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Predeterminado Canto y Comunión

Canto y Comunión

Javier Rodríguez. Comunidade Caná


" Vivir la unidad, romper cadenas ;
esperando la luz de un nuevo amanecer
que iluminará a un nuevo pueblo"

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El canto del pueblo reunido es fundamental e insustituible. Es al pueblo a quien corresponde expresar su fe y responder a la Palabra anunciada con "himnos, salmos y cánticos inspirados" (Col 3, 16). El papel musical de animadores, cantores, instrumentistas, coro ... es importante; pero siempre como parte integrante de la asamblea que celebra y canta. "Nada más festivo y mas grato que una asamblea que, toda entera, expresa su fe por el canto. Por ello, se promoverá diligentemente la participación activa de todo el pueblo por medio del mismo" (Musicam Sacram 16). Esta participación exige la formación del pueblo para el canto. La Instrucción Musicam Sacram, en el nº 18, encarga a las asociaciones y movimientos de laicos que contribuyan a ella.

La Iglesia da la primacía a las celebraciones comunitarias y en ellas el canto unánime es una necesidad vital de la asamblea reunida. El canto es expresión de la comunidad, pues "pone de manifiesto de un modo pleno y perfecto la índole comunitaria del culto cristiano" (Ordenación General de la Liturgia de las Horas 270). "El misterio de la Sagrada Liturgia y su carácter comunitario se manifiestan mediante la unión de las voces que debe expresar un profunda unión de corazones" (Musicam Sacram 5). En el momento cumbre de la actividad eclesial -la Liturgia- el canto aparece para glorificar a Dios, pues, antes que nada, la primera tarea de los cristianos reunidos es la alabanza. El gozo y el entusiasmo que la música proporciona al culto son expresión de la riqueza vital de una comunidad.



La fe no es sólo un asunto personal. Somos comunidad y el canto es uno de los mejores signos de nuestro sentir común. Y ello sin perder nada de la profundidad personal de cada una/o. La educación individualista explica las reticencias que algunos/as sienten todavía por el canto, precisamente porque el cantar con otros nos hace salir de nosotros mismos y sumarnos a la celebración comunitaria. La Iglesia es una comunidad de sentimientos que, a través del canto común, se manifiesta en una única voz. Este sentir común es expresado y, a la vez, fortalecido por el canto de todo el pueblo.

Ya desde las primeras comunidades cristianas es todo el pueblo el que canta a una voz las aclamaciones de los salmos y de los himnos. El canto contribuye poderosamente a crear comunidad, uniendo e igualando a los miembros que cantan. Y las diferencias de edad, cultura, condición social, etc, quedan rebasadas. Lo explica S. Juan Crisóstomo : "Habla el profeta y todos respondemos, todos mezclamos nuestra voz a la suya. Aquí no hay esclavo, ni libre, ni rico, ni pobre, ni príncipe, ni súbdito. Lejos de nosotros estas desigualdades sociales, formamos un solo coro. Todos formamos parte igualmente en los santos cánticos, y la tierra imita al cielo. Tal es la nobleza de la Iglesia. . Y no se dirá que el dueño canta con seguridad y que el siervo tiene la boca cerrada; que el rico hace uso de su lengua y que el pobre no; que el hombre tiene derecho a cantar y la mujer debe permanecer en absoluto silencio. Investidos de un mismo honor, ofrecemos todos un común sacrificio, una común oblación .... una sola voz de distintas lenguas se eleva al Creador del universo" (Homilía 5, 2) .

Nadie debe quedarse sin cantar. El abstenerse del canto equivale a marginarse de la asamblea y romper su unidad. Al cantar, la voz de cada uno/a debe tender a formar un solo sonido coral con el resto de la asamblea. Si alguien posee una voz difícilmente armonizable con el coro común, ha de esforzarse por cantar moderadamente, sin molestar a la piedad de los demás; pero no callar. En este mismo sentido, el micrófono no debe ser protagonista. La mejor megafonía es la que menos se nota. A esta modestia se refiere el Misal Romano cuando dice: "El micrófono, por su dimensión y colocación, no ha de restar valor a los demás utensilios y símbolos litúrgicos". A veces se ve más el micro que el cáliz.

Este canto de todo el pueblo es signo de comunión. El cantar a una voz está reclamándonos la fraternidad y la unidad; del canto común el Espíritu hace brotar una poderosa fuerza de unión y reconciliación. "El canto rehace las amistades, reúne a los que estaban separados entre sí, convierte en amigos a los que estaban mutuamente enemistados. Pues, ¿quién es capaz de considerar todavía como enemigo a aquel con quien ha elevado una misma voz hacia Dios?. Por tanto, el canto de salmos y cánticos inspirados nos procura el mayor de los bienes: la caridad. El canto encuentra el vínculo para realizar la concordia y reúne al pueblo en la sinfonía de un mismo coro" (San Basilio).


Por la acción del Espíritu Santo, el canto nos hace sintonizar -primero- con nuestro yo más profundo. Luego entre nosotros, todos los participantes en la asamblea. Y así, constituidos en un único coro de hijos e hijas de Dios santificados/as, nos abrimos al misterio de la catolicidad de la Iglesia, sacramento universal de salvación y germen de unidad en el mundo. La comunión entre cristianos y cristianas de distintos movimientos, lenguas, culturas y confesiones ha de expresarse a través de signos comunes entre los que la música tiene especial importancia. El canto nuevo no estará completo hasta que los hombres y mujeres de toda raza, pueblo, edad y condición hayan unido a él sus voces.



Este trabajo está basado en la Sagrada Escritura y en las aportaciones que al tema han hecho los principales Documentos de la Iglesia, especialmente desde el Vaticano II. Destacamos en particular la Instrucción Musicam Sacram (1.967), la Ordenación General del Misal Romano (1.970), la Ordenación General de la Liturgia de las Horas (1.971) y la posterior Revisión del Misal Romano (1.988).
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