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RECONCILIACIÓN Y PERDÓN EN LA FAMILIA

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  #1  
Viejo 8/Jan/03, 13:01
anonimo
Novato
 
Fecha de ingreso: 19/Sep/05
Mensajes: 628.758
Predeterminado RECONCILIACIÓN Y PERDÓN EN LA FAMILIA

Parte esencial y permanente del cometido de santificación de la familia cristiana es la acogida de la llamada evangélica a la conversión, dirigida a todos los cristianos que no siempre permanecen fieles a la «novedad» del bautismo que los ha hecho «santos». Al negarse con frecuencia a reconocer a Dios como su principio, rompe el hombre la debida subordinación a su fin último, y también toda su ordenación tanto por lo que toca a su propia persona como a las relaciones con los demás y con el resto de la creación. Tampoco la familia es siempre coherente con la ley de la gracia y de la santidad bautismal, proclamada nuevamente en el sacramento del matrimonio.


Conflictos y reconciliación en familia

La comunión familiar puede ser conservada y perfeccionada sólo con un gran espíritu de sacrificio. Exige, en efecto, una pronta y generosa disponibilidad de todos y cada uno a la comprensión, a la tolerancia, al perdón, a la reconciliación. Ninguna familia ignora que el egoísmo, el desacuerdo, las tensiones, los conflictos atacan con violencia y a veces hieren mortalmente la propia comunión: de aquí las múltiples y variadas formas de división en la vida familiar. Pero al mismo tiempo, cada familia está llamada por el Dios de la paz a hacer la experiencia gozosa y renovadora de la «reconciliación», esto es, de la comunión reconstruida, de la unidad nuevamente encontrada. En particular la participación en el sacramento de la reconciliación y en el banquete del único Cuerpo de Cristo ofrece a la familia cristiana la gracia y la responsabilidad de superar toda división y caminar hacia la plena verdad de la comunión querida por Dios, respondiendo así al vivísimo deseo del Señor: que «todos sean una sola cosa» (Jn 17, 21).



Sacramento de la Penitencia y paz en familia

El arrepentimiento y perdón mutuo dentro de la familia cristiana que tanta parte tienen en la vida cotidiana, hallan su momento sacramental específico en la Penitencia cristiana. Respecto de los cónyuges cristianos, así escribía Pablo VI en la encíclica Humanae vitae: «Y si el pecado les sorprendiese todavía, no se desanimen, sino que recurran con humilde perseverancia a la misericordia de Dios, que se concede en el Sacramento de la Penitencia» (n. 25).

Hay que descubrir a Cristo como mysterium pietatis, en el que Dios nos muestra su corazón misericordioso y nos reconcilia plenamente consigo. Éste es el rostro de Cristo que conviene hacer descubrir también a través del sacramento de la penitencia que, para un cristiano, es el camino ordinario para obtener el perdón y la remisión de sus pecados graves cometidos después del Bautismo.

La celebración de este sacramento adquiere un significado particular para la vida familiar. En efecto, mientras mediante la fe descubren cómo el pecado contradice no sólo la alianza con Dios, sino también la alianza de los cónyuges y la comunión de la familia, los esposos y todos los miembros de la familia son alentados al encuentro con Dios «rico en misericordia» (Ef 2, 4), el cual, infundiendo su amor más fuerte que el pecado, reconstruye y perfecciona la alianza conyugal y la comunión familiar.

Esta capacidad depende de la gracia divina del perdón y de la reconciliación, que asegura la energía espiritual para empezar siempre de nuevo. Precisamente por esto, los miembros de la familia necesitan encontrar a Cristo en la Iglesia a través del admirable sacramento de la penitencia y de la reconciliación.


(PARA MANILA 2.003)
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  #2  
Viejo 8/Jan/03, 13:01
anonimo
Novato
 
Fecha de ingreso: 19/Sep/05
Mensajes: 628.758
Predeterminado El alimento del amor

Más que una caricia, más que una palabra, esta la vida que compartimos y construimos juntos.

Un famoso maestro se encontró frente a un grupo de jóvenes que estaban en contra del matrimonio. Los muchachos argumentaban que el romanticismo constituye el verdadero sustento de las parejas y que es preferible acabar con la relación cuando éste se apaga en lugar de entrar en la hueca monotonía del matrimonio. El maestro les dijo que respetaba su opinión, pero les relató lo siguiente:

Mis padres vivieron 55 años casados. Una mañana mi mamá bajaba las escaleras para prepararle a papá el desayuno y sufrió un infarto. Cayó. Mi padre la alcanzó, la levantó como pudo y casi a rastras la subió a la camioneta. A toda velocidad, rebasando, sin respetar altos, condujo hasta el hospital. Cuando llegó, por desgracia, ya había fallecido.

Durante el sepelio, mi padre no habló; su mirada estaba perdida. Casi no lloró. Esa noche sus hijos nos reunimos con él. En un ambiente de dolor y nostalgia recordamos hermosas anécdotas; él pidió a mi hermano teólogo que le dijera dónde estaría mamá en ese momento. Mi hermano comenzó a hablar de la vida después de la muerte, conjeturas de cómo y dónde estaría ella. Mi padre escuchaba con atención, de pronto pidió que lo lleváramos al cementerio. "Papá", respondimos, "son las 11 de la noche! no podemos ir al cementerio ahora".

Alzó la voz y con una mirada vidriosa dijo: "No discutan conmigo por favor, no discutan con el hombre que acaba de perder a la que fue su esposa por 55 años". Se produjo un momento de respetuoso silencio, no discutimos más.

Fuimos al cementerio, pedimos permiso al velador, con una linterna llegamos a la lápida. Mi padre la acarició, oró y nos dijo a sus hijos que veíamos la escena conmovidos: "Fueron 55 años......¿saben?, nadie puede hablar del amor verdadero si no tiene idea de lo que es compartir la vida con una mujer así". Hizo una pausa y se limpió la cara. "Ella y yo estuvimos juntos en aquella crisis. Cambié de empleo", continuó. "Hicimos el equipaje cuando vendimos la casa y nos mudamos de ciudad. Compartimos la alegría de ver a nuestros hijos terminar sus carreras, lloramos uno al lado del otro la pertida de seres queridos, rezamos juntos en la sala de espera de algunos hospitales, nos apoyamos en el dolor, nos abrazamos en cada Navidad, y perdonamos nuestros errores...

Hijos, ahora se ha ido y estoy contento, ¿saben por qué?, porque se fue antes que yo, no tuvo que vivir la agonía y el dolor de enterrarme, de quedarse sola después de mi partida. Seré yo quien pase por eso, y le doy gracias a Dios. La amo tanto, que no me hubiera gustado que sufriera...".

Cuando mi padre terminó de hablar, mis hermanos y yo teníamos el rostro empapado de lágrimas. Lo abrazamos y él nos consoló: "Todo está bien, podemos irnos a casa; ha sido un buen día".

Esa noche entendí lo que es el verdadero amor; dista mucho del romanticismo, no tiene que ver demasiado con el erotismo, ni con el sexo, mas bien se vincula al trabajo, al complemento, al cuidado y, sobre todo, al verdadero amor que se profesan dos personas realmente comprometidas".

Cuando el maestro terminó de hablar, los jóvenes universitarios no pudieron debatirle; ese tipo de amor era algo que no conocían. Ojalá algún día puedas encontrar un amor así, y si lo encuentras, jamás, pero jamás lo dejes ir...


Erik Larsen


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  #3  
Viejo 8/Jan/03, 17:05
anonimo
Novato
 
Fecha de ingreso: 19/Sep/05
Mensajes: 628.758
Predeterminado Un testimonio desde la verdad.


Este es un testimonio que estoy segura os va a escandalizar. Lo siento. No es mi intención ofender, sólo manifestar la verdad de lo que siento.

Enitendo perfectamente lo que dices. Yo siento eso que tu dices por mi marido porque lo quiero más que a nada en el mundo precisamente porque he compartido una vida con él desde hace 25 años. Se que no lo dejaría por nadie en este mundo, pero también se que eso es cariño, vinculo, respeto, y un largo etc. Es el mejor hombre que una mujer pudiera soñar, por eso lo quiero y sobre todo lo respeto.

Sin lugar a dudas, eso es absolutamente valioso por no decir maravilloso. Se lo que tengo y lo valoro. Se que es mi hogar y el lugar espiritual a donde uno siempre vuelve para refugiarse de la vida y del mundo que está más allá de las paredes de nuestra casa, física y espiritual. A pesar de todo eso, mi alma no puede dejar de sentir que quien le proporciona la ilusión para vivir no es él. y no es él quien provoca en mi un deso irrefrenable de compartir cada soplo de aire o cada rayo de luz, cada sensación o cada sueño.No, no es él y esa, y sólo esa, es la verdad.Lo demás son formas sociales.
Hay una persona a la que amo aunque tal vez no la quiera de la forma en la que quiero a mi marido.Es otra forma de amor la que siento por ella, y por supuesto, no es una pasión sexual. Se que nunca podré compartir mi vida con esa persona. Lo sé. No ya porque no sea posible, porque aún siendolo yo nunca rompería mi hogar, ni el hogar de los demás. Es un principio. Me aparto precisamente por eso, pero ¡ Dios mío!. ¡Cuanto me duele no poder sentirla cerca de mi!. Mi vida es como un campo yermo, donde teniendolo todo no penetra la luz que emana de él porque él, es mi luz.
El amor que siento es tan intenso y tan puro como puede ser el que siento por mi marido. No me siento culpable por sentir ese amor,ni tampoco creo que ofenda ni a Dios, ni a mi familia.No, doy gracias a Dios porque él lo ha sembrado en mi corazón aunque El ya sabía que no produciría fruto, que sólo causaría dolor. No importa. Es suficiente porque brotó en mi corazón y es tan importante para mi como pueda ser el de mi marido.

Tal vez no consideraréis propio insertar un mensaje como este. Lo siento. Pero decir lo contrario, sería una hipocresía por mi parte.
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  #4  
Viejo 8/Jan/03, 17:05
anonimo
Novato
 
Fecha de ingreso: 19/Sep/05
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Predeterminado Re: Un testimonio desde la verdad.


" Ama el mensaje que te envian las estrellas, pero no olvides encender el fuego en tu hogar."

P. Alemán.
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