Anti Pop-ups y Antivirus gratis: descárgate la barraHaz de HispaVista tu página de inicio
Buscar en Internet: Búsqueda avanzada
Recomendados:
Un arma cargada de Espíritu Santo
Inicio Registrate Ayuda
» Inicio » _Musicarisma_ » Un arma cargada de Espíritu Santo

Nuevo usuario                          
Usuario:      Clave:


Respuesta
 
Herramientas Visualización
  #1  
Viejo 27/feb/05, 14:02
anonimo
Novato
 
Fecha de ingreso: 19/sep/05
Mensajes: 633.036
Predeterminado Un arma cargada de Espíritu Santo


> UN ARMA CARGADA DE ESPÍRITU SANTO <


¿Qué lugar debe ocupar la música en nuestras vidas? ¿Qué nos dice el Señor a través de su Palabra y de nuestra madre la Iglesia sobre todo esto? ¿Qué papel tiene la música en la evangelización y la oración? ¿Qué música y de qué modo?.
Muchos cristianos nunca han sido conscientes de esto: la música es un precioso don de Dios. Otros no se han atrevido a abrir el regalo, examinarlo y ver para qué lo podían utilizar. Hay algunos que sí valoran este don, pero lo utilizan únicamente para su satisfacción personal... ¿Cómo descubrir el verdadero sentido que Dios quiere dar a la música en nuestra vida y en nuestra fe, tanto en el plano personal como en el comunitario?.
El Señor nos regala el don de la música y el canto como un precioso carisma de oración y evangelización, que construye la comunidad siendo cauce del Amor de Dios y de la alabanza de su Gloria. La música es un gran tesoro que el mismo Dios pone en nuestras manos y que se hace canal; canal maravilloso por donde corre su agua viva. El canto no es una evasión ni -por supuesto- una distracción. Y tampoco se puede reducir a un cuestión de gusto, técnica o talento natural. El canto nace del Espíritu, manifiesta la gloria de Dios y coopera en la salvación de los hombres.
Cantar en el Espíritu es cantar más con el corazón que con la voz. Es expresar el amor de Dios que "ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado" (Rom 5, 5). Es un canto nuevo que surge de hombres y mujeres nuevas, renovados y renovadas por el poder de la Sangre de Jesús, por el poder de su muerte y resurrección. Cantar y tocar para el Señor de este modo supone ser dóciles al Espíritu Santo, entregando a Dios todo el corazón, aceptando vivir y actuar en el Señorío de Cristo.
Cantar a Dios no es ofrecerle nuestro canto, sino ofrecerle nuestro corazón. En el canto Dios manifiesta su poder, y nosotros nos entregamos a El. El canto es así un signo, un puente, una señal de amor entre Dios y nosotros. Dios nos une a El, nos da su Espíritu de Amor, y en El podemos amarnos los unos a los otros. Cantamos desde lo profundo de nuestro ser. Desde ahí dentro, Dios -que habita en nosotros- se une a nuestro Espíritu. Cantamos en la presencia de Dios, ungidos por esta presencia.
Cuando se canta en el Espíritu, Dios se entrega en el canto. Dios actúa con poder, transformándonos; manifiesta su voluntad, su corrección, su ternura, su consuelo... su Gloria. La música es oración, ése es su sentido primordial: don maravilloso de nuestro Dios que primero construye el acueducto y, luego, hace correr por él -hasta los confines de la Tierra- su vida abundante.
Cantar con el corazón, ésta es la actitud fundamental para cantarle al Señor:
v Para San Agustín, "si queremos dar Gloria a Dios, necesitamos ser nosotros mismos lo que cantamos, no sea que nuestra vida tenga que atestiguar contra nuestra lengua. Sólo se puede cantar a Dios con el corazón cuando nos hemos rendido a Él, esto es, que hemos aceptado su plan de salvación y buscamos su voluntad, tomando en serio su Palabra, cuando lo amamos. Bien se dice que el cantar es propio del que ama; pues la voz del que canta no ha de ser otra que el fervor de Amor".
v Por eso, agrega San Juan Crisóstomo, "a Dios se le ha de cantar, más que con la voz, con el Espíritu resonando hacia adentro. Así cantamos no a los hombres sino a Dios, que puede oír nuestros corazones y penetrar en los silencios de nuestro espíritu". En expresión de San Jerónimo "el siervo de Cristo cante de tal forma que no se goce en la voz sino en las palabras que canta". Para ello, dice San Basilio, "que la mente conozca y comprenda el sentido de las palabras cantadas, para que cantes con la lengua y cantes también con tu espíritu".
v Y San Ambrosio de Milán entiende que "el canto de la comunidad cristiana es accesible para se entonado por todos, es la voz del pueblo, himno de todas las edades, de todos los sexos, de todas la clases y estados de vida. El canto que los cristiano elevan para expresar su fe en el Señor, todos han de comprenderlo, sentirlo e identificarse con El".
Así pensaban y sentían nuestros hermanos y hermanas de los siglos IV y V ... ¿ ¿ ¿ Y tú ? ? ?
Nos dice la Palabra : "cada uno, según el don que ha recibido, póngalo al servicio de los otros" (1Pe 4,10). Si has recibido el don del Señor para la música y el canto, es un talento que Dios te pide que pongas al servicio de tus hermanos y hermanas. El te pedirá cuentas de como los has usado. Si guardas su don, si lo entierras en lugar de hacerlo fructificar, sufrirás los reproches que el Señor dirige al siervo infiel. Y para utilizar correctamente este don que me ha sido confiado, no debo subestimarlo y sobrestimarlo, sino aceptarlo. Conocerlo, valorarlo y dejar que el Señor lo haga crecer. Acoger con humildad su don: "Que nadie se tenga por mas de lo que conviene, sino que cada uno se tenga por lo que se debe tener, conforme a la medida de la fe que Dios otorgó a cada uno" (Rom 12, 3).
"Quien ha aprendido a amar la Vida Nueva sabe cantar el cántico nuevo. De manera que el cántico nuevo nos hace pensar en la Vida Nueva. Hombre nuevo, cántico nuevo, testamento nuevo... todo pertenece al mismo y único Reino" (San Agustín).
El cristiano que busca sinceramente conocer el lugar que la música debe ocupar en su propia vida, tiene en la Palabra de Dios una norma general que se puede aplicar a cualquier ámbito de su existencia- "Hacedlo todo para la Gloria de Dios" (1ª Cor 10, 31) Quien haya aceptado a Jesús como su Señor y Salvador ya no es autónomo o autónoma para fijarse su propia ley, ya que ahora está "bajo la ley de Cristo Jesús" (1ª Cor 9, 21). Y Jesús buscaba siempre lo que era agradable a Dios y servía para darle mayor Gloria (Jn 7, 18 ; 8, 29 ; 8, 49 ; 17, 4).
"Porque ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo" (Rom. 14, 7). "Cristo murió para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para Aquel que murió y resucitó por ellos" (2ª Cor 5, 15) "para que en todo sea glorificado Dios por medio de Jesucristo" (1 Pe 4, 11). Si hemos nacido de nuevo, del agua y del Espíritu, desearemos hacer todas las cosas - también la música - para la Gloria de Dios. Todas mis cosas están bajo la mirada de mi Padre; soy su hijo y vivo en función a El. La música que aceptamos escuchar, la que componemos, la que cantamos o tocamos - solos o con otras personas - debe contribuir a glorificar a Dios.
Hacer algo para la Gloria de Dios significa que deseamos que El reciba todo el Honor y la Alabanza de nuestra acción y que sea mejor conocido, amado y servido. Por tanto, renunciamos a nuestra propia gloria personal. El mundo de la música como toda actividad artística, ha sido desviado hacia la glorificación de hombre. Una de las metas - reconocida o no - de los artistas es la de hacerse un nombre. Y Jesús dice, con respecto a esto: "mas, entre vosotros, no será así" (Mat 20, 26). En una oración común o en cualquier celebración litúrgica es inconcebible que músicos o cantores sean protagonistas. Por tanto, en el ejercicio de los carismas que el Señor nos ha regalado para el canto y la música, pongámonos al servicio de los demás "según el don recibido, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios" de manera que "todo el cuerpo se edifique en el amor" (Ef. 4,16)
Nos dice el CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA (1156) : "La tradición musical de la Iglesia universal constituye un tesoro de valor inestimable que sobresale entre las demás expresiones artísticas, principalmente porque el canto sagrado, unido a las palabras, constituye una parte necesaria o integral de la liturgia solemne" (SC112). La composición y el canto de salmos inspirados, con frecuencia acompañados de instrumentos musicales, estaban ya estrechamente ligados a las celebraciones litúrgicas de la Antigua Alianza. La Iglesia continúa y desarrolla esta tradición: "Recitad entre vosotros salmos, himnos y cánticos inspirados- cantad y salmodiad en vuestro corazón al Señor" (Efe 5, 19- cf Col 3, 16-17). "El que canta ora dos veces" (.S. Agustín, Sal. 72, l).
La vida espiritual se marchita si está dominada únicamente por la razón. La música ayuda a despertar y desarrollar en nosotros la vida de los sentimientos, a concretarlos y matizarlos. Además, nos hace participar en las emociones y sentimientos de los demás. Da a nuestra vida espiritual una nueva dimensión.
En la naturaleza, a nuestro alrededor, no todo es puramente funcional. Dios no sólo ha hecho cereales y frutas para alimentarnos; también ha creado las flores, los pájaros, los insectos, de innumerables formas y colores. Ha puesto en nosotros un sentido estético que nos permite apreciar estas maravillas. La música juega un papel en esta "nueva creatura", en este hombre nuevo que tiene como único modelo a Dios. Cuando J. Sebabstian Bach decía que su música era "para la gloria de Dios y el recreo del espíritu" no pensaba solamente en ese placer estético que experimentamos al oírla, sino – sobre todo- en la transformación que la música puede producir en nuestro interior.
Ya desde tiempos bíblicos la música ha sido utilizada para exaltar las pasiones perversas (Ex. 32, 6-17; 1ª Cor 10, 6-8) y para someter al hombre a la idolatría (Dn 3, 5-7- Am 6,5). Desde entonces, el poder sugestivo de la música ha sido reforzado considerablemente, llegando a hacer de ella un instrumento de manipulación psicológica de primer orden. Por eso, si el cristiano de hoy quiere alcanzar la plenitud de su hombre interior, debe escoger con discernimiento las músicas a las que se "expone".
La Iglesia debe pedir a Dios que le conceda dones musicales. Debe potenciar la formación de sus miembros en éste ámbito. Debe consagrar tiempo y dinero para que muchos hermanos y hermanas puedan prepararse y dedicarse a este servicio de oración, evangelización y unidad. Ha de quedar bien claro, sin embargo, que la música no tiene en sí misma Poder. La adoración en espíritu y verdad no tiene su fuente en los sentimientos que la música pueda suscitamos. La música, por sí misma, no puede acercamos a Dios. Sólo el Espíritu Santo tiene ese poder. Si nos servimos de la música como un instrumento de manipulación psicológica, los frutos que cosechemos estarán en relación con el instrumento utilizado. Serán muy aparentes, pero poco duraderos (Jn. 15, 16).
Dios es libre en sus dones, y en cada momento va dando cosas nuevas a su Iglesia, distintas de las de ayer. Sólo Él es capaz de inventar, de hacerlo todo nuevo. Dejémosle que, a través de nuestro servicio, actúe para la renovación de la Iglesia. Dejémosle a Él innovar, reavivar, unir. Nosotros, siervos inútiles somos; el canto y la música, simples instrumentos. Sólo Él es Señor y Dueño.
El mismo Dios que miró y escogió a María, te ha mirado a ti. Su fuerza se mostrará en tu impotencia (2ª Cor 12, 9). El quiere que seas, como María, música de Dios. Dile, como ella : ¡Heme aquí, Señor! . ¡Hágase vida en mí tu canto nuevo! . Entonces iré, y cantaré y tocaré tu Gloria a las naciones.

++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++ +++++++++++

“UN ARMA CARGADA DE ESPÍRITU SANTO”
está sacado de
“El Espíritu Santo en clave de sol”,
que puede descargarse gratuitamente en www.iespana.es/renovacioncarismatica/music.htm

++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++ +++++++++++

Responder citando mensaje
  #2  
Viejo 10/sep/05, 00:12
anonimo
Novato
 
Fecha de ingreso: 19/sep/05
Mensajes: 633.036
Predeterminado Re: Un arma cargada de Espíritu Santo

Responder citando mensaje
Respuesta