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#1
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Donde quiera que estés, te gustará saber que por flaca que fuese la vereda no malvendí tu pañuelo de seda por un trozo de pan y que jamás, por más cansado que estuviese, abandoné tu recuerdo a la orilla del camino ni por fría que fuera mi noche, eché al fuego ni uno solo de los momentos que me diste.
Por ti brilló mi sol un día y cuando pienso en ti brilla de nuevo sin que lo empañe la melancolía de los pocos momentos compartidos. Donde quiera que estés, te gustará saber que te pude olvidar y no he querido. Que no he tirado al fuego ni una sola de las palabras que tu voz ha pronunciado. |