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Lo que hacían los catecúmenos en la Iglesia primitiva lo hacen ahora las comunidades neocatecumenales.

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Viejo 18/Apr/04, 15:03
nemrac
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Predeterminado Lo que hacían los catecúmenos en la Iglesia primitiva lo hacen ahora las comunidades neocatecumenales.

Lo que hacían los catecúmenos en la Iglesia primitiva lo hacen ahora las comunidades neocatecumenales.
http://www.catholic-church.org/mscperu/neos/0documentos/neo_doc_papas.htm
Juan Pablo II: visita a la parroquia de San Timoteo, Roma 10 de febrero de 1980. Cf L'Osservatore Romano, 11-12 de febrero de 1980.

Los catecúmenos, especialmente en los pueblos tradicionalmente católicos, son los niños pequeños, los recién nacidos. Pero estos no son catecúmenos porque no pueden ser preparados para el bautismo. Los catecúmenos de los primeros siglos constituían una realidad muy importante en la Iglesia: yo creo que, lo que hacían ellos para la fe en aquella época, lo hacen ahora las comunidades neocatecumenales. Pero lo hacen porque han sido bautizados por otros al comienzo de la vida. El sentido del catecumenado es el de prepararse al bautismo: prepararse, en el sentido pleno de la palabra, quiere decir ser introducidos en los misterios de Dios viviente, porque en el bautismo se recibe no sólo el nombre de cristiano, sino también la participación en Cristo mismo, en el misterio de Dios viviente para el hombre. Los testimonios que me habéis traído prueban todos que hay un momento de la gracia, un momento de iluminación, un momento en el que se encuentra a Dios viviente que quiere vivir en vuestra vida, vivir vuestra vida. Esto es de mucho valor para vuestra experiencia personal de cristianos, pero sobre todo es de mucho valor para la formación apostólica. Esta experiencia debe estar como base de toda formación apostólica, digamos catequética. No solamente hay que conocer fórmulas de fe y teología, sino que hay que entrar también en contacto con el misterio de la vida divina, abierta a todos nosotros con Jesucristo. Solo después de la experiencia personal se puede dar testimonio. Os deseo que profundicéis cada vez más vuestra fe y que reine siempre en vosotros la alegría.



Neocatecumenado: camino para descubrir el propio bautismo.

Juan Pablo II: visita a la parroquia de Nuestra Señora del Santísimo Sacramento y de los Santos Mártires Canadienses, 2 de nombre de 1980. Cf L'Osservatore Romano, 2-4 de noviembre de 1989, con inclusiones de la grabación.

El domingo 2 de noviembre, el santo padre se trasladó a visitar la parroquia del Santísimo Sacramento y de los Santos Mártires Canadienses en Villa Massimo. En la iglesia, celebró la eucaristía en presencia de los cardenales Poletti y Roy, del obispo auxiliar Oscar Zanera y de la comunidad parroquial.

El Papa descendió a la cripta de la iglesia, de ambiente altamente sugestivo; a la entrada hay una gran piscina bautismal, excavada en el pavimento y de donde mana una fuente de agua viva. Al fondo, en la parte opuesta, la cátedra, adosada a un largo muro "afrescado" con escenas sagradas. Delante de la cátedra una gran mesa eucarística sobre la que lucía el cirio pascual. Alrededor unas quinientas personas: los hermanos de las comunidades neocatecumenales que, desde hace doce años, recorren el camino en esta parroquia.

El padre Guillermo Amadei presentó al santo padre las once comunidades que actualmente recorren su camino: la primera formada en 1968 y las dos últimas en la pascua pasada. El padre Amadei subrayó también la ayuda enorme dada por los catequistas, que han surgido de estas comunidades, al plan pastoral de la parroquia, centrado todo él en la evangelización, así como a muchas otras parroquias de Roma, de Italia y de otros muchos países de distintos continentes.

Tomó después la palabra Kiko Argüello, que habló ampliamente de su experiencia espiritual y del largo itinerario que le llevó a la conversión:

"El Señor me permitió hacer una experiencia de absurdo, de ateísmo, hasta que al fin tuvo misericordia de mí: me humilló hasta hacerme suficientemente pobre como para pedirle ayuda a él, y después me llevó a vivir entre los pobres sin que yo supiera cuál era verdaderamente el camino del Señor. Me fui a vivir entre los pobres de las chabolas de Madrid, sin saber que Dios tenía preparado un proyecto del cual hoy yo mismo estoy sorprendido, maravillado y, al mismo tiempo, asustado; porque sé que esto probablemente no se hace sin muchísimo sufrimiento".

Kiko habló también del gran esfuerzo de síntesis teológica y catequética al que fue obligado dada la humildad de la gente que lo escuchaba y que no estaba capacitada para comprender abstracciones. Con la ayuda de Carmen Hernández y siguiendo la línea del Concilio, la levadura nacida en el corazón de Kiko se transformó en un itinerario de fe, en un catecumenado progresivo, por etapas, en obediencia total, que se propone como una ayuda a las parroquias para la catequesis: para llevar a los adultos dentro de la comunidad cristiana a revivir de modo pleno el evangelio, a través del descubrimiento de los dones del bautismo.

Profundamente interesado en la larga narración de la experiencia espiritual de Kiko Argüello y de los orígenes del Camino neocatecumenal, el santo padre habló a su vez largamente, profundizando con sinceridad y con espíritu de amor el sentido eclesial de las comunidades neocatecumenales, improvisando el siguiente discurso, recogido de viva voz durante el encuentro:

Deseo sobre todo deciros que os quiero, viéndoos en tan gran número, reunidos todos juntos: adultos, jóvenes, muchachos, niños, con vuestros sacerdotes. Os quiero. He seguido con interés las informaciones facilitadas por vuestro presbítero. Debo deciros que no es la primera vez que escucho su palabra y también su entusiasmo por el movimiento neocatecumenal que, al ser "camino", es también movimiento. Luego he escuchado con interés el testimonio de vuestro primer catequista.

Qué puedo deciros? Sobre todo esto: que la palabra pronunciada más a menudo ha sido la palabra fe. Y todos vosotros sois fieles; quiero decir: poseéis la fe. Pero hay algo más: muchos poseen la fe, pero vosotros habéis recorrido un camino para descubrir vuestra fe, para descubrir el tesoro divino que lleváis en vosotros, en vuestras almas. Y habéis hecho tal descubrimiento descubriendo el misterio del bautismo. Es verdad que son muchos los bautizados en el mundo. Ciertamente todavía son una minoría entre los ciudadanos del mundo, pero son muchos. Entre estos bautizados no sé cuántos son conscientes de su bautismo, no simplemente del hecho de ser bautizados, sino de qué quiere decir ser bautizados, de qué quiere decir el bautismo.

La senda o el camino para descubrir la fe por medio del bautismo, es el camino que todos nosotros encontramos en la enseñanza de Cristo, en el evangelio.

Lo encontramos, y diría incluso de modo profundo, mediante la reflexión, en las cartas de Pablo. El nos ha mostrado cuál es la profundidad inmensa del misterio del bautismo, qué quiere decir esta inmersión en el agua bautismal, comparando la inmersión en la muerte de Cristo, muerte que nos ha traído la redención y muerte que nos trae la resurrección. De esta forma todo el misterio pascual está como resumido en el sacramento, quiero decir en el misterio del bautismo.

Así pues, descubrir la profunda dinámica de nuestra fe es descubrir el pleno contenido de nuestro bautismo. Si entiendo bien, vuestro camino consiste esencialmente en esto: descubrir el misterio del bautismo, descubrir su pleno contenido y así descubrir qué quiere decir ser cristiano, creyente.

Este descubrimiento está, podemos decir, en la línea de la tradición, tiene raíces apostólicas, paulinas, evangélicas. Este descubrimiento es al mismo tiempo original. Ha sido siempre así y así seguirá siendo. Siempre que un cristiano descubre la profundidad del misterio de su bautismo, realiza un acto totalmente original y esto no se puede hacer sino con la ayuda de la gracia de Cristo, con la ayuda de la luz del Espíritu Santo, porque es misterio, porque es realidad divina, realidad sobrenatural y el hombre natural no puede comprenderla, descubrirla, vivirla. En resumen, se debe decir: todos vosotros, que habéis obtenido la gracia de descubrir la profundidad, la plena realidad de vuestro bautismo, debéis estar muy agradecidos al dador de la gracia, al Espíritu Santo, que os ha concedido esa luz, la ayuda de la gracia para obtener este don una vez y después continuar. Esta es la conclusión de la primera parte de la reflexión.



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