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Viejo 29/Jun/03, 22:10
anais42
Novato
 
Fecha de ingreso: 19/Sep/05
Mensajes: 6
Predeterminado Curiosidades históricas

De todos es sabido que el rey (Felipe II) participaba con sus súbditos de cosas extraordinarias o, al menos para la época, prodigiosas. Y la mayoría de gentes se asombró cuando el día 9 de octubre de 1583, a las dos de la tarde, entró por el jardín (del monasterio) un elefante conducido por un hombre de tez oscura, subido al pescuezo del animal, que el mismo rey había mandado traer desde Madrid, con el fin de formar jolgorio y asombro entre el paisanaje. En las calles, el caballero que lo guiaba y conducía hacía con el portentoso animal lo que quería; así, tan pronto reverenciaba al rey, como tiraba toda su corpulencia por los suelos, o bien comía, ayudándose de la trompa, frutas y toda clase de verduras que entre tanta algarabía y alboroto le daban. Este elefante se paseó incluso por el colegio, por los claustros subiendo por la escalera principal, y llegó a entrar en la celda del vicario.
En otras ocasiones mostró el rey al pueblo animales desconocidos por estas latitudes, como el 16 de octubre del mismo año en que mandó sacar un rinoceronte por la calle de la Abada al jardín, y como resultó que el día fue extremadamente caluroso le echaron muchos cubos de agua por la cabeza y todo el cuerpo. La bestia se refrescó y dio muestras de su agrado revolcando todo su ser por el suelo. Este animal, que aparecía melancólico y triste, aparte de ser feo e ingrato, pues incluso arremetía contra los que de su bienestar estaban al cuidado, era portador de un largo cuerno que resultaba temible. Su visión confundió al pueblo llano, que lo tomaba por lo que no era y lo confundía con un unicornio.
Durante siglos se confundieron ambos animales, no así en el reinado de Felipe II, puesto que por entonces el rinoceronte había sido descrito por Cristóbal Acosta. En cuanto al unicornio, un animal fabuloso y fantástico, seguía entre las brumas del misterio y la magia, siendo representado por unos con la figura de un caballo con un cuerno recto en la frente, a la que otros añadían una pequeña barba de chivo y pies bifurcados.

Besos
anais
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