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Viejo Ayer, 19:07
caesear
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Predeterminado Conflicto del Beagle

" La crisis con Argentina de los años 1977/1978 fue afrontada con una destacada participación de la Escuadra al mando del contralmirante Arturo Troncoso Daroch (1977) y del vicealmirante Raúl López Silva (1978-1979). Formaban parte permanentemente de ella el CL "Prat" (Capitán de Navío Eri Solís Oyarzun), el CL "Latorre" (Capitán de Navío Sergio Sánchez Luna), el DDG "Williams" (Capitán de Navío Ramón Undurraga Carvajal), el DDG "Riveros" (Capitán de Navío Hüber von Apeen), la PFG "Lynch" (Capitán de Fragata Humberto Ramírez Olivarí), la PFG "Condell" (Capitán de Fragata Erwin Conn Tesche), el DD "Zenteno" (Capitán de Fragata Arturo García Petersen), el DD "Portales" (Capitán de Navío Mariano Sepúlveda Matus), el DD "Blanco Encalada" (Capitán de Fragata Jorge Fellay Fuenzalida), el DD "Cochrane" (Capitán de Navío Carlos Aguirre Vidaurre-Leal), el AO "Araucano" (Capitán de Navio Jorge Grez Casarino) y el AGS "Aldea" (Capitan de Corbeta Octavio Bolelli Luna). Fueron asignados y segregados a lo largo del año a la Escuadra, el ATF "Yelcho" (Capitan de Corbeta Gustavo MArin Watkins), el PP "Lientur" (Capitán de Corbeta Ariel Rozas Mascaró) y el AOG "Beagle" (Capitán de Corbeta Sergio Jarpa Gerhard).
La Tercera Zona Naval se encontraba al mando del contralmirante Luis de los Ríos Echeverría, siendo sus principales medios navales, las torpederas destacadas en la zona del Beagle y diversas unidades que debían cumplir un importante papel de apoyo a las otras fuerzas navales chilenas en caso de hostilidades en ese teatro, tales como el APD "Serrano" (Capitán de Fragata Rodolfo Calderón Aldunate), el APD "Uribe" (Capitán de Fragata Adolfo Carrasco Lagos), el APD "Orella" (Capitán de Fragata Raúl Manríquez Lagos), el LST "Araya" (Capitán de Fragata Gastón Silva Cañas) y el ATA "Colo-Colo" (Capitán de Corbeta Sergio del Campo Santelices). También cumplió operaciones en el teatro de operaciones austral el AP "Pardo" (Capitán de Fragata Gustavo Pfeifer Niedbalski).
Las fuerzas de infantería de marina en el área o desplazadas desde el centro llegaron a ser, durante 1978, los destacamentos "Cochrane" y "Miller", La Escuela de Infantería de Marina y otras unidades menores. El Comandante General del Cuerpo era en la época el contralmirante IM Sergio Cid Araya y el oficial de mayor jerarquía en el teatro fue el Capitán de Navío IM Pablo Wunderlich Piderit, que llegó a comandar una brigada de esta fuerza de apoyo operativo.
La Aviación Naval de la época jugó también un papel importante con sus medios de exploración aeromarítima arribados a Chile en los últimos meses de dicho año y con los helicópteros embarcados en la Escuadra. Comandaba esta fuerza de apoyo operativo, el Capitán de Navío Sergio Mendoza Rojas. En tierra, en la zona austral, los medios aeronavales estaban al mando del Capitán de Fragata Claudio Aguayo Herrera y en el aire eran mandados por el Capitán de Corbeta René Maldonado Bouchon.
La fuerza de submarinos cumplió sus misiones al mando del contralmirante Osvaldo Schwarzemberg Stegmaier con tres unidades, los submarinos "Simpson", "O'Brien" y "Hyatt", este último, incorporado solamente en 1977. Estos buques estaban al mando, respectivamente, de los Capitanes de Fragata Rubén Scheing Navarro, Juan Mackay Barriga y Ricardo Kompatzki Contreras.
En el área conflictiva inmediata, al actividad principal en los años 1977 y 1978, estuvo a cargo del distrito naval Beagle, al que estaban asignadas diversas unidades navales, entre ellas, las pequeñas torpederas que siempre jugaron un papel muy importante. A una de ellas, le correspondió investigar el 22 de mayo de 1977, la instalación de una baliza luminosa por parte de la Armada Argentina en el islote Barnevelt, que siempre ha sido chileno. Paradojalmente, la instalación se hizo en forma subrepticia, la misma noche que terminaban las celebraciones del 21 de Mayo en la Estación Naval de Puerto Williams, con asistencia del comandante de la Base Naval de Usuahia, quien hizo entrega de una lámpara de artesanía que representaba un faro o baliza, como recuerdo simbólico de ese encuentro.
Otra contribución de la Armada durante la crisis de los años 1977-1978 fue la participación de sus expertos, en apoyo a las gestiones diplomáticas narradas anteriormente. Hubo numerosos encuentros en que participaron diplomáticos y marinos chilenos con sus pares trasandinos en busca de un acuerdo que evitase la guerra. En ellos, se consensuaron algunos puntos pero en el tema principal, el referente al Beagle, no se logró prácticamente nada.
En diciembre de 1978 todo hacía presagiar un inminente conflicto bélico. Los aprestos, al otro lado de Los Andes, eran muy notorios, causando una enorme inquietud en la población. En Chile, eran muy discretos. El fracaso de una última gestión diplomática, a mediados de diciembre de 1978, se debió a que, estando de acuerdo los cancilleres de ambos países, el Presidente de Argentina fue desautorizado por la Junta que gobernaba el país y que era el poder supremo, y éste desautorizó los acuerdos de su ministro.
El 19 de diciembre de 1978, después del fracaso de una última gestión diplomática bilateral, efectuada por los cancilleres de ambos países en Buenos Aires la semana anterior, el ministro Cubillos declaró a la prensa:" Nosotros estamos dispuestos a ir a la guerra, si es que nos llevan a la guerra, y pelear con todas las consecuencias que eso tiene, pero queremos dejar muy en claro ante la opinión pública, que nosotros no vamos a iniciar la guerra". La tensión continuaba aumentando, y se sabía del zarpe de la Flota de Mar Argentina. El 21 de diciembre de 1978, a las 22.00 horas el Canciller Cubillos recibió un llamado de la Armada, mientras estaba en una reunión con sus colaboradores. Al finalizar la conversación, dijo a los asistentes: "Se me acaba de comunicar que aviones de nuestra armada han detectado en la zona del Cabo de Hornos, navegando en posición de ataque, a la flota de guerra de la marina argentina. Hay una observación permanente. Se acentúa el control en el área. Nuestra Armada ya ha tomado posiciones. El llamado a actuar será cursado en cualquier minuto". En ese clima prebélico, Chile invoca el Tratado Interamericano de Asistencia Reciproca y solicita una reunión urgente de Consulta Hemisférica para resolver la disputa con Argentina por la zona del Beagle.
La madrugada del 22 de diciembre encontró a las fuerzas armadas chilenas, ocupando sus puestos de combate. En la zona del conflicto, en tierra, era particularmente importante la participación de la Infantería de Marina que se encontraba desplegada en posiciones defensivas en las tres islas de la desembocadura del canal Beagle y en numerosas islas e islotes del área entre ese canal y el Cabo de Hornos, dentro del territorio nacional establecido por el Laudo y delimitado por las líneas de bases rectas declaradas en 1977. Los infantes de marina se encontraban cumpliendo un papel que no es habitual para esta fuerza de carácter ofensivo. Habían permanecido durante meses en esos parajes deshabitados, desafiando las inclemencias del clima hostil, protegidos por defensas que ellos mismos habían levantado, infatigablemente. Para ello, habían sido permanentemente apoyados por buques y aeronaves de la Tercera Zona Naval.
La Escuadra de Chile, entretanto, se encontraba desplegada en la zona autral. Seguiremos la etapa mas crítica de la actuación de las fuerzas navales y terrestres, por intermedio de las declaraciones de los entonces vicealmirante López y comandante Wunderlich, a un programa de televisión, que ha sido exhibido por lo menos dos veces en Chile.
A comienzos de 1978 el Almirante Merino le expresó al vicealmirante López, en los dias en que asumía su cargo de Comandante en Jefe de la Escuadra, que la preparara con esmero, porque ese año sería muy difícil. Para ello, le proporcionó los medios (petróleo, munición, personal). La Escuadra realizó una primera etapa de operaciones en la zona austral entre marzo y abril de 1978.
El entrenamiento fue muy riguroso, incluyendo estadías en diversos puntos de la zona austral. Una de las fortalezas de la fuerza naval chilena, era la posibilidad de mantenerse en sus fondeaderos de guerra. Eso podría hacerlo en operaciones reales, mientras contase con buenas informaciones, sobre la posición de los adversarios de entonces. La exploración aeromarítima y el resto de los medios para informarse eran cruciales. Los buques efectuaban también ejercicios o patrullaban las aguas oceanicas, preparados para la acción. Las unidades navales de esta fuerza habían sido mimetizadas con colores apropiados para el área, y los cruceros clase Brooklyn, que tenían cubiertas de teca, las habían pintado gris, para hacerlas menos evidentes a la observación desde el aire. Otra operación en la zona austral, se realizó desde octubre, hasta comienzos de diciembre, en que los buques regresaron a la zona central a reabastecerse y dar un breve descanso al personal. En esta condición, de máxima operatividad, la Escuadra celebró el a udel zarpe de la primera fuerza naval organizada, hacía 160 años. Con este motivo, el almirante López envío un mensaje a todos los buques, para ser leído simultáneamente a primera hora, recordando las imprescriptibles ordenes impartidas por el Director Supremo Bernardo O’Higgins en dicha ocasión y que señalan la obligación de esta fuerza de “atacar siempre para vencer, no retroceder jamás en la acción empeñada y morir con la bandera al tope antes de ser capturados, si la victoria se hace esquiva”.
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Viejo Ayer, 19:07
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A comienzos de la segunda semana de diciembre de 1978, la Escuadra nuevamente se dirigió a aguas australes, en medio de una creciente crisis. Una vez desplegada, actuó a menudo organizada en dos agrupaciones (Bronce y Acero). Una tenía como buque insignia al CL “Prat” y formaban parte de ella los siguientes buques:”Williams”,”Riveros”,”Lynch” y “Condell”. La otra, tenía al CL”Latorre” como buque insignia y formaban parte de ella el “Zenteno”, “Portales”, “Blanco” y “Cochrane”. Los buques operaron en la zona austral hasta comienzos de 1979, en que regresaron algunos a Talcahuano y otros a Valparaíso.
El Comandante Wundelich, en sus declaraciones a la televisión, dijo que la orden que tenían sus infantes de marina era la de resistir y nunca disparar el primer tiro. Sin embargo, si tenía éxito en el papel defensivo, que debió asumir an la zona mas conflictiva, se podía esperar que pudiese pasar, de la defensa al ataque.
El Almirante López, recuerda la última vez que zarpó en 1978, para dirigirse con su escuadra a la zona austral. Al despedirlo, el Almirante Merino le dijo simplemente: “Ándate al sur, y gana la guerra”. Al frente, podría encontrar a la Flota de Mar Argentina, compuesta por un portaviones, un crucero de la misma clase que dos de los chilenos, cuatro destructores, cuatro fragatas y dos corbetas. La fuerza naval de superficie del vecino pais contaba con cuatro unidades mas que la chilena, y la fuerza de submarinos estaba compuesta por cuatro unidades, un mas que la chilena. El buque mas peligroso del adversario de entonces, era el portaviones, con sus ocho aviones de combate. Su operación no era facil, especialmente en las maniobras de despegue y aterrizaje, dadas las condiciones del mar y visibilidad prevalecientes en el area.
El Almirante López se refiere asi a la etapa mas conflictiva de la crisis. “El momento mas dramático fue cuando recibimos ordenes de la Comandancia en Jefe de la Armada, de salir a buscar a la Flota de Mar argentina y oponernos a cualquier intento de desembarco o agresión. Me acuerdo hoy, casi textualmente, lo que me decía el Almirante Merino el dia de mayor tensión: “Prepararse para iniciar acciones de guerra al amanecer. Agresión inminennte. Buena suerte.” Continua diciendo el vicealmirante López: “Cuando salimos de nuestros fondeaderos de guerra, al área donde podíamos esperar peligro de submarinos, fue un momento de mucha tensión. Para mí, como persona, lo fue cuando íbamos decididos a buscar a la Armada de Argentina y si la encontrábamos, a combatirla. Era mi problema conducir en la forma mas eficiente hacia el combate a esos cinco mil y tantos hombres bajo mi mando. En el personal vi un entusiasmo que era enorme, porque llevábamos tanto tiempo esperando este momento que cuando se les comunicó que ya no se tocaría zafarrancho general de combate para ejercicio, sino que, cuando sonase la alarme significaría que teníamos al adversario al frente, dispuestos ellos a agredirnos y nosotros a defendernos, creo que salió un grito, por lo menos en el crucero en que estaba mi insignia diciendo: ¡¡Por fin…..Viva Chile!!
El entusiasmo de las dotaciones de debía en parte a la conducción d sus comandantes y oficiales. El Capitán de Corbeta Gustavo Marin Watkins mandaba la mas pequeña unidad asignada para apoyar la Escuadra. Hasta ella, dice, “llegó el almirante López y nos dirigió una impresionante arenga antes del zarpe de los fondeaderos de guerra, que entusiasmó a la dotación”.
En diciembre de 1978 e tiempo había sido particularmente malo en la zona austral. El día 22 amaneció con un temporal desatado en el área del Beagle, cuando las fuerzas chilenas se encontraban listas para rechazar cualquier intento de invasión. La exploración aeromarítima informaba del difícil avance de los buques argentinos en medio de la tormenta. Mas tarde, reportaron que estas habían efectuado un viraje de 180º y que retromarchaban hacia la isla de los Estados.
Consideramos importante insertar la narración de un autor argentino:
…”desde el extremo sur, llegaban a Buenos Aires, informaciones de que el tiempo, allá abajo, era pésimo, con borrascas, mar agitado y violentos chaparrones. Además, los pronósticos no presagiaban nada bueno, ya que el tiempo, se adelantaba, no mejoraría rápidamente. En esas condiciones, las naves que alojaban a los infantes de marina, que deberían tocar tierra tras abandonar sus lanchas de desembarco, ondeaban violentamente y, en el puente de vuelo del portaviones “25 de Mayo”, los helicópteros artillados eran bañados por la lluvia y sacudidos por el viento ululante. En esas condiciones, ni los buzos tácticos de la armada, podían acercarse para reconocer el terreno, ni los vehículos anfibios (VAO) con 22 hombres cada uno, intentar un aproximación. El “baile” era impresionante. Era noche cerrada, y la tormenta parecía no calmarse nunca. En esas condiciones, el desembarco no podía realizarse. Era, quizás, la intervención de la Providencia, que acudía a darles la mano a los hombres de buena voluntad”
Las versiones de los dos periodistas, el chileno Tapia y el argentino Passarelli, son muy coincidentes en señalar que el mal tiempo fue un factor decisivo en la detención de la agresión en curso. El último de los nombrados agrega una narración de su connacional, el contralmirante Barbuzzi, que le expresó al Nuncio Apostólico en la capital de su país:
“….las olas eran impresionantes, de 12 metros de altura, y el mar estaba tan encrespado que ara, inimaginable siquiera intentar una maniobra de aproximación a las islas”. Asimismo, según Passarelli, el marino “evocó que la moral de los infantes de marina que entrarían en acción era alta, pero que las olas causadas por el mal tiempo, también habían causado estragos entre ellos. Muchos estaban descompuestos. La mayoría esperó horas rezando o cantando en voz baja”.


La Armada de Chile, desde la Alborada hasta el final del siglo XX
Desde el sesquicentenario (1968) hasta el final del siglo XX

Carlos Tromben Corvalán (Capitán de Navío (R)
Editado por Revista de Marina
Armada de Chile

Para terminar, quiero citar una opinión vertida por don José Miguel Barros Franco, a comienzos de 1999, en que después de hacer una síntesis de los hechos, expresa:” se comprenderá la desazón que me han causado discursos recientes, en que se coloca en igual pie, a Chile y a Argentina, en este cuasi conflicto de 1978, como si ambos gobiernos hubieran tenido la misma culpa en esos lamentables sucesos. Ante tales expresiones retóricas, me limito a destacar un hecho inamovible. Mientras nuestros vecinos buscaban agredirnos, en razón del fallo del Beagle, nosotros estábamos defendiendo el Derecho Internacional y la validez de una sentencia dictada conforme a él. Es necesario destacarlo, en vista del atentado contra la verdad que se perpetra por ignorancia o por olvido”.


Cita:
Escrito por caesear
" 2º parte”.
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Viejo Ayer, 19:07
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"Ese mismo día (15 de diciembre) se recibió una información urgente en la Cancillería chilena, que indicaba que la Flomar se encontraba a 200 millas de la zona del Beagle y que existía la posibilidad de que intentara realizar un desembarco en alguna de las islas en disputa; pero no solamente el Estado Mayor de la Defensa Nacional había recibido esa noticia, pues quince minutos mas tarde, el embajador de Chile en Brasil, Fernando Zegers, se comunicaba con el Canciller Cubillos para informarle que había recibido informaciones, de buena fuente, que señalaban que la flota trasandina intentaría el desembarco; casi simultáneamente la embajada de los EE.UU. indicaba tener antecedentes que a las cuatro de la mañana, las fuerzas argentinas ocuparían las islas Evout, Barnevelt y Hornos.
En ese momento, la Escuadra chilena se encontraba en faenas de petróleo en Chiloé, por lo que recibió ordenes de zarpar, a máxima velocidad, al TOA.
Ese mismo día, a las 17.30 horas, el grupo mas duro del Ejercito argentino, le doblaba la mano al Presidente Videla y fijaba el plazo máximo de una semana para iniciar el "operativo soberanía", el cual contemplaba que antes que se iniciara la hora "H", debía comenzar la ocupación militar a cargo de la Flomar y de la infantería de marina, previo al ataque terrestre en diversos puntos de la frontera. A partir de ese momento, el Teniente General Videla, comenzó a hacer lo imposible para alcanzar algún entendimiento con nuestro país.
En las últimas semanas habían zarpado desde el puerto de Buenos Aires varios buques repletos de soldados con destino al sur, y cargueros con vehículos blindados en sus bodegas, además de una orden que, a contar del día 20, los ferrocarriles argentinos pasarían a control militar, al igual que los canales de televisión.
El jueves 14 de diciembre se había cumplido la etapa de movilización de las fuerzas regulares y parte de los reservistas a los gritos de "¡Viva la Patria, mate un chileno!"
El general Luciano Benjamin Menéndez, en una arrebatada intervención, con un estilo brutal que fascinaba a sus subordinados, instaba a "terminar con esta perdida de tiempo que son las charlas con los chilenos, ya que han fracasado y no llevan a ninguna parte" y a fijar, sin nuevas ni ulteriores dilaciones la fecha del ataque.
El "operativo soberanía" contemplaba que la ofensiva militar se iniciaría el viernes 22 de diciembre de 1978, a partir de las 20 horas, esto era, dos horas antes de la hora "H", en que la Flomar y la infantería de marina ocuparían las islas Wollaston y Hornos. Dos horas después, desembarcaría en las islas Picton, Nueva y Lennox, logrando así el control del canal de Beagle,
El ataque lo efectuaría la Flomar, dividida en dos grupos de tarea; el primero, apoyaría la conquista de las islas, situándose en la boca oriental del canal de Beagle, mientras el segundo, lo haría en la salida oriental del Estrecho de Magallanes, cuyo objetivo sería Punta Arenas o Puerto Williams.
A medianoche empezaría la ofensiva terrestre, en la zona de Santa Cruz, tratando de conquistar el Massimo de territorio de la Patagonia,
Simultáneamente, la aviación trasandina realizaría bombardeos estratégicos y a las seis de la mañana del sábado 23, procedería a la destrucción de los aviones de la Fuerza Aérea de Chile en tierra.
A las doce de la noche, una división del ejercito debía irrumpir hacia Puerto Natales y Punta Arenas, mientras que otra avanzaría por el Paso Puyehue, con dirección hacia Osorno y Puerto Montt, mientras que el General Luciano Benjamin Menéndez, lo haría desde Mendoza, hacia Santiago y Valparaíso.
El 15 de diciembre, en Chile, se decretó la movilización secreta de las fuerzas armadas y cuatro días después, el Canciller Cubillos declaraba:
"Nosotros estamos dispuestos a ir a la guerra, si es que nos llevan a la guerra, y pelear con todas las consecuencias que ello tiene, pero queremos dejar muy en claro ante la opinion publica, que nosotros no vamos a iniciar la guerra".
El martes 19, Argentina pondría en ejecución el "operativo soberanía" y el jueves 21, en un ejemplo de cinismo, el embajador trasandino ante las Naciones Unidas, Enrique Ros, acusó a nuestro país, ante su Consejo de Seguridad de "las medidas ilegales chilenas, que por su carácter militar, entrañaban un renovado peligro para la paz y la seguridad internacionales, pues alteran el satus quo de la región".
Con su denuncia, hacia ver que las islas en conflicto y otra serie de archipiélagos que las circundaban, habían sido ocupadas por Chile, sin hacer presente que aquella región, desde siempre había sido chilena.
Si no fuera por lo trágico, la presentación sería de una ironía extrema, pues su objetivo era hacer presente que Chile se encontraba ocupando territorios argentinos y que, por lo tanto, existía casus belli, ya que lo que pretendían era recuperar lo suyo por la fuerza.
Entretanto el Canciller trasandino declaraba que se había agotado el tiempo de las palabras y comenzaba el tiempo de la acción en las relaciones con Chile, por lo que el vicealmirante López ordenó zarpar a sus buques, desde sus fondeaderos de guerra, para ir al encuentro de la Flomar que se encontraba a cuatro horas de detección electrónica y a seis de alcance de fuego.
Recordando los preparativos de la invasión, un historiador argentino escribió:
"La operación no estaba planeada como un golpe de mano sobre las islas en disputa. Consistía, nada más ni nada menos, que llevar la guerra total al territorio chileno. Suponía cruzar la cordillera, enviar la flota argentina al encuentro de su rival, bombardear por aire puntos estratégicos, para finalmente forzar al enemigo a librar una batalla terrestre decisiva, imponerle al gobierno y al pueblo de Chile la condición de que reconociera que las islas eran nuestras, y arbitrar las medidas para impedir, en forma definitiva, todo ulterior intento chileno de expandirse territorialmente a nuestra costa".
Para prevenir un ataque sorpresivo, nuestro país pidió al gobierno de los Estados Unidos, el envío de observadores militares, para que apreciaran la situación existente, pero éste, lavándose las manos, respondió que no le era posible acceder a la solicitud, a menos que hubiera un acuerdo entre Chile y Argentina, y que otros países participaran además en la iniciativa. Para resguardar su imagen ante la historia, el Presidente Carter contestó al General Pinochet el 15 de diciembre:
"Estoy preocupado de que la movilización militar en curso pueda resultar en que los acontecimientos salgan de control y las hostilidades comiencen y escalen.
Si fuera a ocurrir una agresión por la controversia del canal Beagle, nosotros la reclamaríamos por ello vigorosamente.
Los Estados Unidos no quieren involucrarse en el fondo de este complicado asunto, Sin embargo, estaríamos preparados, si ambas partes lo desean, a consultar con otros para ayudar a desarrollar una pronta mediación por algún otro país".
Aparte del nerviosismo que por lógica tenía que presentar la situación, el personal de la Escuadra chilena, se encontraba animoso, deseoso de medirse con la Flomar y descansado, pues habían pasado los últimos días en sus fondeaderos de guerra; en cambio, la flota argentina enfrentaba un mal tiempo con un mar encrespado y olas de doce metros que afectaba su capacidad operativa, pues el portaviones "25 de Mayo" no pasaría mas que ser un blanco para el enemigo o un estorbo, pues con esas condiciones de tiempo, sus aviones no podrían despegar.
Tampoco se podrían pretender operaciones de desembarco con esas marejadas y con una infantería de marina mareada que llevaba días en sus naves sacudidas por las olas.

La aviación naval chilena detectó a las 8.15 horas del 20 de diciembre que la Flomar invertía su rumbo al norte, por lo que la Escuadra chilena regresó a sus fondeaderos de guerra.
Los analistas argentinos han insistido en que las condiciones de tiempo habrían obligado a retirarse a ambas flotas, porque el combate no podía producirse en esas condiciones, lo que parece ser la causa del retiro de la Flomar, pero no lo es de la Escuadra chilena, que en todo momento estuvo preparada para la acción.




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A las 19.19 del jueves 21, nuevamente la aviación naval chilena detectó a los buques argentinos en dirección al Cabo de Hornos, casi frente a las islas que pensaban invadir, sin nada que se interpusiera entre ellos y su objetivo, mas que el submarino “Simpson”, única unidad chilena de ese tipo, operativa en ese momento, que esperaba sumergido y con sus torpedos listos, para su aproximación.
En las primeras horas del viernes 22, la Escuadra chilena inició su desplazamiento para enfrentarse al adversario. Sabía lo que tenía que hacer y ya había recibido todas las órdenes, pero aun así, recibió un mensaje en castellano, sin codificación alguna que rezaba:
“Zarpar de inmediato y entrar en combate contra los argentinos”.
Evidentemente no se trataba de un error haberlo transmitido en lenguaje corriente, sino que era una advertencia a la Flomar, que nuestra escuadra entraría en acción.
Avanzaban los buques chilenos al encuentro de los argentinos, cuando nuestros aviones navales informaron que a las 13.22 horas la Flomar había cambiado rumbo para regresar a su base y tres minutos mas tarde, lo hacía el grupo anfibio.”

El plan de operaciones:

“El plan de operaciones argentino contemplaba que la principal parte del ataque se llevara a efecto por el Paso Puyehue, para caer sobre la ciudad de Osorno y luego seguir hacia Puerto Montt, cortando el territorio chileno y sus comunicaciones en dos. Este plan, conocido con posterioridad, difería de lo que pensaba el Ejercito chileno, en el sentido que el ataque principal se llevaría a efecto en el TOA en las cercanías de Punta Arenas.
El general argentino Martín Balza, que posteriormente alcanzaría la jefatura máxima de su institución, es un ácido crítico de los estrategas de su país; En sus memorias escribió:
“Cuando casi vamos a la guerra con Chile, escuché decir a un comandante, que bien podía tildarse de pseudo Patton: “Cruzaremos los Andes, les comeremos las gallinas y violaremos a las mujeres”. También vi cartelitos que decían “Ahora vamos al Mundial del Beagle”. Esto lo presencié personalmente, pues movilicé una unidad de artillería con motivo del conflicto. En una oportunidad de hacer un reconocimiento, en la zona del Paso Puyehue, cerca de Bariloche, dije que todo el plan era un disparate. Chile, con una actitud defensiva, estaba militarmente en una posición más fuerte que nosotros, que iniciaríamos una insensata ofensiva. Políticamente seriamos considerados invasores en el contexto internacional y condenados en consecuencia. Hasta el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca actuaría contra nosotros”.
Y más adelante expresa Balza:
“Pero, lo mas caótico y ridículo, eran los medios mas poderosos, los viejos tanques AMX-13, que iban a ser empleados en la zona de Pino Hachado, en la Provincia de Neuquén, donde penetraría en un área conocida como La Horqueta, por la boca ancha de un embudo, para terminar saliendo, encolumnados y desfilando por la boca pequeña, por un desfiladero montañoso que permitiría al adversario destruir fácilmente nuestros blindados”.

El frente Norte

Las relaciones con Perú habían mejorado notablemente desde los tiempos en que gobernaba el general Velasco Alvarado y el Canciller peruano, José de la Puente, mantenía muy cordiales relaciones con su colega chileno, Hernán Cubillos; pero era inquietante el armamentismo con que la Unión Soviética, había dotado a ese país, la proximidad del centenario de la Guerra del Pacifico y la oportunidad de recibir un ataque por la espalda, cuando se estaba en tan grave situación con Argentina.
El 17 de diciembre la escuadra peruana zarpó hacia el sur y se cerró el aeropuerto internacional de Lima, para maniobras de entrenamiento y acuartelamiento. Una fuente militar de ese país declaró extraoficialmente:
“Son medidas tomadas a la expectativa de lo que pueda ocurrir este fin de semana en la zona del Canal de Beagle”
El diario “La Prensa” de Buenos Aires informó que se trataba de maniobras conjuntas con la aeronáutica argentina.
Desde hacía ya algún tiempo, los poderosos tanques de fabricación soviética que había adquirido Perú, y que durante la crisis con ese país había estado estacionados en la frontera con Chile, habían vuelto a retomar esas posiciones.
Parece haber existido un plan elaborado por el general peruano Edgardo Mercado Jarrín para iniciar una ofensiva contra Chile, apenas se iniciaran las hostilidades en el extremo austral. En lo que no hay dudas, es que funcionarios de la embajada argentina en Lima trataron que el Canciller peruano, José de la Puente, firmara un acuerdo secreto con Argentina, a lo cual el ministro, lejos de aceptar, les sacó en cara, el hecho que hacía un siglo se habían negado a participar en el tratado secreto con Bolivia de 1873, y que habían negociado con Chile, quedándose con la Patagonia. De la Puente puso en conocimiento del Canciller chileno lo anterior y le dio seguridades que Perú no intervendría si se producía la guerra en el sur.”

Chile & Argentina
Dos siglos de desencuentros
German Bravo Valdivieso
Noviembre de 2008.



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4º parte
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Durante la Crisis del Beagle en 1978, en que un choque armado de proporciones parecía casi inevitable, el Ejército de Chile se preparó para conjurar sus marcadas desventajas materiales en la dimensión terrestre frente a su contraparte argentino mediante defensas de naturaleza asimétrica, orientadas a explotar el terreno para dividir, aislar y destruir en forma gradual y escalonada a las fuerzas de su potencial oponente. Como resultado, el asalto sobre territorio chileno prometía tener un costo enorme para las fuerzas argentinas, en términos de pérdidas de material y vidas invaluables, sin garantía alguna de éxito sobre defensores que se habían hecho fuertes en su propia desventaja. Ello constituyó, sin duda, uno de los alicientes que condujeron a los líderes militares argentinos a abortar una ofensiva ya movilizada, aceptando días después una mediación papal que habían rechazado semanas antes.

Por Javier Carrera, con la colaboración especial de Gonzalo Godoy*



El Ejército de Chile, al igual que las otras dos ramas de la Defensa de este país sudamericano y el Cuerpo de Carabineros, estuvo a horas de enfrentar su desafío más importante del siglo XX en la noche del 22 de diciembre de 1978. Ese día la crisis con Argentina por la posesión de tres islas en el austral Canal Beagle, que a lo largo de ese año había visto la concentración y despliegue de medios militares a ambos lados de la frontera común en la zona sur, estuvo a punto de desembocar en un choque armado de proporciones. Los líderes argentinos habían decidido lanzar ese día un ataque general, por mar, aire y tierra; no sólo con el fin de ocupar las mencionadas islas sino también de ocupar porciones del territorio continental, para incrementar las presiones sobre la contraparte chilena en eventuales negociaciones post-conflicto.

Frente a esa situación de emergencia y al potencial de deterioro de ella, las unidades del ejército chileno estaban aquejadas por una crónica escasez de tanques, helicópteros, otros vehículos blindados y medios de defensa antiaérea. Esto era el resultado de una serie acumulativa de factores tanto económicos como también derivados de las visiones de política doméstica e internacional, aplicados por una sucesión de gobiernos de distinto color a lo largo de varias décadas.

Los esfuerzos por mejorar el equipamiento terrestre, frente y con posterioridad a las tensiones fronterizas con Perú en torno al año 1975, habían producidos magros resultados, debido a la precaria situación de la economía chilena y al aislamiento político internacional del país tras el golpe militar que en Septiembre de 1973 derrocó al Presidente Salvador Allende. Esto motivó el embargo aplicado por varios proveedores clave –esencialmente Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Suecia- a partir del año 1976, debido a la suspensión de los derechos cívicos y a situaciones de atropello a los derechos humanos en que habían incurrido los servicios de seguridad interior.

Recurriendo a todo lo que podía echar mano en la desmejorada situación en lo que a material se refería, el ejército de Chile opuso el peso de su historia institucional –resumida en el lema “Siempre Vencedor, Nunca Vencido”- que inspiraban una disposición de máxima entrega en sus mandos superiores, su cuerpo de oficiales y su cuadro permanente sólidamente profesional. Todos estos efectivos exhibieron una alta moral de combate, que también era compartida por conscriptos y reservistas.

De haber enfrentado un ataque aéreo y terrestre a las 10 de la noche del 22 de diciembre de 1978, los defensores chilenos hubiesen sentido la ausencia de una defensa antiaérea eficaz. Pese a que existían en la zona radares de descubierta aérea operados por la Fuerza Aérea de Chile (FACh), ninguna de las piezas de esta rama o del Ejército disponían de radares de tiro. Esta deficiencia les habría hecho resultar ineficaces frente a acciones ofensivas nocturnas o con mal tiempo de medios aéreos argentinos, y de limitada o dudosa utilidad en diurnas, especialmente debido a la velocidad con la que se mueven los aviones de combate a reacción.

Tal era el caso de alrededor de 60 piezas de artillería Hispano-Suiza HS-639 (hoy OERLIKON)) de 20 mm. En un escenario con buenas condiciones climatológicas estos montajes dobles hubiesen sido eficaces contra la amenaza latente de los helicópteros, ya sea empleados como plataformas artilladas o de transporte de tropas en una acción de asalto. Mientras el ejército argentino contaba con un importante número de BELL UH-1D Huey y AEROSPATIALE (hoy EUROCOPTER) Puma, la marina Argentina contaba con AEROSPATIALE Alouette III equipados con misiles SS.12 con capacidad anti-blindaje.

Los cañones de 20mm también habrían podido neutralizar e incluso dar cuenta de los aviones bimotores turbo-hélice Pucará, diseñados y manufacturados localmente por la Fábrica Militar de Aviones (FMA) de Córdoba, desplegados por la fuerza aérea argentina en el rol de apoyo estrecho y ataque al suelo. Aunque son extraordinariamente agiles y maniobrables, los Pucará no tienen la velocidad de un jet, lo que habría aumentado su vulnerabilidad al acercarse y sobrevolar las líneas chilenas al ejecutar operaciones de ataque y apoyo estrecho.

Por otro lado, a esa fecha el inventario del ejército no incluía ningún sistema portátil y liviano de defensa antiaérea del tipo MANPADS (del Inglés Man Portable Air Defence System o Sistema Portátil Personal de Defensa Aérea). De ahí que la amenaza de los medios aéreos argentinos, en particular con sus aviones DASSAULT Mirage IIIEA, DOUGLAS A-4 Skyhawk y NORTH AMERICAN F-86 Sabre; fue siempre el factor de mayor complicación para los mandos terrestres chilenos al planificar el despliegue de sus fuerzas en defensa del territorio nacional.

Cubriendo los Flancos Débiles

Ocho tanques M-41 Walker/Bulldog estaban entonces desplegados en la zona austral de Chile, entre las áreas de Punta Arenas y Puerto Natales. El resto de los cincuenta M-41 entonces en el inventario de Chile estaba desplegado entre las zonas de Antofagasta y Calama en el norte del país, al igual que un número de M24 Chafee y M4 Sherman, en prevención de la materialización de las temidas Hipótesis Vecinales 2 (HV2) o 3 (HV3), que preveían un involucramiento de Perú y Bolivia en la crisis y potencial guerra con Argentina.

Los misiles no eran la única preocupación de los M-41 chilenos en la zona austral, donde también habrían debido enfrentar a parte importante de los 98 tanques Sherman Firefly que Argentina tenía en inventario, que estaban equipados con un cañón de mayor calibre y un paquete motriz mejorado. Pero tanques no estaban solos frente al despliegue de medios acorazados argentinos. Debido a las tensas relaciones con Perú en el norte, y condicionado en parte por el cierre de los mercados tradicionales debido a los embargos ya mencionados, en 1976 se adquirió en Brasil una importante cantidad de caza-tanques de manufactura brasileña.

Las compras incluyeron cerca de 80 blindados sobre ruedas 6X6 ENGESA EE-9 Cascavel, con un motor MERCEDES BENZ de 212 HP también manufacturado bajo licencia en Brasil y equipados una torreta de diseño francés (la misma de los vehículos Panhard AML de que disponía Argentina). Esta última estaba dotada de un cañón DEFA de 90 mm. Distintos informes indican que el ejército chileno desplegó al menos dieciséis EE-9 Cascavel en la zona austral durante la Crisis del Beagle.

Otros elementos considerados en la lucha contra-carro eran los cañones sin retroceso M40 de 106 mm. Estas piezas fueron montadas en vehículos del tipo jeep tales como los LAND ROVER Santana 88 adquiridos en 1962, M-38 y Ford Mutt. En total, una veintena de vehículos 4x4 dotados de cañones antitanque sin retroceso M40 fueron desplegados en la zona austral en 1978.

En 1975, en medio de las tensiones vecinales con Perú se ideó montar el cañón M40 en vehículos CITROEN Yagán, un desarrollo local chileno basado en el chasis del CITROEN AX-330 ó 2CV. Sin embargo, la fragilidad y limitaciones de tracción y potencia del vehículo -que ya eran una complicación suficiente en desplazamientos por terreno irregular, sin considerar el impacto estructural que sobre la plataforma tendría disparar el arma- hicieron descartar la idea.
La artillería de largo alcance también enfrentaba complicaciones a fines de los años setenta. Se contaban en total apenas 12 Mk.F3, un obús de origen francés que montaba un cañón GIAT de 155 mm en un chasis reforzado de tanque ligero AMX-13. Uno de los inconvenientes del Mk.F3 era que no proveía ninguna protección para los servidores de la pieza, que viajaban en el exterior del vehículo.

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También existían obuses M101 de 105 mm, alrededor de 70 unidades, y obuses M-56 del mismo calibre. La capacidad artillera del ejército chileno fue reforzada con se importación de entre 60 y 80 piezas de mortero de 120 mm desde Israel, mientras en ese mismo país se encargaba una cantidad de piezas Soltam M-68 de 155 mm, que arribarían recién en 1979.

Los vehículos de apoyo disponible en el inventario del ejército chileno rondada las 250 unidades. Esto incluía los excelentes camiones MERCEDES BENZ Unimog, algunos de los cuales habían sido irónicamente construidos en Argentina; transportes blindados sobre ruedas 6x6 ENGESA EE-11 Urutú, adquiridos en Brasil junto a los EE-9 Cascavel y que servían de apoyo a la artillería; y el transporte blindado sobre orugas M-113 A1, que había sido recibido desde Estados Unidos entre los años 1965 y 1974.

El inventario de vehículos de apoyo se completaba con un reducido número de anticuados blindados de exploración sobre ruedas 4x4 White Scout, remanentes de la Segunda Guerra Mundial, además de una cantidad de blindados de transporte de tropas semioruga M3 re-motorizados que equipaban a unidades de tiradores blindados.

La escasez de ambulancias entre las unidades del ECh desplegadas en la zona austral hizo que – como medida de emergencia - se recurrieran a la comprar de pequeños furgones cerrados SUZUKI ST-20 o su equivalente DAIHATSU, popularmente conocidos en época en Chile como “refrigeradores con ruedas”, debido a la forma cuadrada y el característico color blanco de esos vehículos. Tanto las unidades basadas en torno a Punta Arenas como aquellas trasladadas a la zona austral, desde la zona central y sur, recurrieron a esta peculiar solución.

Pero la fragilidad del sistema de tracción y suspensión de estos vehículos, que en realidad estaban concebidos para el traslado de mercaderías varias no pesadas ni voluminosas dentro de zonas urbanas, resultó en que su vida útil se extinguiese con los meses de uso en caminos rurales y a campo traviesa durante la crisis.

Lo anterior es un ejemplo de la enorme diversidad e improvisación de compras a que el ECh debió recurrir, para sortear el embargo estadounidense frente a la movilización demandada por la Crisis del Beagle. También se recibieron muchas ofertas irregulares de particulares que, aparecidos de la nada, ofrecían todo tipo de material de la más variopinta procedencia. Un oficio del Ministerio de Defensa, fechado el 18 de diciembre de 1978, registra que la Embajada de Chile en Jerusalén recibió un ofrecimiento de tanques Centurion Mk7 de origen británico, con cañón de 105 mm, "para inmediata inspección en India" y entrega “a través otro país". Como es característico en el mercado negro de las armas, la oferta consideraba un altísimo valor por unidad, aspecto que forzó su descarte.


Parte 2

Despliegue y Defensas Terrestres

Con un número total de 80 mil efectivos, de los cuales 40 mil habrían sido desplegados en la zona austral, el Ejército de Chile debió prepararse ante la inminencia de un conflicto con Argentina en 1978 con una vital desventaja: la falta de profundidad estratégica en los territorios de la zona austral, que limitarían las posibilidades de maniobra durante la defensa, y la extensión de la frontera común. La población argentina en ese momento duplicaba a la población chilena, y su territorio es cuatro veces más grande. En cuanto a número total de efectivos, el Ejército Argentino disponía entonces de un total de 135 mil hombres, de los cuales aproximadamente 50 mil fueron desplegados en la zona austral.



El plan argentino conocido incluía un asalto directo sobre las islas del canal Beagle – Picton – Nueva y Lenox – y el área de Puerto Williams, Puerto Natales y Punta Arenas. Para ello se emplearían tropas anfibias y aerotransportadas sobre los objetivos insulares, mientras que los puntos continentales el asalto sería efectuado con medios terrestres con apoyo mecanizado. Pero según documentos argentinos recientemente conocidos, las fuerzas de ese país también concentraron una importante cantidad de tropas y equipos en las proximidades de tres pasos hacía la zona chilena de la Araucanía: Pino Hachado, Del Arco e Icalma. Las fuerzas preparadas para un asalto que buscaba cortar a Chile enmarcaban dos divisiones con 12.000 hombres en total, pero podían ser rápidamente duplicadas mediante refuerzos trasladados desde otras regiones.

La inteligencia militar chilena –ayudada por el hecho de que las unidades chilenas y argentinas empleaban los mismos equipos de radio de origen estadounidense– había logrado determinar la fecha aproximada de invasión, pero no disponía de información más precisa sobre los planes y objetivos de la operación. Ante eso, el Ejército de Chile eligió concentrar sus fuerzas del sur en las cercanías del Paso Puyehue, en donde se esperaba un ingreso importante de fuerzas trasandinas, específicamente el V Cuerpo de Ejército al mando del General José Vaquero.

También hubo otra concentración importante de fuerzas terrestres chilenas frente al Paso Los Libertadores, donde se preveía un asalto argentino con el objetivo de penetrar en la zona central del país. Sin embargo, la verdad es que había concentraciones de fuerzas menores a lo largo y a ambos de la frontera común previendo, como es el caso del III Cuerpo de Ejército al mando del General Luciano Menéndez. Pero el asalto terrestre central iba a ser dirigido contra Puerto Natales, en una operación en que el Ejército Argentino planificó movilizar 15.000 soldados y cerca de 100 tanques que avanzarían desde Río Gallegos hacia Magallanes. Sólo quince kilómetros de frontera constituían la parte más angosta del territorio chileno.

Varios habitantes de la zona pudieron darse cuenta de la presencia de vehículos militares argentinos debido al reflejo del sol en sus parabrisas, que no habría sido camuflado a fin de que la población chilena los viera y se sintiese amedrentada. Sin embargo, lejos de amedrentarse, muchos magallánicos se sumaron voluntariamente a las filas del ejército, elevando las fuerzas terrestres desplegadas en la zona austral a cerca de 50.000 efectivos.

Los blindados eran el elemento más temido en ese momento en el alto mando chileno, su neutralización ocupó un lugar central en la planificación de Ejército de Chile. Se optó por minar amplios sectores y construir un número de trincheras en las inmediaciones del paso Dorotea, en donde se esperaba uno de los avances principales. "Lo que más temíamos – dice el General Floddy - era el ataque blindado. Teníamos tropa y fortificaciones para encauzar estas penetraciones, para guiarlos a lugares donde pudiésemos detenerlos”. El propósito de las defensas chilenas era dividir, encajonar y aislar a los medios mecanizados argentinos, destruyéndolos en forma parcial y escalonada, deteniendo su avance en el paso de Dorotea, Según el general, la idea era “detenerlos allí, o en las islas, o en alguno de los puntos de laguna de mar, y desde ahí posiblemente pasar a una contraofensiva."

Según documentos y testigos de la época, en ningún momento se planificó un choque entre blindados, porque eso era impracticable con los limitados medios de que disponía el ejército chileno, sino que siempre se buscó dividir a las formaciones mecanizadas argentinas, para luego desgastarlas y destruirlas mediante el empleo de bazucas y minas. En esa línea, y previendo que los argentinos irrumpirían hacia el estrecho de Magallanes y Punta Arenas por Morro Chico y Cabeza de Mar, allí también se preparó un complejo que concentraba zanjas, trincheras y campos minados.

Parte 3

La Infantería de Marina en la primera línea

Aunque el despliegue del Cuerpo de Infantería de Marina (CIM) se encuadraba en un eje estratégico definido por la planificación de la Armada, que, visualizando la evolución negativa del diferendo por las islas del Beagle tras el veredicto del arbitraje efectuado por la Corona británica, había comenzado a prepararse para la crisis con Argentina temprano en 1977.

Al igual que las unidades a flote de la Escuadra y los medios aéreos basados en tierra de la Aviación Naval, las unidades –que estaban organizadas en torno a una brigada reforzada con asiento en Isla Dawson y unidades menores distribuidas en las puntos costeros y las islas en disputa- las fuerzas del CIM recibían sus órdenes e instrucciones directamente desde la Comandancia en Jefe de esa fuerza y no desde la Comandancia del Teatro de Operaciones Austral.

Sin embargo, las capacidades y flexibilidad propias de esta fuerza de combatientes anfibios habrían permitido su empleo tanto en apoyo de las operaciones navales como de las terrestres, de acuerdo a la evolución de un eventual enfrentamiento.

Oficialmente, al momento de la Crisis del Beagle el CIM disponía de 6.200 hombres, la mayoría de ellos desplegados en la zona austral. Sin embargo, distintas fuentes afirman que, mediante la movilización de reservistas y personal recientemente acogido a retiro así como la postergación del licenciamiento de conscriptos a partir de principios de 1978, el número de efectivos habría subido a entre ocho y diez mil.



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Al igual que en el caso del Ejército, hasta antes del embargo aplicado en 1976, la CIM estaba equipada fundamentalmente con material principalmente estadounidense, con la excepción de una decena de carros blindados 4x4 MOWAG Grenadier, dotados de una torreta con ametralladora de 20mm –que también incluía un lanzacohetes doble de 81mm que fue pronto descartado- que equipaban una unidad motorizada de exploración. La información disponible respecto del despliegue de estos vehículos en la zona austral durante la Crisis del Beagle en 1978 es contradictoria. Algunas fuentes afirman que entre 3 y 4 fueron desplegados en Isla Dawson, mientras otras señalan que todos lo Grenadier estaban de baja en ese momento.

Para las operaciones de asalto anfibio el CIM disponía también de 30 blindados anfibios sobre cadenas LVTP-5 de origen estadounidense, lanzados en el mar desde buques del tipo LST, que podían transportar a 35 fusileros además de sus tres tripulantes.

Los elementos de apoyo de fuego a nivel de compañía estaban dotados de morteros de 60mm y 81mm, mientras que a nivel de batallón se disponía de cañones de 105mm para apoyo de fuego y cañones de 40mm para defensa anti-aérea. A medida que la crisis se fue agravando, con un potencial cierto de derivar en un choque bélico, la conformación de la Brigada IM incluyó el despliegue de un número de cañones M114 de 155mm.

El principal medio antitanque del CIM a nivel de batallón eran los 4x4 M38 equipados con un cañón de 105mm sin retroceso, los que eran suplementados a nivel de sección por bazucas M1 estadounidenses. A fin de incrementar el poder de fuego a nivel de sección y compañía, en Septiembre de 1978 se obtuvo desde China un importante suministro de lanzacohetes antitanque portátiles Tipo 69, un arma derivada del famoso RPG-7 ruso. Estos lanzacohetes fueron profusamente distribuidos entre las tropas IM, que se prepararon para usarlas contra todo tipo de blanco.

Las armas habrían sido provistas por las autoridades chinas en condiciones altamente preferenciales, debido a las buenas relaciones que tenían con el gobierno militar chileno en general, pero aún mejores en con la Armada de Chile. Esta última tenía precisamente a un almirante IM retirado como embajador en Beijing, y había incluido una recalada en el país asiático durante el viaje de instrucción de su buque escuela “Esmeralda” en 1976.

Las unidades IM tenían entre 4.500 y 5.500 efectivos distribuidas entre las islas en litigio –Picton, Nueva y Lennox- y la Isla Navarino, donde se reforzaron las defensas con cañones costeros, y otros puntos costeros de importancia marítima en el Canal Beagle. El grueso de la Brigada Anfibia estaba preparado en Isla Dawson.

Dada la naturaleza y causa del eventual enfrentamiento bélico, la compañías reforzadas destacas en las islas en litigio habían sido las primeras en entrar en acción, enfrentando la ofensiva anfibia de las fuerzas argentinas con tropas lanzadas desde el mar y helitransportadas. Los Infantes de Marina prepararon para resistir en esos terrenos mediante un un sistema de tiros y trincheras cerradas, desde donde enfrentarían las eventuales incursiones argentinas, mientras que las playas aptas para un desembarco desde el mar fueron profusamente sembradas con minas anti-personal y antitanque. El comandante del CIM en ese momento, Contra-almirante Sergio Cid, recuerda que "había tanta moral y motivación que el personal estaba ansioso por recibir sus ordenes de actuar".

Algunas informaciones, no confirmadas oficiales dicen que la IM tenía planes de lanzar su brigada anfibia en un asalto sobre Tierra de Fuego y Ushuaia, con el fin de ocupar ésta última localidad y cercar a las fuerzas argentinas en la zona.

Carabineros en el frente de batalla

Pese a ser un organismo paramilitar con funciones principales de orden interno, Carabineros, que contaba con 30.000 efectivos al momento de la crisis, también reforzó su presencia en la zona austral con el despliegue de un refuerzo de 1.500 hombres. Muchos de estos efectivos fueron trasladados apresuradamente desde Santiago, en algunos casos vistiendo sus uniformes de verano, por lo que inicialmente debieron luchar contra el menos cálido clima magallánico. Ya aclimatados y provistos de mejor vestuario, los carabineros movilizados fueron desplegados tácticamente en las cercanías de los faros de Punta Arenas. "Esos carabineros se transformaron en el mejor soldado", recordaba años después el General Nilo Floddy, Comandante de la V división de Ejército a la cual los efectivos policiales fueron asimilados como un regimiento más.

Traslado y Logística Terrestre

El traslado del grueso del personal movilizado a la zona austral, que incluyó a conscriptos o reservistas provenientes de la zona central de Chile, se hizo por medios aéreos y marítimos, en medio de efectivas medidas de discreción que también incluyeron a las columnas terrestres que trasladan unidades de la zona sur a la zona austral. En el caso de estas últimas, al planificar sus rutas se tuvo especial cuidado evitar el paso por grandes centros urbanos.

En el caso de Argentina, queda la impresión de que se buscó dar visibilidad a los aprestos bélicos, quizás con el objetivo de impresionar y amedrentar a los chilenos, con la exhibición del espíritu combativo y la alta moral patriótica de las tropas locales. A los ejercicios de oscurecimiento de ciudades se sumaron traslados que incluían ceremonias públicas de despedida, colectas para financiar la compra de golosinas para los soldados, y el paso por grandes centros urbanos de las columnas y trenes que llevaban tropas a la zona austral.

Un aspecto que generó gran desasosiego entre la población local fue el paso, a plena luz del día y siguiendo la misma ruta de las columnas militares a través de zonas urbanas, de convoyes llevando un número apreciable de ataúdes. Este detalle, que fue informado por medios de prensa a nivel nacional, causo enorme consternación entre la población civil argentina, donde muchos comenzaron a temer y angustiarse por las vidas de sus hijos, hermanos, padres y cónyuges.

La FACh y las aerolíneas nacionales –fundamentalmente LAN CHILE y CODELCO- colaboraron en el traslado de tropas y pertrechos a la zona en conflicto, ocupándose aviones de gran tamaño de diversos modelos, BOEING 707, BOEING 727, LOCKHEED C-130 y DOUGLAS DC-6. Este esfuerzo también incluyo un número importante de aviones de carga de operadores civiles de distinto tamaño, incluidos viejos modelos CURTISS C-46 Commando y DOUGLAS DC-3, fueron “reclutados” para este efecto por la FACh, que les asignó un registro militar "virtual".

Fuentes consultadas reconocen que sólo en el inicio de la concentración y despliegue de tropas en la zona austral hubo algunos problemas de abastecimiento, sobre todo de alimentos, debido a la carencia de preparativos para atender a tal incremento de personal militar. Cada unidad, por regimientos o por batallones, debió solucionar el problema en los primeros días. "Recuerdo que en esa fecha los oficiales contaban con dinero, y suplían parte de las necesidades de sus unidades comprando cosas en el mercado de Punta Arenas," comenta un ex funcionario meteorológico de la DGAC, asignado en esa época al aeropuerto de Chabunco en Punta Arenas. Sin embargo, la situación comenzó a normalizarse en un par de semanas, luego de la estructuración de un sistema centralizado de abastecimientos y logística.

El 21 de diciembre estaban ya planificado los decretos de movilización general. Pero los preparativos se realizaban en Chile en el más estricto de los silencios, a diferencia de los oscurecimientos masivos llevados a cabo en las grandes ciudades argentinas. Sólo el día 20 el general Nilo Floddy se reunió en Punta Arenas con una gran cantidad de habitantes donde recomendó cavar trincheras cerca de las casas, preocuparse de los víveres y tapar las ventanas de las casas en las noches.

El general Floddy resume de una manera certera la situación y el ánimo existente entre las tropas. "La verdad es que siempre se habla mucho de que en números hayamos tenido una inferioridad tan grande en un área determinada. Pero no hay que olvidarse que ellos estaban montando una ofensiva en territorio desconocido. Nosotros nunca pensamos en la cantidad propia de bajas, cosa que sí lo hacían los argentinos, sino que en la victoria final."






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Finalmente el enfrentamiento bélico no se concretó, por el bien de los pueblos chileno y argentino, que habrían padecidos tanto los costos inmediatos de ese sangriento episodio como su pesado lastre de odios y desconfianzas a largo plazo. El liderazgo militar argentino, que había tomado la iniciativa al rechazar un arreglo pacífico, generar la crisis y conducirla irremediablemente hacia un choque bélico, en el cual tendría que conducir una ofensiva contra un oponente defensivamente consolidado en su propio territorio, finalmente no pudo ignorar la posibilidad cierta de que sus fuerzas sufrirían fuertes bajas en una ofensiva contra Chile.

El Ejército de Chile se había preparado a conciencia para conjurar sus marcadas desventajas materiales en la dimensión terrestre mediante defensas de naturaleza asimétrica, orientadas a explotar el terreno para dividir, aislar y destruir en forma gradual y escalonada a las fuerzas de su potencial oponente. Como resultado, el asalto sobre territorio chileno prometía tener un costo enorme para las fuerzas argentinas, en términos de pérdidas de material y vidas invaluables, sin garantía alguna de éxito sobre defensores que se habían hecho fuertes en su propia desventaja.

Sin duda, este fue, junto con la decisión de la marina chilena de enviar a su flota a buscar el combate en la madrugada del 22 de Diciembre, uno de los alicientes que condujeron a los líderes militares argentinos a abortar la ofensiva ya movilizada y a aceptar, días después, una mediación papal que habían rechazado pocas semanas antes.

El autor y los editores de Enfoque Estratégico agradecen la valiosa colaboración del periodista e investigador Gonzalo Godoy, quien ha recopilado y sistematizado un importante volumen de información sobre el despliegue de fuerzas terrestres durante la Crisis del Beagle entre Chile y Argentina en 1978


En los buques, oficiales y gente de mar ocupaban sus puestos de combate sin dar importancia a la inclemencia del tiempo. La mar estaba muy mala y las olas pasaban por encima de quienes debían aventurarse por la cubierta en el cambio de turno. Cada cañon y batería antiaérea se encontraba con sus operadores muy atentos. El cansancio no hacía mella en la voluntad de combatir.
Mientras avanzaban en dirección al Mar de Drake, la mayor preocupación del Almirante López era la posibilidad de ser alcanzado por un ataque de submarinos. De acuerdo a las informaciones de inteligencia, sabia que de los cuatro sumergibles trasandinos, al menos dos de ellos se encontraban patrullando la boca del Estrecho de Magallanes, mientras los restantes debian estar haciendo lo propio en las cercanias de los fondeaderos de guerra.
Frente al monitor que le entregaba la información sobre la disposición d ese momento de las naves de la escuadra, el Almirante López supo que esos tensos minutos constituinael reto mas importante de su vida. Sobre sí, cargaba la responsabilidad de definir el curso de una guerra. Había llegado el momento de la decision suprema.
Ya en el oceano, López ordenó formación de batalla. La agrupación Acero marcho al frente, bordeando las islas en el mar de Drake. En esa posición debian actuar como barrera, soportando la andanada argentina, antes de hacer fuego con su artillería. Los buques del grupo Bronce, en tanto, lo hacían mas al sur. Desde esa posición, responderían el ataque argentino, lanzando sus propios misiles, en un contrataque ojala devastador, que por sí solo, decidiera la suerte de la batalla naval. La suerte estaba echada.
A la una de la marugada del 22 de diciembre, la junta militar argentina ponía fin a una discusión que había comenzado en horas de la tarde. Esa importante reunión habia tenido por finalidad, analizar la iniciativa del Vaticano, que proponia enviar un emisario personal del Sumo Pontifice, con la mision de lograr un acuerdo entre ambas naciones.
A esa hora, la escuadra seguia inexorablemente su avance hacia la posición desde la cual enfrentaría el choque con el enemigo. En el CIC de la III zona naval se vivian momentos de alta tension. Minuto a minuto, se reapreciaba la situación, condiciones meteorologicas, información de inteligencia y de los aviones que sobrevolaban la zona. En un momento dado, el oficial de comunicaciones se acercó al almirante De los Rios, y le entregó un mensaje recien interceptado, dirigido a la Flomar. “Era como una sabana” recuerda el capitan de navío Sergio Cabezas, quien se encontrab alli desde las seis de la tarde. “El almirante lo tomó, lo pegó en una pared y le preguntó al encargado de claves: ¿Cuánto se demora en descifrarlo? Había sido transmitido en tres frecuencias distintas y tenía 136 grupos de números. Había dos posibilidades: que fueran las instrucciones para el ataque, que era lo mas seguro, o que algo raro estaba sucediendo. Mientras pasaban los minutos, De los Rios ordenó hacer despegar el 50% de los aviones de exploracion aeromarítimos, que todavía permanecían en tierra. Todos estabamos en máxima alerta. Exactamente a la 1.22 uno de los aviones informó que la Flomar cambiaba de rumbo y tres minutos mas tarde, que lo hacia tambien el grupo anfibio.
Casi simultaneamente, desde Valparaiso se informó que la junta militar argentina, tras una larga deliberacion, finalmente había decidido aceptar el envío de un emisario papal. El mensaje cifrado, con toda certeza, había sido la orden de retroceder, enviada por los mandos militares trasandinos..
La Flomar, en definitiva, había rehuido el combate; pero su retirada, no se debía a la inclemencia del tiempo sino a una decision política. Mas alla de toda duda, el gobierno argentino estuvo dispuesto a conquistar por la fuerza lo que no había logrado alcanzar a traves del derecho.
La intervención del Papa detuvo una maquinaria de guerra que ya se había activado. De hecho, Oscar Camilion, embajador de Argentina en Brasil ha contado en sus memorias que a través de un telegrama fechado el 20 de diciembre, se le ordenó informar 48 horas después que “en ese momento se estaba produciendo el ataque de las fuerzas armadas argentinas a Chile”.
Inmediatamente se informó al Comandante en Jefe de la Escuadra: “La Flota argentina está cambiando repentinamente su curso y retrocede, adoptando un curso nor-noreste”. López comprendió rápidamente que no habría enfrentamiento. Respiró profundamente y tras un breve silencio, se comunicó con sus comandantes. La sorpresa pronto se convirtió en un grito de victoria: ¡Viva Chile, mierda! Fue la expresión que espontáneamente salió de los mil doscientos hombres que tripulaban el Prat, cuando fueron informados. La escena se repitió en todos los buques. Eri Solis en el Prat, Sergio Sánchez en el Latorre, Ramón Undurraga en el Williams, Ernesto Huber en el Riveros, Erwin Conn en la Condell, Humberto Ramírez en la Lynch, Arturo García en el Zenteno, Mariano Sepúlveda en el Portales, Jorge Fellay en el Blanco, Carlos Aguirre en el Cochrane, Ruben Scheihing el Simpson, Jorge Grez en el Araucano y Octavio Bolelli en el Sargento Aldea sintieron una orgullosa alegría. Habían compartido con el Almirante López una verdadera misión de guerra. Pese a la frustración de no haber culminado la batalla tan largamente preparada, cada uno de los protagonistas de esas horas difíciles sabía que con su profesionalismo y voluntad de lucha, había conquistado el objetivo final: ganar la paz.
Sin embargo, la Escuadra continuó todavía su desplazamiento en condición de alerta. Cuando la retirada argentina se convirtió en certeza, el almirante ordeno que sus buques volvieran a ocupar sus puestos en los fondeaderos. A las once de la mañana del 22 de diciembre, el Prat ingreso a Bahía Cook..
La soberanía y el honor de la nación chilena habían quedado intactos.

Patricia Arancibia Clavel- Francisco Bulnes Serrano
“La Escuadra en Accion” (Extracto).



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Soberania de chile no?
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caesear
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No es "Soberania de Chile". Es un compendio que he armado yo, sobre la base de al menos 5 autores diferentes, todos ellos identificados en el resumen, al final del parrafo donde concluye su participacion. Al menos, date el trabajo de leer. No hace daño, y tienes mas base para opinar.


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Soberania de chile no?
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