfrutaban de rentas. Podían aspirar a cargos públicos, seguir la carrera de las armas, ingresar en religión o practicar alguna de las contadas profesiones consideradas honrosas, tal cual era el caso de la de leyes.

A las filas de la hidalguía se accedía por varios caminos: los más frecuentes eran los de solar conocido y los de bragueta.
En el primero de los casos figuraban los que poseían casa solariega o la habían poseído; y los segundos, eran aquellos que recibían el privilegio por haber engendrado siete hijos varones en el matrimonio.
Eran tiempos en que se precisaban hombres para empuñar la lanza, y los hidalgos constituían el brazo armado que acudía en defensa del reino en momentos de peligro.

Un hidalgo sin dinero era un segundón, un don nadie; pero eso sí, contaban con algunos privilegios, como la exención del pago de impuestos. Además, en el caso de ser sentenciados a muerte, les asistía la prerrogativa de ser decapitados, en lugar de morir ahorcados

Úlima edición por tellagorri fecha: 25/Jan/06 a las 23:11. Razón: Corrección estética
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  #2  
Viejo 16/Jan/04, 22:10
beltrandebonlieu
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Mensajes: 149
Predeterminado La antigüedad de LIMPIEZA DE SANGRE

Como la hidalguía, también es un concepto que puede inducir a equívocos, no estará por demás que nos asomemos a su mundo.
Una de las características del hidalgo era el orgullo de casta: un orgullo feroz, que les vedaba trabajar con las manos.

LIMPIEZA DE SANGRE

La tan llevada y traída limpieza de sangre fue un prejuicio tan arraigado en la sociedad española, con unas repercusiones tan hondas, que no está por demás volver la mirada atrás para indagar de qué se trató, y el cómo se originó.

El sentimiento ANTIJUDÍO es anterior al nacimiento de España como nación.

En la época romana estaban prohibidos los matrimonios entre hispanorromanos y judíos (cosa también prohibida por la ley judía), y la prohibición no quedó ahí, decretándose diversas limitaciones para estos últimos: no podían desempeñar cargos públicos; se les autorizaba a reparar las sinagogas, pero no a construir nuevas.
Esa era la situación en los momentos en que el imperio se desplomó.

Llegaron los visigodos y, desde el primer momento, Alarico II publicó en el 506 un código de leyes (el Breviarium Alaricianum) que endureció las restricciones: judío que convirtiese al judaísmo a un cristiano, fuese libre o esclavo, sería reo de muerte.

La legislación claramente se orientaba a evitar el proselitismo.

En el año 589, durante el III Concilio Toledano, Recaredo da un paso importantísimo: abjura del arrianismo y se convierte al catolicismo (en realidad, la conversión habría ocurrido unos dos años antes, bautizándose en secreto).
Nace así el estado católico visigodo, y a partir de ese momento, sobre todo en el 613, por las disposiciones de Sisebuto, los JUDIOS son excluidos del conjunto de la sociedad, convirtiéndose en perseguidos.

Y si algunos de sus sucesores mostraron alguna tolerancia, no tardarían en venir otros que apretaron cada vez más: Recesvinto y Chintila fueron más lejos, intentando eliminar el judaísmo de raíz.
Bajo este último, en el 654, se arrancó una profesión de fe a los judíos toledanos, a quienes se impuso bautismo forzoso, comprometiéndolos así a que ni ellos ni sus mujeres e hijos tendrían trato con judíos no bautizados.
No practicarían la circuncisión, no celebrarían el sábado, la Pascua ni otras fiestas del rito judío; y aunque no les gustase, deberían comer carne de cerdo.

En caso de faltar al compromiso, la pena sería muerte en la hoguera (bajo Recesvinto era por lapidación). Una verdadera limpieza ideológico-religiosa.

Pero llegaron los musulmanes, y bajo el Islam, los judíos pudieron tener un respiro; vivieron tranquilos bajo el califato, pero a comienzos del siglo xI, éste se desintegra para fraccionarse en pequeños reinos de taifas.

A mediados de la centuria siguiente, bajo el dominio de los almohades, se endureció la intolerancia hacia las comunidades mozárabe y judía residentes en AlAndalus (la España musulmana).
A consecuencia de ello, numerosos judíos fingieron su conversión al islamismo, o se trasladaron a reinos cristianos, dirigiéndose sobre todo a Toledo.

Este fue un periodo de tolerancia, que no duraría demasiado, pues no tardará en aflorar el sentimiento antijudío, que por momentos alcanza altas cotas (Enrique II, con quien da inicio la casa de Trastámara, para justificarse por haber apuñalado a su medio hermano Pedro I, entre los múltiples cargos que le formuló, figura el de que mantenía una actitud amistosa hacia los judíos); de manera que, cuando los Reyes Católicos firmaron el decreto de expulsión, la medida no fue otra cosa que la culminación de un proceso que ya venía gestándose de siglos atrás.

Y no serían los únicos en ser expulsados, pues en 1.608 ya les llegaría el turno a los moriscos, contra quienes, además del factor religioso, pesaron razones de índole político, pues se temía que de producirse un desembarco de los turcos y sus aliados, los corsarios berberiscos, en la costa de Levante (riesgo siempre latente en aquellos días), hicieran causa común con ellos.

Pero algo que no deja de asombrar es el caso de los GITANOS, a quienes los Reyes Católicos, por la pragmática de 1499, ordenaron abandonar el reino en caso de no enmendarse: "Mandamos a los egipcianos [gitanos] que andan vagando por nuestros Reynos y señoríos con sus mujeres e hijos, que el día que esta ley fuere notificada y pregonada en nuestra Corte, y en las villas, lugares y ciudades que son cabeza de partidos hasta sesenta días siguientes, cada uno dellos vivan por oficios conocidos, que mejor supieren aprovecharse, estando de estada en los lugares donde acordaren asentar, o tomar vivienda de señores a quien sirvan, y los den lo que hubieren menester; y no anden más juntos vagando por nuestros Reynos, como lo hacen, o dentro de otros sesenta días primeros siguientes salgan de nuestros Reynos, y no vuelvan a ellos en manera alguna; so pena que si en ellos fueren hallados, sin oficios o sin señores juntos, pasados los dichos días, que den a cada uno cien azotes por la primera vez, y los destierren perpetuamente destos Reynos: y por la segunda vez, que les corten las orejas, y estén sesenta días en la cadena, y los tornen a desterrar, como dicho es; y por la tercera vez, que sean captivos de los que los tomaren por toda su vida; y si hecho el dicho pregón, fueren o pasaren contra lo susodicho, mandamos a los nuestros alcaldes de la Corte e Chancillería, y a todos los corregidores, asistente, justicias y alguaciles, de cualesquiera ciudades, villas y lugares de nuestros Reynos y señoríos, que ejecuten las dichas penas en las personas y bienes de cualesquiera susodichos, que vinieren e pasaren contra lo suso dicho".

En tiempos de Felipe II no lo pasaron mejor, ya que todos los varones fueron etiquetados como delincuentes y condenados a remar en galeras; en 1619, vino el decreto de expulsión final, cuando en las cortes celebradas en Madrid en ese año, se acordó: "...ordenamos y mandamos que todos los gitanos, que al presente se hallaren en nuestros Reynos, salgan de ellos dentro de seis meses, que se han de contar desde el día de publicación de esta ley, y que no vuelvan a ellos so pena de muerte: y que los que quisieren quedar, sea avecindándose en ciudades, villas y lugares de estos nuestros Reynos de mil vecinos arriba; y que no puedan usar del trage, nombre y lengua de gitanos y gitanas, si no que, pues no lo son de nación, queda perpetuamente este nombre y uso confundido y olvidado: y otro sí, mandamos que por ningún caso puedan tratar en compras ni ventas de ganados mayores ni menores, lo cual guarden y cumplan so la misma pena.

Asombrosa la capacidad de supervivencia de la etnia gitana. Se procuraba a toda costa la unidad del reino, de ahí la importancia que se prestaba a la limpieza de sangre.

Es comprensible que, en una época en que la seguridad del Reino descansaba en las órdenes militares, no pudieran permitirse que se infiltrara en ellas gente sospechosa.
A don Martín Cortés se le admitió como comendador en la orden de Santiago, sin importar que su madre fuese india, lo cual vendría a demostrar que la exclusión no era precisamente RACISTA, sino que respondía a factores de índole político-religioso. Podrían citarse innumerables ejemplos en ese sentido.

Entre los casos de conversos más conocidos, figuran el de fray Hernando de Talavera, confesor de la reina Isabel, el del máximo inquisidor fray Tomás de Torquemada, el tesorero Luis de Santángel, Andrés Cabrera, alcaide de Segovia, y su esposa Doña Beatriz de Bobadilla, marquesa de Moya, camarera mayor de la soberana, y persona que gozaba de gran ascendiente sobre ella.

Un caso que procede destacarse es el de Juan Sánchez de Toledo, quien luego de llevar durante varios años el sambenito de penitenciado, al serle retirado, una vez cumplida la pena, se cambió de nombre e hizo fortuna.
Una de sus nietas (sin que, por lo visto, fuera impedimento que proviniera de estirpe de conversos) subió a los altares y es doctora de la Iglesia.
Nos referimos a Santa Teresa.

El pensamiento medieval aflorará a cada paso; oráculos, hechizos, apariciones, espejos mágicos, y un largo etcétera.

La Inquisición estuvo muy activa, y lo mismo quemaba en Valladolid que en Roma; a su vez, lo propio hacían calvinistas en Ginebra, anglicanos en Londres y luteranos en Alemania.
París vivió una Noche de San Bartolomé que todavía se recuerda. Muy avanzado el siglo, veremos que Elizabeth I de Inglaterra, tenía en nómina al astrólogo oficial del reino, y que a Felipe II le habían confeccionado un horóscopo, el mismo que consultó para elegir la fecha de la colocación de la primera piedra del Escorial, y para el traslado de la capital a Madrid.
La realidad es que resulta prácticamente imposible establecer cuándo termina la Edad Media, ya que los tiempos son distintos para cada país, y además, éstos varían según los criterios que apliquen distintos historiadores.

Úlima edición por tellagorri fecha: 25/Jan/06 a las 23:11. Razón: Corrección estética
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  #3  
Viejo 12/Jul/04, 17:05
anonimo
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Predeterminado La MARINA vasca de Castilla

La Marina Castellana

Y de la tierra al mar, pues de las tierras bañadas por el Mar Cantábrico salieron los marinos que darían a Castilla el PODERÍO NAVAL que marcaría la historia de Europa durante siglos.
El nacimiento de la Marina de Castilla puede fijarse en tierras gallegas hacia el 1.100 cuando el obispo de Santiago, Diego GELMIREZ, se propuso crear una fuerza naval que protegiese las costas castellanas de los ataques que desde Norte y Sur lanzaban vikingos y moros.

La preponderancia de la guerra por tierra había apartado durante siglos la vista de los castellanos del mar, por lo que Gelmirez optó por contar con la experta colaboración de un tal Ogerio, reputado maestro genovés, para iniciar la construcción de naves de guerra.
Tras algunas décadas de enfrentamientos menores, la primera acción importante de la Marina castellana fue la conquista de Sevilla, transcendental hito de la Reconquista.
También participaron en el hecho marinos y naves de gallegos, asturianos, montañeses, vizcaínos y guipuzcoanos.

De Irún se dice que era Uranzu, capitán de una de las naves de la flota de Bonifaz, marino vasco que pasó a la Historia con nombres y apellidos.

Alfonso X dividió el almirantazgo en dos: uno para las andaluzas y otro para las cantábricas, con sede en Burgos y en Castro Urdiales.

De este mismo reinado se tiene constancia de otros privilegios para varias villas asturianas, montañesas y guipuzcoanas (Pasajes, Zarauz, San Vicente de la Barquera, Guetaria,) debido a los servicios prestados por sus marinos. Pero los fueros y privilegios de las villas marineras ya venían de atrás.
Don García, rey de Navarra, concedió fueros y privilegios a Santa María del Puerto Santoña); Sancho el Sabio concedió el fuero de San Sebastián; Alfonso VIII los de Castro, Santander, Guetaria, Laredo, Motrico, Fuenterrabía; Fernando III el Santo los de Zarauz, Tuy, Cadiz y Sevilla, etc.

El comercio exterior del reino castellano, realizado sobre todos los países de la Europa atlántica, se canalizó a través de sus puertos cantábricos, fundamentalmente los de su mitad oriental, de San Vicente la Barquera a Irún.
Estos puertos de Guipúzcoa, Vizcaya y La Montaña desempeñaron un papel esencial en la construcción de barcos de la Marina castellana y luego española de los siglos XIII al XVIII.
En astilleros montañeses se destacaron Santander, Guarnizo y Urdiales, y entre los VASCOS, Orio, Portugalete, Pasajes y Zarauz

Tras la conquista de Sevilla los enfrentamientos navales continuaron en las aguas del Sur de la península hasta conseguir la derrota final de los musulmanes.
Por ejemplo, en 1292 barcos y marinos de los puertos cantábricos participaron en la conquista de Tarifa, y en 1339 en el bloqueo del Estrecho para evitar un nuevo desembarco musulmán que se estaba preparando en Marruecos.

En 1351 la ciudad de San Sebastián recibió varias mercedes por la distinguida participación de sus marinos en el socorro de Algeciras.
En 1407 las naves vascas y montañesas vencieron a la armada marroquí en la batalla del Estrecho.

En 1412 las naves de Vizcaya, Cuatro Villas y Galicia formaron la expedición contra Ceuta. A partir de 1483 la flota cantábrica pasó al Mediterráneo para cortar la comunicación del reino nazarí de Granada con sus aliados africanos.
En 1487 se sitió Málaga por tierra y mar. Las escuadras castellana y aragonesa estuvieron dirigidas por los almirantes Fadrique Enríquez y Galcerán de Requesens, secundados por los capitanes Antonio Bernal, Melchor Maldonado, Alvaro de Mendoza, Martín Ruiz de Mena y Garci López de Arriarán.

Pero no sólo contra los musulmanes lucharon los marinos cantábricos, sino que hubieron de participar en combates contra otros enemigos. Por ejemplo, contra navarros y aragoneses en 1430:

"El dicho Señor Rey mandó armar, e se armaron en Sevilla e en la costa de Vizcaya con Santander veinte galeras e treinta naos mayores (...) contra los reyes de Aragón e de Navarra. E después que la dicha flota fue armada, entró en ella el dicho Almirante en Sevilla, e fue con ella e fiso guerra a las islas de Ibiza e Mallorcas e Menorcas
e non falló otra flota contraria que con la suya pudiese haber batalla."

En 1475, con motivo de la guerra sucesoria entre Isabel y Juana la Beltraneja, las naves castellanas y aragonesas entablaron combate en el Estrecho de Gibraltar contra la armada luso-genovesa, defensora de la causa de la Beltraneja.
Este combate, en el que participó el guipuzcoano Juan MARTINEZ de MENDARO al mando de la nao Zumaya, se recuerda en la iglesia de San Pedro de dicha localidad.

Los Reyes Católicos hicieron fortificar la ciudad de San Sebastián, parte de cuyos muros occidentales se conservan en el muelle de de la capital donostiarra. La placa que lo conmemora suele ser víctima de actos vandálicos por parte de los nacionalistas, que no soportan que la realidad desmienta sus planteamientos.

La Guerra de los Cien Años

Junto a la lucha contra los musulmanes, el otro hecho bélicial de la Baja Edad Media fue para los marinos cantábricos la de los Cien Años (1337-1453) entre Inglaterra y Francia, en donde Castilla fue continua y fiel aliada de esta última, prestando una aportación para su final victoria y expulsión de los ingleses de territorio francés.

Las Crónicas del ALAVÉS Pedro López de Ayala, conde de Castilla, un documento esencial para el conocimiento del sitio español, están plagadas de los enfrentamientos de la Marina castellana sobre todo con musulmanes e ingleses.

Aunque participaron cañones de todas las procedencias, la gran mayoría de los puertos involucrados eran los del cantábrico oriental, de San Vicente de la Barquera a Fuenterrabía, y la mayoría de los participantes eran marinos vasco- montañeses.

El rey inglés Eduardo III protestó en numerosas ocasiones por daños recibidos de flotas castellanas (vascas-santanderinos, gallegos y astuarianos) que atacaban a los barcos ingleses. Los puertos castellanos acusados eran:

Fuenterrabía, San Sebastián, Guetaria, Motrico, Bermeo, Portugalete, Castro Urdiales, Laredo, Santander, San de la Barquera, Avilés, Ribadeo, La Coruña, Noia, Ponte Bayona del Miño..

Las batallas tenidas con la marina inglesa fueron constantes, y la mayoría de los encuentros fueron victorias para las armas castellanas que forjaron así una hegemonía en el Atlántico que duraría varios siglos.

Por ejemplo, en la importante victoria de La Rochela sobre los ingleses (1372), recogida por Froissart en sus famosas Crónicas, describe las hazañas marinas de la escuadra guipuzcoana y su adelantado mayor, Rui Díaz de Roj, a las órdenes del almirante Bocanegra, que regresó triunfante a Santander cargado de botín y prisioneros ingleses.

En 1375 la escuadra castellana capturó ochenta y cinco naos inglesas y en 1377 las escuadras castellana y francesa, a las órdenes de los almirantes Sánchez de Tovar y Vienne, saquearon numerosas ciudades costeras inglesas.

Al año siguiente, tras una nueva derrota inglesa, desembarcaron los castellanos en Cornualles, dedicándose de nuevo al saqueo y la destrucción. En 1380 veinte galeras castellanas remontaron el Támesis e incendiaron varias poblaciones (Gravesend, Winchelsea) no lejos de Londres.

En 1419 los castellanos, dirigidos por el montañés Rui Gutiérrez de Escalante y el alavés Fernán Pérez de Ayala, atacaron duramente el ducado de Bretaña y Bayona, quemaron San Juan de Luz y Biarritz y asolaron la tierra de Burdeos (dominios británicos).


Tras las victorias francesas en años sucesivos fue quedando reducida la presencia inglesa al ducado de Aquitania, que fue atacado por tierra por el ejército francés y por mar por las armadas franco-castellanas a Bayona, una de las últimas resistencias inglesas, fue atacada por mar las naves guipuzcoanas hasta su definitiva rendición.


La Hermandad de las Marismas

Los puertos del Cantábrico fueron creciendo en importanci~ influencia, monopolizando el comercio exterior castellano y proveyendo de los barcos y marinos que dieron a Castilla la hegemonía er Atlántico.

Para mejor organizarse y defender sus intereses, tendieron a ir formando asociaciones entre ellos. La primera asociación de la que se tiene noticia es la de Castro Urdiales, Laredo, Santander y San Vicete de la Barquera, que empezaron a ser conocidas en conjunto como Cuatro Villas.

Estos cuatro puertos más otros de la cornisa se organizaron con posterioridad en una agrupación con el fin de velar por comunes intereses: la Hermandad de las villas de la Marina de Castellana también conocida como Hermandad de las Marismas.

Si bien su existencia de facto es anterior, en mayo de 1296 se reunieron en Castro Urdiales los procuradores de dicha villa, Santander, Laredo, Bermeo, Guetaria, San Sebastián, Fuenterrabía y Vitoria cor fin de organizarse para mejor defender sus intereses comerciales y derechos frente al poder real, celosos de conservar los derechos y exenciones que dichas poblaciones habían ido ganando por su importantisima participación en las campañas bélicas de Andalucía.

Úlima edición por tellagorri fecha: 26/Jan/06 a las 00:12. Razón: Corrección estética
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