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La caña de bambú.
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Viejo 21/nov/07, 22:10
vamroj
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Mensajes: 117
Predeterminado La caña de bambú.

Había una vez un precioso jardín que, nada más verlo, hacía soñar. Estaba allí, junto a la casa del Señor. La puerta, siempre abierta, era invitación silenciosa para todo aquel que deseara encontrar un momento de paz y de sosiego. El mismo Señor acudía todas las tardes a pasear por su jardín.

Siempre se fijaba, en un cañaveral en el que destacaba una caña de bambú plantada, con sus hermanas.
Ciertamente, entre todas las cañas hermanas, ella , llamaba la atención . Toda la gente pensaba que era la preferida del Señor. Le encantaba verla así Era la más fuerte y recia ante los vientos invernales, e imperturbable ante los calores del verano.

Pronto se dio cuenta de que, ella, era "especial" para el Señor.

Un día se acercó el Señor al jardín y, Con mucho amor, serenidad y firmeza le dijo :

- Mi querida caña de bambú, te necesito

Ella no entendía que el Señor se hubiera dignado a dirigirse personalmente a ella. Tampoco comprendía por qué el Señor le había concedido el privilegio de decirle: "Te necesito".

Veía claramente que el Señor le hablaba con un amor especial. Por ello no le costó nada responder:

- Estoy en tu jardín, Señor, soy toda tuya... cuenta conmigo para lo que quieras.

El Señor escuchaba atentamente la respuesta disponible de la vigorosa caña de bambú. No esperaba otra cosa de su planta predilecta. Pero no quería precipitarse en su propuesta, no quería herirla, ni lastimarla. Deseaba proponerle su proyecto de amor, de tal manera, que ella lo pudiera aceptar con la misma ternura que él ponía en sus palabras. Lentamente, como si comunicara un misterio prosiguió:

- Es que, mi querida caña de bambú, para contar contigo tengo que arrancarte.

- ¿Arrancarme? ¿Hablas en serio? ¿Por qué me hiciste entonces la planta más querida de tu jardín? ¿Por qué me hiciste crecer junto a unas cañas hermanas? Por favor, Señor, cualquier cosa menos esto.

El Señor, poniendo más ternura aún en sus palabras, con la serenidad que sólo viene del amor, no retiró la propuesta:

- Mi querida caña de bambú, si no te arranco no me servirás.

Quedaron un largo rato los dos en silencio. Parecía que no sabían qué decir. Hasta el viento detuvo su ímpetu respetando el misterio. Los pajarillos del jardín olvidaron su vuelo y su canto. Lentamente... muy lentamente... la caña de bambú inclinó sus ramas y hojas, y dijo con voz muy queda:

- Señor, si no puedes servirte de mí sin arrancarme, arráncame.

- Mi querida caña de bambú -añadió el Señor-, aún no te lo he dicho todo. Es necesario que te corte las hojas y las ramas.

- Señor, no me hagas eso. ¿Qué haré yo entonces en el jardín? Seré un ser ridículo.

Y otra vez le dijo el Señor:

- Si no te corto las hojas y las ramas no me servirás.

Entonces el sol, estremecido, se ocultó. Los pájaros huyeron del jardín pues temían el desenlace. Temblando... temblando... la caña de bambú decidida y abandonada sólo pudo decir estas palabras:

- Pues... córtamelas.

Continuó el Señor:

- Mi querida caña de bambú, todavía me queda algo que me cuesta mucho pedirte: tendré que partirte en dos y extraerte toda la savia. Sin eso no me servirás.

La caña de bambú ya no pudo articular palabra.

Así el Señor del jardín arrancó la caña de bambú, le cortó las hojas y las ramas, la partió en dos y le extrajo la savia.

Después la llevó junto a una fuente de agua fresca y cristalina, muy cercana a sus campos. Las plantas de aquellas tierras del Señor hacía tiempo se morían de sed, estando tan cerca del agua. Un pequeño roquedal impedía que el agua llegara a los campos.

Con mucho cariño el Señor ató una punta de la caña de bambú a la fuente, y la otra la colocó en el campo. El agua que manaba de la fuente comenzó, poco a poco, a desplazarse hacia las tierras cercanas, también propiedad del Señor, a través de la caña de bambú.

El campo comenzó a humedecerse y reverdecer. Cuando llegó la primavera el Señor sembró arroz. Fueron pasando los días hasta que la semilla creció, y llegó el tiempo de la cosecha.

Y fue tan abundante que, con ella el Señor pudo alimentar a su pueblo.

Cuando la caña de bambú era querida, vivía y crecía sólo para sí misma...

Ahora, humilde y echada en el duro suelo del roquedal, se había convertido en prolongación de la fuente de vida que el Señor utilizaba para alimentar su casa y hacer fecundo su Reino.

¿Qué quieres que haga por ti?...

Y tú, ¿qué estás dispuesto a hacer por mí?.

El sacrificio era su forma de decirte que le amaba . Tanto,que estaba dispuesta a renunciar a si misma para que la casa del Señor fuese un lugar de felicidad para él y los suyos.
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